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pena de muerte

Contra la pena de muerte a menores

Irán (antigua Persia) es un país cuyo gobierno todavía condena a muerte a menores de edad. En Irán, hay más de 140 personas en el corredor de la muerte que eran menores de edad en la fecha del delito. Una tragedia que, por desgracia, también se da en otros países como Sudán, Yemen y Arabia Saudí.

Además de condenar a niños al más cruel de los castigos, los gobiernos de Irán y Arabia Saudí fueron responsables, junto con los de China, Pakistán y Estados Unidos, del 93 por ciento de todas las ejecuciones en el mundo en 2008.

Amnistía Internacional busca firmas para denunciar esta atrocidad.

Firma ahora la petición contra la pena de muerte y deja tu mensaje personal en la pared de la embajada de Irán.

Fuente:  Amnistía Internacional

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EL GRAN DILEMA: PENA DE MUERTE O PRISIÓN PERPETUA O PENAS MÁXIMAS Marisol Collazos Soto

La web de Maco048. Noticias: pena de muerte

Permios Darwin: sentencia de muerte cumplida

No cabe duda de que a veces el destino nos persigue, no importa lo que hagamos.

Michael Anderson Godwin era un asesino que estaba destinado a morir electrocutado en la silla eléctrica. Sin embargo, sus abogados consiguieron que la pena le fuera conmutada por cadena perpetua.

Un día, el reo estaba sentado en el baño de metal de su celda tratando de arreglar el televisor, que aún estaba conectado a la corriente eléctrica y mordió uno de los cables, electrocutándose a sí mismo y cumpliendo, sin querer, la sentencia original.

Premio Darwin: Concedido

Fuente: Tecnoculto

Bajo licencia Creative Commons

Los criminólogos no creen en la pena de muerte

Un 88% de los criminólogos de Estados Unidos rechaza la pena de muerte porque no creen que su aplicación sirva para reducir el número de asesinatos, asegura un estudio divulgado por la revista Journal of Criminal Law and Criminology.

La investigación se da a conocer en unos momentos en que varios de los 35 Estados donde todavía se aplica la pena de muerte estudian la posibilidad de derogarla.

Según Michael Radelet, del Departamento de Sociología de la Universidad de Colorado y autor del estudio, casi todos los criminólogos de EE.UU. creen que la derogación de la pena de muerte no incidiría en el nivel de criminalidad, ya sea a favor o en contra.

Sin embargo, ha admitido que existe una creciente tendencia hacia su abolición tanto por la percepción actual sobre el castigo como por el coste de las ejecuciones, la posible injusticia en su aplicación y el hecho de que no es consuelo para los familiares de las víctimas. El alto coste se deriva de la complejidad de proceso, que alarga los trámites durante años.

Grupos de defensa de los derechos humanos consideran que el castigo es una barbarie y realizan manifestaciones de protesta frente a los penales donde se aplica la pena de muerte, especialmente en Texas, un Estado que ha ejecutado a más de una tercera parte de todos los condenados en el país.

A ese ambiente de protesta contribuyen las denuncias de que se aplica de forma racista en mayor medida a criminales negros o hispanos a quienes no se les presta ayuda legal competente especialmente en los Estados del Sur.

Justificaciones del castigo

El restablecimiento de la pena de muerte en el país ocurrió en un momento en que más del 80% de la población era partidaria del castigo, porque se creía que reduciría los homicidios.

«La base del apoyo era la disuasión. Se pensaba que mientras existiera la pena de muerte habría quienes no se atreverían a cometer un crimen», ha señalado Radelet en una entrevista telefónica con EFE. «Ahora, la idea es retribución, que el condenado sufra tanto como sus víctimas», ha agregado.

Según el sociólogo, el creciente ambiente contrario a la pena de muerte se ve alimentado por el hecho de que en este país más de un 40% de los asesinatos no se resuelven nunca.

