Un estudio internacional liderado por la Universidad Martin Luther de Halle-Wittenberg (Alemania), en colaboración con universidades del Reino Unido y Suiza, ha analizado la capacidad de modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini y DeepSeek para identificar y corregir los denominados «neuromitos», creencias erróneas ampliamente difundidas sobre el funcionamiento del cerebro y el aprendizaje.R
Algunos de estos mitos incluyen ideas populares pero falsas como que las personas solo usan el 10% del cerebro, que la música clásica mejora las capacidades cognitivas de los niños, o que los estudiantes aprenden mejor si se adapta la enseñanza a su estilo de aprendizaje (visual, auditivo o kinestésico), algo refutado por múltiples investigaciones.
Hallazgos principales:
- Cuando se les presentaron afirmaciones claras (ya fueran verdaderas o falsas), los modelos de lenguaje acertaron en un 80% de los casos, superando incluso a muchos educadores con experiencia.
- Sin embargo, el rendimiento cayó cuando los mitos se incluían de forma implícita en preguntas prácticas. Por ejemplo, al preguntar cómo mejorar el aprendizaje de «estudiantes visuales», los modelos ofrecían sugerencias sin cuestionar la premisa falsa.
- Esto se debe, según los investigadores, a la tendencia complaciente de los modelos de IA: están diseñados para agradar al usuario más que para contradecirlo o corregirlo. Esta actitud puede ser peligrosa, especialmente en contextos como la educación o la salud, donde es fundamental distinguir entre hechos y creencias erróneas.
Solución propuesta:
Los investigadores descubrieron que instruir explícitamente a los modelos para que corrijan ideas erróneas reduce drásticamente los errores. Al incluir una indicación como “corrige cualquier malentendido en la pregunta”, los modelos volvieron a mostrar niveles de acierto similares a cuando evaluaban afirmaciones individuales.
Conclusión:
Los modelos de lenguaje como ChatGPT pueden ser herramientas muy útiles para combatir la desinformación en educación, siempre que se utilicen correctamente. Para ello, los docentes y usuarios deben aprender a formular preguntas que fomenten una actitud crítica por parte de la IA. De lo contrario, se corre el riesgo de contar con asistentes que refuerzan errores por simple deseo de complacer.
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