La creencia de que “limpiar el monte” previene los incendios forestales persiste en el imaginario social y reivindicaciones populares, pero la evidencia científica la desmiente y advierte sobre sus riesgos. Eliminar toda la vegetación baja y reducir el bosque a poca cobertura puede, de hecho, facilitar la propagación del fuego y disminuir la resiliencia del sistema natural.
Los estudios muestran que los montes con vegetación bien estratificada —donde coexisten árboles, arbustos y herbáceas formando capas— actúan como barreras naturales ante los incendios. Esta estructura vegetal compleja dificulta que las llamas viajen rápidamente, ya que los distintos estratos frenan y fragmentan el avance del fuego. El efecto es aún más relevante si el paisaje está en mosaico: es decir, compuesto por parches de diversa vegetación y claros naturales. Estos espacios abiertos funcionan como cortafuegos, limitando la extensión del incendio y permitiendo una recuperación más rápida del ecosistema.
Por el contrario, limpiar de forma indiscriminada puede favorecer la aparición de pastos invasores de crecimiento rápido y un terreno homogéneo, altamente inflamable y vulnerable. La biodiversidad y el mosaico de la vegetación autóctona no solo protegen contra el fuego, sino que potencian la resistencia y la recuperación de los montes tras los incendios. Así, la buena gestión forestal implica crear paisajes diversificados y respetar las dinámicas naturales, no eliminar la vegetación por completo.
La ciencia desmonta el mito: bosques en mosaico y estratificados son la mejor defensa frente al fuego.
0 comentarios