Las teorías de Cesare Lombroso, considerado uno de los padres de la criminología positivista en el siglo XIX, han sido ampliamente cuestionadas y desmentidas por la ciencia contemporánea. Entre sus afirmaciones más polémicas se encuentra la relación que estableció entre la delincuencia femenina y la menstruación, sosteniendo que los cambios hormonales y fisiológicos en las mujeres las harían más propensas a actuar de manera criminal en ciertas fases de su ciclo menstrual.
Desde una perspectiva crítica, es fundamental señalar que las ideas de Lombroso reflejan prejuicios sexistas y un profundo desconocimiento tanto de la fisiología femenina como de los factores sociales que influyen en la conducta delictiva. Su concepción se fundamenta en una visión biologicista reduccionista, que atribuye comportamientos complejos a causas puramente biológicas, ignorando variables psicológicas, culturales y estructurales.
Numerosas investigaciones actuales han desmontado la supuesta conexión directa entre ciclo menstrual y criminalidad. Los enfoques modernos en criminología y psicología han demostrado que la conducta delictiva responde a una multiplicidad de factores —como la marginalidad, la educación, el contexto familiar o las desigualdades de género—, y no puede reducirse a cuestiones biológicas ni hormonales simplistas.
Atribuir la criminalidad femenina a la menstruación perpetúa estigmatizaciones sexistas y justifica el control social sobre el cuerpo de las mujeres. Además, refuerza estereotipos sin base científica y subestima la capacidad de agencia y racionalidad de las mujeres.
En conclusión, las afirmaciones de Lombroso no solo carecen de respaldo empírico, sino que han sido superadas por una visión más integral, crítica y respetuosa de la complejidad del fenómeno criminal y de la diversidad de experiencias femeninas.
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