El psicólogo Arthur Jensen acuñó un concepto tan incómodo como revelador: la “zona de tolerancia”, ese rango de aproximadamente ±20 puntos de CI (coeficiente intelectual) dentro del cual las interacciones humanas resultan fluidas y significativas. Fuera de ese margen, las conexiones empiezan a romperse: el humor deja de funcionar, las sutilezas se pierden y cada parte percibe a la otra como “demasiado lenta” o “demasiado rápida”.

Si llevamos esta idea al mundo laboral, el efecto es claro. Estudios muestran que los mandos intermedios suelen moverse en un CI de 104 a 111. Ese es el ancho de banda operativo. Si estás en 125, 130 o más, generalmente quedas fuera de esa calibración social. Las consecuencias son previsibles: tus ideas se malinterpretan, tu lenguaje se ve como excesivamente técnico o poco práctico, y acabas siendo percibido como arrogante o desconectado.

En muchos casos, las personas más inteligentes no ascienden en la jerarquía corporativa, no por falta de capacidad, sino porque el sistema no sabe “procesarlas”. El resultado: organizaciones menos innovadoras y menos flexibles de lo que podrían ser.

Este ancho de banda no solo rige en la empresa. En política y medios de comunicación opera la misma ley. El mensaje populista, a izquierda o derecha, busca conectar con un CI medio de 100. Si lo que dices exige varios niveles de inferencia, una parte sustancial del público se pierde. Por eso, comunicadores hábiles optan por simplificar hasta el extremo… o aceptar el aislamiento intelectual.

En este escenario, las voces más lúcidas acaban relegadas a círculos cerrados, donde hablan entre ellas pero no logran llegar al gran público. Si queremos que esas ideas transformen el mundo, hacen falta traductores: personas que, moviéndose cómodamente dentro del ancho de banda mayoritario, puedan transportar conceptos complejos hacia arriba o hacia abajo sin traicionarlos.

Porque sin esos puentes humanos, las mejores propuestas acaban atrapadas en una cámara anecoica… donde nadie escucha.



admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.

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