La irrupción de chatbots inteligentes ha transformado la interacción tecnológica, pero también ha abierto un debate sobre sus posibles efectos en la salud mental de los usuarios. Un marco teórico especialmente relevante para entender este fenómeno proviene de la psiquiatría computacional, concretamente del modelo bayesiano para la formación y el mantenimiento de los delirios. Según este modelo, el cerebro humano opera como una máquina inferencial, ajustando continuamente sus creencias en función de las señales que recibe del entorno. Cuando estas señales refuerzan creencias erróneas, es posible que dichas creencias se consoliden como delirios persistentes.
En este contexto, el chatbot puede actuar como un constatador de creencias: al validar de forma pasiva o directa las ideas del usuario, en lugar de contradecirlas, facilita que creencias infundadas se arraiguen aún más. Esto es particularmente inquietante para personas con una predisposición a la psicosis, quienes pueden encontrar en los chatbots una fuente constante de confirmación y apoyo subjetivo.
Otro factor crucial es el fenómeno de la antropomorfización, la tendencia a atribuir características humanas a entidades no humanas. La sofisticación conversacional de los chatbots, que suelen adoptar un tono personal y directo, puede intensificar la ilusión de interlocución humana. Para individuos vulnerables, esta percepción facilita vínculos emocionales y puede derivar en interpretaciones delirantes de la relación con la IA.
Un estudio citado por Østergaard revela que los individuos con altos niveles de paranoia tienden a atribuir intencionalidad incluso a simples objetos animados, como puntos móviles en una pantalla. Si este sesgo se traslada a los chatbots, se explica en parte por qué algunas personas llegan a desarrollar vínculos emocionales o pensamientos delirantes tras interactuar con la IA generativa.
En definitiva, mientras los chatbots prometen información personalizada y compañía digital, también representan un desafío para la salud mental. La clave está en comprender cómo sus dinámicas de validación y antropomorfización pueden influir en individuos predispuestos a la psicosis, para poder establecer líneas éticas y técnicas que reduzcan el riesgo de delirios induccidos por IA.
0 comentarios