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La no validez de la prueba del polígrafo

Hace unos días en una sesión ridícula de la Cámara de Diputados en San Lázaro (México) los protagonistas de la discusión, César Nava del PAN y Beatriz Paredes del PRI, después de un intercambio de revires, se declararon dispuestos a someterse al polígrafo «para ver cuál de los dos miente» respecto a alianzas interpartidarias que muchos consideran vergonzosas.

Al otro día, el gobernador Peña Nieto, embarrado también en la discusión, aceptó someterse al polígrafo.

Para redondear el dislate, en los medios donde se daba cuenta de la noticia, los autores de las notas usaban como sinónimo de polígrafo la frase «detector de mentiras».

Busqué en mi escepticoteca y en la Skeptical Inquirer de Enero-Febrero de 2005 me encontré un artículo mentado: Explorando las controversias en el arte y ciencia de la prueba del polígrafo, de un dr en psicología John Ruscio, quien entre otros cursos en The College of New Jersey imparte actualmente uno que se llama Ciencia y pseudociencia en Psicología Clínica y es el autor de este libro (que me latería leer). También de ahí es el dibujo que ilustra esta bosta.

De la lectura de ese artículo concluyo que César Nava, Beatriz Paredes, Enrique Peña Nieto y cualquiera que considere al polígrafo como detector de mentiras le profesan una fe absurda al aparato.

Lo que más me llamó la atención en ese artículo son varias cosas.

1. En un reportaje de 60 Minutos (el original no la franquicia que echó a perder Jaime Maussan) tres compañías distintas dedicadas a hacer pruebas de polígrafo se convocaron independientemente con la intención de encontrar al culpable de un robo de material fotográfico en una revista que hacía reseñas sobre cámaras y lentes donde trabajaban 4 empleados. A cada examinador se le dijo antes de la prueba que el material había sido robado por x persona, haciendo un énfasis muy vago sobre un empleado distinto en cada ocasión. Todos los examinadores, después de la prueba del polígrafo, concluyeron que el empleado señalado era el culpable y el resto inocente, es decir todos señalaron a un culpable distinto. Los examinadores también fallaron en detectar la verdad, consistente en que no había material robado para empezar.

2. No existe, repito no existe, ningún estudio concluyente sobre métricas únicas que relacionen respuestas fisiológicas a índices de engaño o mentira.

3. En la mayoría de los estados gringos, la prueba del polígrafo no se acepta como evidencia en casos del ámbito civil ni penal, sin embargo muchos individuos, muy tarugos, estipulan tratos donde sí aceptan esas pruebas. Es el equivalente a que los litigantes se pongan de acuerdo echando una moneda al aire.

4. En el transcurso de una hora, usando el método de prueba poligráfica de preguntas de control (en vez de uno más difícil de establecer pero quizá más confiable llamado prueba del conocimiento del culpable) a unos estudiantes se les entrenó en contramedidas para pasar la prueba. Nomás en una hora.

Con esta información ¿hay todavía quien considere en serio que una prueba de polígrafo aplicada a un político revele alguna verdad oculta?

Fuente:  libre pensar

Bajo licencia Creative Commons

___________________

Enlaces relacionados:

–  Grafología y recursos humanos, pseudociencia del poligrafo

La máquina de la ¿verdad?

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