«El dinero que se gasta en la aplicación de la pena de muerte tendría que asignarse a la búsqueda y castigo de los criminales», ha indicado. Para ellos debería aplicarse la condena a cadena perpetua sin posibilidad de recibir la libertad bajo palabra, una condena que se aplica cada vez más en el país.

Aun cuando la mayoría de los estadounidenses (alrededor de un 60%) continúa respaldando la aplicación de la pena de muerte, es «inevitable» que se derogue. «No será en los próximos años, pero sí en las próximas décadas», ha pronosticado.

El pasado mes de marzo, el gobernador del estado de Nuevo México, Bill Richardson, prohibió las ejecuciones porque, según dijo, no quería vivir con la duda de que el castigo pudiera recaer sobre un inocente.

Hace sólo una semana, el Fiscal General de California, John Van de Kamp, planteó la derogación de la pena de muerte, porque, con ello, el Estado ahorraría mil millones de dólares en cinco años a un Estado al borde de la bancarrota.

El castigo fue restablecido por el Tribunal Supremo en 1976 y, desde entonces, han sido ejecutados 1.168 asesinos, según cifras del Centro de Información sobre la Pena de Muerte

Fuente: rtve.es

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Origen del rechazo a la pena de muerte

El gran dilema: Pena de muerte o prisión perpetua o penas máximas
La sangre acusadora y otros mitos criminológicos

Origen del rechazo a la pena de muerte

En la web Panorama Cajamarquino, el Abogado Aldo Castañeda Becerra, describe el origen histórico del rechazo a la pena de muerte.  Seguidamente se copia la información de interés:

Desde la Ilustración se comienza a configurar una forma de ver a las cosas en el mundo, esta “nueva” visión del mundo se concretiza en el Renacimiento. Se empieza a volver a las fuentes Clásicas y surgen en Italia los Umanistas. Surge también la idea de destacar la “dignidad del hombre”, por ese motivo se empieza a cuestionar el poder de las monarquías y los abusos cometidos por los poderosos son rechazados con firmeza; mas, para que esta idea se arraigue, fue necesario un factor importante la liberté. El humanismo se consolida políticamente con la Revolución Francesa y el surguimiento de una nueva concepción de gobierno: la República. Desde esa época se empieza a configurar el pensamiento jurídico actual que domina a casi toda América.
Gracias a la libertad, la idea de la “dignidad del hombre” se convertirá en el principio que oriente a todas las demás decisiones, encontrándose las legislativas entre éstas. Hoy podemos hablar por eso del principio de humanidad de las penas, y podemos creer que cual Valjean de Víctor Hugo, todos los hombres pueden rehabilitarse y reincorporarse a la sociedad, y que el delincuente por ser hombre, también es digno y por ese hecho, bajo ningún motivo debe ser tratado del mismo modo en que él trató a su víctima (se presenta acá un cierto tufillo de superioridad y de cristianismo). De ahí que nuestras penas y el sistema penitenciario, deban estar destinados a cuidarlo, para evitar que su dignidad sea mancillada impunemente por el Estado. Claro, para comprender los rechazos hacia el poder del Estado, habría que recordar las diversas formas por las que pasó éste hasta convertirse en el actual.


Resumiendo diríamos que en rechazo a los abusos de los tiranos que detentaban el poder, la idea de dignidad del hombre y la libertad como presupuesto para poder lograr un cambio fue lo que condujo al pueblo a lograr, en un primer momento, el llamado Estado de Derecho, hoy convertido en un Estado Constitucional de Derecho. Las nuevas leyes surgieron como mecanismo para impedir que los poderosos siguieran abusando de los débiles, no deberían haber más injusticias como las que padeció Valjean, se redacta para ese fin la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Los gobernantes ya no podrían seguir cometiendo impunemente sus atrocidades y todo el derecho buscará que la persona acusada de un delito no sea más la víctima del poder Estatal, sino que sea tratada con “dignidad”. Se empieza a creer no sólo en la inocencia de la persona, sino que fundamentalmente en que los funcionarios del Estado son abusivos, para frenar sus actos se creó el toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Fuente: panoramacajamarquino.com

