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Archivo diario: 2006/03/24

Un hombre viola a una anciana en China para «quitarse el dolor de cabeza»

Un campesino de 43 años fue arrestado tras intentar violar a una mujer de 75 para acabar con un persistente dolor de cabeza, remedio recomendado por un curandero, informó el diario «China Daily».

El campesino, de la localidad de Taishan (provincia meridional de Cantón), padecía desde hacía una semana dolor de cabeza, pero en lugar de acudir al médico, cuyos precios son prohibitivos para los residentes rurales, decidió visitar a un chamán.

Este le dijo que la única manera de curar el dolor de cabeza era manteniendo relaciones sexuales con una anciana.

Cuando regresaba a su domicilio, el campesino avistó a la septuagenaria, que estaba trabajando sola la tierra, y se abalanzó sobre ella. En ese momento un vecino pasó por el lugar y el presunto violador frustrado huyó.

La anciana denunció la agresión a la policía, que se aprestó a detener al campesino.

Fuente: 20minutos.es

Bajo licencia Creative Commons

Primer dí­a de «alto el fuego»

Lo mataron sus hermanos de una paliza, para sacarle el demonio

Rafael Cuéllar murió en la población de Natagaima (Tolima) a 300 kilómetros de Bogotá (Colombia). Sus hermanos le golpearan con palos porque supuestamente  estaba poseído.

Ismael Cuéllar, hermano de la víctima, quien pertenece a una iglesia evangélica, expresó que «yo le vi en la cabeza al demonio».

El coronel Gilberto Ramírez, jefe de la Policía de Tolima, declaró que aunque varios agentes acudieron ante llamadas de los vecinos, «evidentemente, esta persona ya había fallecido como consecuencia de los golpes causados a través de un elemento contundente».

No sin razón, algunos analistas internacionales piensan ahora en el filósofo alemán Carlos Marx, autor en el siglo XIX de obras como «El capital» y junto con Friedrich Engels el «Manifiesto del Partido Comunista», quien dejó para la Historia una de sus famosas frases: «La religión es el opio del pueblo»

Tregua de la organización terrorista ETA y el PP

Ejemplo sobre la represión, las normas y el crimen.

Texto encontrado en un libro sobre introducción a la Criminología

Un grupo de cuatro náufragos recala en una isla desierta, en la que salvo por un poco de agua en un arroyo casi seco no hay nada que comer o beber. Tras varios días sin llevarse nada a la boca y ya casi al borde de la muerte por inanición, entre los restos del naufragio aparece un paquete con cuatro latas de atún en conserva que apenas contienen alimentos para ese dí­a.

Para poder sobrevivir unos dí­as más, esperando que algún barco los aviste y venga a rescatarlos, uno de los náufragos propone comerse ese día sólo dos latas, dividiéndolas en cuatro raciones exactamente iguales, y hacer lo mismo con cada una de las dos latas restantes los dí­as siguientes. Otro náufrago quiere que le den su lata para consumir su contenido cómo y cuando mejor la parezca. Un tercero dice que él es el único que tiene un abrelatas y que los demás tienen que darle, si quiere que se lo presente, una parte de la ración que les corresponda. El cuarto náufrago alega ser el más antiguo y de más alta graduación y que, por tanto, le corresponde la mitad de las latas, dejando las otras dos para que los demás se las repartan como quieran.

Surge una discusión entre ellos y en el transcurso de la misma el primer náufrago saca una pistola y amenaza a sus otros tres compañeros con matarlos y quedarse él con todas las latas, si no aceptan su propuesta. A la vista de lo cual los compañeros, con mala gana, se pliegan a sus exigencias, quedando el de la pistola encargado de aguantar las latas y de hacer el reparto por él propuesto. Así consiguen sobrevivir todos un dí­a más. Pero al segundo dí­a del acuerdo muere el náufrago que era el oficial más antiguo y también el de más edad y débil constitución. El tercer dí­a muere de un disparo el náufrago que tení­a el abrelatas, al ser sorprendido por su compañero intentando apoderarse de la última lata que le quedaba. El cuarto dí­a muere el náufrago que tení­a la pistola. Y al quinto dí­a aparece un barco, rescatando al único náufrago que queda con vida, que habí­a conseguido esconder entre sus ropas, sin que los compañeros se dieran cuenta, una quinta lata, que le permitía sobrevivir hasta la llegada del barco.

Fuente: El Forastero
Licencia Creative Commons

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