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El mito de los mensajes ocultos


Photo credit: PetroleumJelliffe via Visual Hunt / CC BY-ND

Algunas personas piensan que en distintos soportes existe información que no se nota en un primer vistazo y que debe ser descubierta e interpretada. Los mensajes ocultos pueden estar en las iniciales de un anuncio por palabras en un periódico, en una fotografía de un famoso que incluye a un segundo personaje significativo medio oculto en la sombra, en el logo de una marca o en un anuncio televisivo, entre muchas otras opciones. En 1978, cuando Els Joglars estaban sometidos a un consejo de guerra por el espectáculo teatral de La Torna y yo era un chaval que devoraba cómics, recuerdo mi sorpresa y orgullo cuando en las sucesivas viñetas de una tira cómica leí en las esquinas Do-Ce-Ki-Los-Ha-Per-Di-Do-Bo-A-De-Lla. Alguien había conseguido engañar a los censores del posfranquismo y pasar este mensaje escondido.

Pareidolia viene de dos términos griegos (para, ????, que significa al lado, más allá, en vez de, equivocado) y eidolon, ???????, que es el diminutivo de eidos y significa imagen, forma. La pareidolia se define como un fenómeno psicológico en el que la mente percibe un patrón, un mensaje escondido, a menudo un rostro, en un estímulo donde realmente no está. Ejemplos conocidos son el hombre de la Luna, una supuesta cara fotografiada en Marte por la sonda Viking I o una imagen de la Virgen María en una tostada de pan carbonizada. No es un ejemplo aislado. Un artículo en Buzzfeed recogía los casos de 22 personas que habían encontrado imágenes de Jesucristo en soportes alimenticios tan variados como una patata frita, un cheeto, una barrita de pescado, la piel de un plátano o una pizza. Uno de estos afortunados, Donna Lee, encontró a Jesús en un pierogi, un tipo de pasta rellena típico de la cocina polaca, y lo vendió en eBay por 1.775 dólares, algo que sí podría considerarse como una verdadera bendición.

La pareidolia se produce cuando un estímulo externo, una imagen o un sonido normalmente, genera la percepción de una entidad que no existe, que no es real, lo que implica un emparejamiento erróneo entre una información sensorial y una representación cerebral. Es, por tanto, un tema interesante para entender cómo el sistema nervioso integra las llegadas de información, cómo las modula y cómo las dota, con acierto o sin acierto, de significado. El ejemplo más conocido es la pareidolia de rostros que sugiere que nuestro sistema visual está particularmente especializado en percibir caras, muy probablemente por la alta importancia social que tiene para nuestra vida social identificar a conocidos y desconocidos, a miembros de la tribu y a enemigos, pero hay también pareidolia de sonidos, como cuando alguien «encuentra» los mensajes satánicos anteriormente mencionados. Lógicamente, siempre que asumamos que bastante ocupado tiene que estar Satán en el mundo moderno para preocuparse de esas cosas. La pareidolia es también la base de pruebas usadas por algunos psicólogos como el test de manchas de Rorschach.

Artículo completo en: UniDiversidad

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