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El gran dilema de la pena de muerte

La pena de muerte no refleja la idea de justicia, sino la de venganza

En torno a la pena de muerte (Carlos Chorda, El Escéptico Digital))

La pena de muerte no refleja la idea de justicia, sino la de venganza

Pedro Oliver Olmo es profesor de Historia en la Facultad de Letras de Ciudad Real y ha presentado hace poco su nuevo estudio, La pena de muerte en España.

El diario digital miciudadreal.es publica una entrevista, de la que se citan algunos fragmentos:
— Supongo que el Franquismo tendrá un protagonismo especial en esta historia oscura de la pena de muerte, pero ¿qué otros episodios negativos hay?
— Lo peor de todo es comprobar que España llevaba un camino parecido al resto de países, es decir, dentro de un proceso de civilización penal, y que en 1936 sufrió una auténtica ruptura civilizatoria, cuando la pena de muerte se convirtió en una arma de guerra y de exterminio del contrario. Con todo, aún fue peor comprobar que los vencedores de la Guerra Civil continuaron utilizando la pena de muerte de manera abultadísima, ejecutando a unos 50.000 españoles, sobre todo entre 1939 y 1943.

— A la hora de aplicar la pena de muerte, ¿había motivos más allá de los políticos? ¿Religiosos, por ejemplo?
— La pena de muerte, excepto durante la guerra civil y el franquismo, que sí se hace mayoritariamente por motivos políticos, solía dictarse para castigar asesinatos alevosos, parricidios premeditados, dobles homicidios, etc.

— ¿Qué cara debemos poner los ciudadanos con lo que refleja este libro?
— Cara de esperanza: la información histórica sirve para que veamos el valor del abolicionismo de cara al futuro.

— ¿Y los gobernantes? ¿Debería agachar la cabeza más de uno?
— Gobernantes no exactamente, pero sí políticos que ya lo eran en el Franquismo, sobre todo Fraga, porque estuvo en los consejos de ministros que dieron el visto bueno de la pena de muerte dictada contra algunos opositores políticos, por ejemplo, la ejecución en 1963 del dirigente del PCE Julián Grimau, un auténtico asesinato de Estado.

— La pena de muerte sigue instaurada en varios países. ¿Vamos para alante o para atrás?
— En lo que se refiere a la pena de muerte creo que vamos avanzando hacia el abolicionismo, pero me temo que estamos entrando en una era un tanto oscura de la política penal, un período en el que van a implementarse las políticas excepcionales, o sea, las que pasan por alto el garantismo penal y optan por medidas de emergencia, para hacer frente a la alarma social causada por crímenes especialmente aberrantes, lo que se traduce en peticiones (y cuasi-concesiones) de cadenas perpetuas, más castigo, más control y menos garantías, menos políticas de reinserción. En definitiva, estamos en una época regresiva.

— ¿De qué es reflejo que una sociedad acepte la pena de muerte?
— De que no prima la idea de justicia, sino la de venganza. Estoy seguro de que en esos países, además, las prisiones son auténticos espacios de violencia institucional.

— Usted es profesor de Historia contemporánea y a diario tienes contacto con los alumnos. Seguro que ha hablado con ellos alguna vez de la pena de muerte. ¿Se ha llevado algún susto a la hora de oírles opinar?
— No me asusté cuando varios días después del 11-M hice una encuesta entre ellos y la mayoría dijo que apoyaría la pena de muerte contra los terroristas. Sabía que iba a pasar. El apoyo a la pena de muerte expresa lo peor que llevamos dentro, y el terrorismo tiene esa capacidad: nos hace sacar lo peor de nosotros.Pero, en general, los alumnos no apoyan la pena de muerte en ningún supuesto.

Entrevista completa en: miciudadreal.es

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