Una investigación publicada en Policing: An International Journal advierte que una de las principales barreras para combatir el fraude en el Reino Unido es cultural: muchos agentes de policía lo consideran un “delito sin víctimas”, una visión que reduce la prioridad de investigación, debilita el apoyo a los afectados y perpetúa la impunidad.
El estudio, dirigido por la doctora Rasha Kassem (Universidad de Aston) y el profesor Umut Turksen (Universidad de Exeter), entrevistó a 24 agentes veteranos de distintos rangos y regiones. Los resultados describen un panorama preocupante: la falta de recursos, la complejidad de las redes criminales digitales y ciertos prejuicios institucionales están minando la capacidad de respuesta policial frente al delito más extendido del país.phys?
El fraude, el crimen invisible y masivo
El fraude es actualmente el delito más común en el Reino Unido y uno de los más dañinos económicamente. Sin embargo, a diferencia del robo o la violencia, sus efectos no son siempre visibles. Esta invisibilidad se traduce, según los autores, en una cultura policial que lo percibe como poco prioritario, sin víctimas evidentes o “de baja peligrosidad”.
Muchos agentes consideran que, si el dinero robado se reembolsa por el banco o el seguro, el caso queda resuelto. Otros justifican la falta de prioridad por la aparente “culpa” o negligencia de las víctimas, bajo la creencia de que fueron descuidadas o incluso cómplices. Estas actitudes —según los investigadores— debilitan las investigaciones y erosionan la confianza ciudadana en la policía.
Obstáculos estructurales y tecnológicos
El trabajo también señala problemas prácticos. Las comisarías británicas se enfrentan a infraestructuras envejecidas, falta de personal especializado y redes de inteligencia fragmentadas, mal preparadas para delitos cifrados y transnacionales.phys?
Los agentes entrevistados describen un escenario de “policía reactiva y temerosa del riesgo”, que prioriza la protección inmediata sobre la investigación profunda. La colaboración con bancos, aseguradoras o empresas tecnológicas se ve obstaculizada por procesos lentos y opacos, mientras que la obtención de datos financieros continúa sujeta a trabas legales y administrativas.
En palabras de uno de los investigadores, esta ineficiencia contribuye a “una sensación de desamparo, tanto en las víctimas como entre los propios agentes”.
Falta de motivación y prestigio
Otro hallazgo preocupante del estudio es la percepción del fraude dentro de la cultura policial. Algunos agentes lo describen como un delito “aburrido”, sin prestigio ni adrenalina, en contraste con las investigaciones de homicidios o narcotráfico. Esta falta de “atractivo profesional” lleva a que muchos oficiales eviten especializarse en áreas económicas o digitales, perpetuando un círculo de falta de formación y recursos.
En consecuencia, los casos se acumulan, las víctimas rara vez son contactadas y los delincuentes digitales operan con relativa libertad.
Reformas urgentes: especialización y cooperación
Entre las soluciones propuestas, los investigadores abogan por equipos especializados contra el fraude, con analistas digitales, contables forenses e investigadores financieros acreditados, coordinados a escala nacional. Estos grupos deberían funcionar como unidades de crimen mayor, pero adaptadas al entorno cibernético y financiero actual.
Otras recomendaciones incluyen:
- Financiación protegida y estable para las unidades antifraude.
- Programas de formación digital y financiera para todos los agentes.
- Sistemas nacionales de análisis y denuncia, que integren datos de bancos, aseguradoras y plataformas tecnológicas.
- Alianzas intersectoriales con empresas de tecnología, instituciones financieras y organismos reguladores.
“La cooperación entre sectores ya no es opcional, sino esencial”, subraya el profesor Turksen. “Las fuerzas del orden necesitan un ecosistema compartido de datos e inteligencia para actuar con rapidez y transparencia.”
Hacia una nueva cultura policial
Más allá de los recursos, los autores insisten en la necesidad de un cambio de mentalidad. El fraude debe reconocerse como un crimen grave, con víctimas reales, a menudo ancianos, pequeños empresarios o ciudadanos vulnerables. Tratarlo con indiferencia, advierten, debilita la credibilidad del sistema de justicia y la cohesión social.
“El primer paso es cultural”, señala Kassem. “Mientras persista la idea de que el fraude es una molestia menor, las víctimas seguirán sin justicia y los criminales, sin castigo.”
Conclusión
El estudio expone una paradoja contemporánea: en la era digital, el fraude es omnipresente pero invisible; causa daños reales, pero se percibe como virtual. Sin un cambio cultural, recursos adecuados y cooperación entre sectores, seguirá expandiéndose bajo el radar.
Revertir esta tendencia significa redefinir la idea misma de “delito”: reconocer que el daño financiero también hiere, que la manipulación digital también destruye vidas, y que proteger al ciudadano hoy exige combatir un crimen que ya no se comete en la calle, sino desde la pantalla.
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