Antonio Garamendi, presidente de la patronal española, ha demostrado que, además de dirigir la CEOE, también se atreve con la fisiología del deporte… aunque con el mismo rigor con el que uno comenta un partido de tenis desde el sofá con una cerveza en la mano. Su afirmación de que Carlos Alcaraz “trabaja” como si tuviera una jornada laboral de 40 horas es tan pintoresca como creer que Nadal ganó Roland Garros echando horas extra como un funcionario con oposiciones.
¿Entrenar o fichar en la oficina?
La obsesión de cierta patronal con medir el rendimiento en horas cronómetro en mano es tan anticuada como una máquina de fichar con tarjeta perforada. En el deporte profesional, entrenar ocho horas seguidas sería tan productivo como pedalear sobre una bicicleta estática sin cadena. Cualquier entrenador, fisio o incluso el chaval que levanta pesas en el gimnasio de tu barrio lo sabe: el cuerpo no mejora echando horas, sino administrando esfuerzo, descanso y concentración.
Pero Garamendi, en su afán de convertir todo en tablas de Excel, parece convencido de que Alcaraz es campeón porque cumple rigurosamente su jornada laboral, como si el secreto de un Grand Slam fuera fichar a las 9 y salir a las 5.
El descanso también entrena
Decir que un deportista progresa por acumular horas es tan disparatado como decir que uno adelgaza pasando más tiempo en la cocina. El entrenamiento de élite no es una maratón contra el reloj, sino una ciencia milimétrica: dormir a la hora correcta, entrenar series específicas, trabajar la mente, cuidar la nutrición y, sí, descansar. Todo lo que en la mentalidad de ciertas cúpulas empresariales suele sonar a “pérdida de tiempo”.
La trampa del discurso “cuantas más horas, mejor”
El problema de las declaraciones de Garamendi trasciende al tenis. Suena demasiado a esa vieja canción empresarial donde la productividad se mide por el número de culos en sillas durante más horas, en lugar de medir resultados reales. Si extrapolamos su lógica al deporte, habría que concluir que el campeón del mundo es quien más tiempo permanece en la pista, independientemente de ganar o perder puntos.
Siguiendo su razonamiento, quizá el próximo Balón de Oro deba entregarse al futbolista que más minutos corrió por el campo, aunque fuera siempre detrás del balón.
Conclusión
Carlos Alcaraz no entrena como quien rellena casillas en un parte de horas. Entrena con estrategia, técnica y descanso, porque así funciona el deporte de élite desde hace décadas. Que Garamendi use al murciano como ejemplo de obrero de cronómetro es tan ridículo como pensar que Federer hubiera sido mejor jugador si hubiera pasado las noches recogiendo bolas para sí mismo. Si la patronal busca un referente para defender la cultura del presentismo, sería mejor que no miraran a los deportistas de élite, porque hasta un adolescente en chándal podría recordarle al señor Garamendi lo obvio: en el gimnasio, como en la economía, no gana quien más horas ocupa, sino quien mejor las aprovecha.
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