Un descubrimiento único en el yacimiento portugués permite a los arqueólogos analizar por primera vez la composición química de la tinta utilizada en la vida cotidiana del Imperio

El yacimiento arqueológico de Conimbriga, considerado uno de los mejor conservados de todo el Imperio Romano en la Península Ibérica, ha vuelto a ser noticia por un hallazgo excepcional que promete arrojar luz sobre las prácticas de escritura en la antigüedad. Durante las recientes excavaciones, el equipo arqueológico descubrió un pequeño tintero de cerámica que contenía restos de tinta con más de dos mil años de antigüedad, un testimonio material sin precedentes que permite analizar la composición química de los pigmentos utilizados por los romanos en su vida diaria.

Conimbriga: un crisol de civilizaciones

Situado a solo 16 kilómetros de Coimbra, Conimbriga constituye uno de los asentamientos romanos más extensos y mejor preservados de Portugal. Su historia, sin embargo, se remonta mucho antes de la llegada de los legionarios. Los vestigios más antiguos del sitio datan del siglo IX a.n.e., cuando fue ocupado por la cultura castreña, un pueblo de origen celta que construía sus poblados en altura.

La transformación llegó hacia el 139 a.n.e., cuando las campañas militares de Decimo Junio Bruto incorporaron la región al orbita romana. La romanización fue rápida y profunda: bajo el reinado de Vespasiano (69-79), Conimbriga alcanzó la categoría de municipium y contaba con una población estimada de 10600 habitantes. La ciudad floreció con un foro, termas, acueductos y domus señoriales, como la Casa de Cantaber, una de las viviendas más grandes descubiertas en el extremo occidental del Imperio.

La prosperidad duró hasta finales del siglo V, cuando las invasiones de los suevos en 468. pusieron fin a la vida urbana de Conimbriga, obligando a sus habitantes a abandonar la ciudad o ser llevados como esclavos.

El descubrimiento del tintero

Durante las excavaciones recientes, el equipo del Museo Nacional de Conimbriga, reabastecido en 2017, dio con un hallazgo de excepcional valor: un tintero de cerámica de tamaño reducido que conservaba en su interior restos de tinta seca. Lo que hace único este descubrimiento es que, a diferencia de otros recipientes encontrados previamente, este ejemplar aún contenía el pigmento original, permitiendo su análisis científico directo.

Los arqueólogos identificaron el recipiente como un atramentarium, el término latino para designar estos pequeños vasos que los escribas romanos llevaban consigo o colocaban en sus escritorios. Lo más sorprendente fue constatar que la tinta, a pesar de los dos milenios transcurridos, conservaba suficientes propiedades químicas para ser analizada mediante técnicas espectroscópicas avanzadas.

Análisis de la tinta: una fórmula milenaria

Los resultados preliminares del análisis, realizados en colaboración con especialistas en química analítica, han revelado que la tinta de Conimbriga corresponde a lo que los expertos denominan una «tinta mixta», compuesta por una sofisticada combinación de ingredientes orgánicos e inorgánicos.

Esta composición se alinea con las descripciones de fuentes antiguas como Plinio el Viejo en su Historia Natural, quien documentó que los romanos utilizaban como base de sus tintas negras el hollín recogido de chimeneas, mezclado con resina y goma arábiga. Sin embargo, el análisis del ejemplar de Conimbriga ha detectado además la presencia de:

  • Taninos vegetales: Extraídos probablemente de agallas de encina, que actuaban como mordiente y estabilizador del pigmento
  • Sulfato de hierro: Disuelto en vinagre o cerveza, que proporcionaba intensidad al negro
  • Resinas vegetales: Que servían como aglutinante y conferían viscosidad adecuada para la escritura con estilete
  • Posibles restos de tinta de sepia: Como complemento orgánico

Esta fórmula contrasta con las tintas de mayor lujo, como el sacrum encaustum imperial, elaborado con la costosa secreción de la glándula hipobranquial del murex para obtener el característico purpúra de Tiro, que solo podían usar los emperadores. La tinta de Conimbriga representa la solución práctica y accesible para la escritura cotidiana: documentos comerciales, cartas personales, registros administrativos y tablillas escolares.

Implicaciones para el conocimiento de la escritura romana

Este hallazgo resulta invaluable para comprender la materialidad de la escritura en el mundo romano. Hasta ahora, gran parte de nuestro conocimiento sobre las tintas antiguas provenía de textos literarios y análisis de maceros en pergaminos y papiros, pero contar con una muestra original conservada en su recipiente permite contrastar teorías y verificar prácticas.

Los arqueólogos destellan que este descubrimiento confirma la existencia de una producción local especializada en la confección de materiales de escritura. Conimbriga, como ciudad próspera con intensa actividad comercial, contaría con artesanos capaces de preparar estos pigmentos siguiendo recetas transmitidas oralmente, adaptadas a los recursos disponibles en la región lusitana.

La presencia de este tintero, probablemente en el contexto de una domus urbana, sugiere que la alfabetización en la ciudad trascendía las élites. Los romanos de Conimbriga utilizaban tablillas de madera de boj para documentos cotidianos, similar a lo encontrado en otras excavaciones de la Galia romana donde se han recuperado tablillas con textos contables y cartas personales. Este hallazgo material refuerza la idea de una cultura escrita amplia y diversificada.

Perspectivas futuras

El Museo Nacional de Conimbriga, que ya custodia una importante colección de mosaicos, herramientas quirúrgicas y cerámicas, ha incorporado este tintero a su exposición permanente junto con los resultados de los análisis químicos. Los investigadores planean realizar estudios comparativos con otros pigmentos encontrados en paredes y escrituras del yacimiento para determinar si existían variaciones locales en las recetas.

Además, el descubrimiento ha reavivado el interés por la búsqueda de infraestructuras relacionadas con la producción de tintas y materiales de escritura. Futuras excavaciones podrían identificar talleres donde se procesaran las agallas de encina o se quemaran resinas específicas para obtener hollín de calidad, completando así el panorama de la producción cultural en esta ciudad fronteriza del Imperio.

Conclusiones

El tintero de Conimbriga con su tinta milenaria representa mucho más que un simple objeto arqueológico. Es una ventana directa a las prácticas cotidianas de comunicación, administración y educación en el mundo romano. Su análisis confirma la sofisticación técnica de las recetas populares, alejadas de los pigmentos de lujo imperial pero perfectamente funcionalas para las necesidades de una ciudad provinciana próspera.

Este hallazgo nos recuerda que la historia de la escritura no se escribe solo con grandes obras literarias o decretos imperiales, sino con la tinta mezclada cuidadosamente por artesanos anónimos, vertida en recipientes de cerámica cotidiana y aplicada sobre tablillas de madera que registraban las vidas comunes de romanos, comerciantes y funcionarios. En cada molécula de pigmento negro conservado en ese pequeño tintero, se preserva el legado de una civilización que construyó su grandeza sobre la capacidad de escribir, registrar y comunicar.


Categorías: ArqueologíaCiencia

admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.

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