Los fallos del estudio sobre las galletas Oreo y la adicción

Toca Comer. Los fallos del estudio sobre las galletas Oreo y la adicción. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

 

Un estudio dado a conocer la semana pasada indicaba que las galletas Oreo eran tan adictivas como la cocaína. ¿Se trata de una investigación cierta o de una exageración científica reprochable?

Una noticia sobre la peligrosidad de las galletas Oreo nos sorprendía hace cuatro días: un estudio realizado por la Universidad de Connecticut revelaba que eran más adictivas que drogas como la cocaína.

El eco en los medios de comunicación no se hizo esperar. Algunos diarios tan importantes como El País o revistas de divulgación como Muy Interesante, dejaban que la nota de prensa oficial de la universidad norteamericana les colara un gol por la escuadra.

Y es que precisamente, el fallo garrafal de la nota emitida por la oficina de prensa de Connecticut favorecía la difusión de un titular totalmente alarmante, y no exento de errores. Una situación parecida a la que ocurrió con los famosos minicerebros in vitro, donde el titular se convierte en titulárido y la información en mera exageración.

Los fallos del estudio sobre las galletas Oreo

Por un lado, los resultados presentados aún son preliminares y no han sido revisados científicamente. Aunque el trabajo de investigación sobre las galletas Oreo será dado a conocer en un congreso internacional sobre neurociencia en noviembre, lo cierto es que ante este tipo de notas de prensa deberíamos mantener cierto escepticismo.Los resultados difundidos no han sido evaluados nunca científicamente

Pero aún hay más. Como bien explica Dana Smith en su post hoy en The Guardian sobre la investigación de las galletas Oreo, los medios han recogido un titular totalmente falso.

Y es que esta neurocientífica de la Universidad de Cambridge rebate la información publicada aludiendo a la hipótesis central de Joseph Schroeder: la adicción a las galletas Oreo no se comparó con el hábito de consumir cocaína en ratas.

Su investigación se basó en analizar el comportamiento de los roedores bajo un test de preferencia condicionada, un examen muy habitual realizado en los estudios de neurociencia. Y es que estas pruebas, según la neurocientífica, son muy interesantes para la neurobiología:

“Este análisis sirvió para demostrar la asociación entre un estímulo y el ambiente donde lo podrías experimentar, con la idea de que cuanto más placentero sea, mayor número de veces querrás repetirlo, y por lo tanto, más tiempo estarás en el lugar donde recibiste ese primer estímulo.”

Sin embargo, la comparación en el primer grupo de ratas, explica Smith, fue entre tortas de arroz y galletas Oreo. En el segundo estudio, sin embargo, no se analizó la preferencia de los roedores entre las galletas Oreo frente a la cocaína.

Nunca se comparó la adicción a la cocaína con la preferencia por las galletas OreoPor extraño que parezca, los científicossolo compararon si a las ratas les apetecía más un “chute” de suero salino o una inyección de cocaína o morfina. Naturalmente, los roedores se situaron en la zona donde estaban siendo estimulados con la droga.

Y aquí es donde viene la confusión. Como el número de veces en que las ratas prefirieron las galletas Oreo frente a las tortas de arroz fue el mismo que el obtenido en la comparación de cocaína o morfina con suero salino, los científicos extrapolaron un dato completamente erróneo: la adicción a las galletas Oreo era igual que a la cocaína.

Y aunque sus análisis sobre los test de comportamiento y los resultados de la actividad química en los cerebros de las ratas, sí que sugerían que existía una relación similar entre la adicción a drogas y a la comida con alto contenido en grasas o azúcares, no es lógico que se “venda” un trabajo científico con esas conclusiones.

Por poca estadística que sepamos, el hecho de que los investigadores no compararan la adicción a las galletas Oreo con el consumo de drogas determina que estamos, en cierta manera, ante un fraude científico. Esto ocurre por publicitar estudios que no han sido evaluados científicamente, como comentábamos antes.El ejemplo de Connecticut es un claro caso de fraude científico

La difusión de esta noticia debería, sin lugar a dudas, hacernos reflexionar sobre la conveniencia de dar a conocer este tipo de trabajos. Y además, tendríamos que pensar más de una vez y de dos si los tituláridos que encontramos en la prensa son realmente ciertos o no.

Por último, y como nota irónica, la próxima vez que comamos galletas Oreo, no deberíamos preocuparnos demasiado por sufrir una posible adicción a ellas. Al menos que solo podamos elegir entre este producto y tortas de arroz, y seamos unas pequeñas ratas de laboratorio.

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