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Esta apuesta se formalizó en la plataforma Long Bets, un sitio dedicado a predicciones públicas con rigor y seguimiento a largo plazo, que fomenta la reflexión crítica y la evaluación basada en evidencia. El contexto de esta contienda elegantemente sencilla ahonda en cuestiones complejas sobre riesgos biológicos, avances tecnológicos y las limitaciones del conocimiento predictivo.
El contexto de la predicción: bioterrorismo y bioerror
La comunidad científica lleva décadas alertando sobre la amenaza que representan los agentes biológicos usados como armas (bioterrorismo) y los accidentes relacionados con laboratorios que manipulan microorganismos peligrosos (bioerror). Con el avance exponencial de las biotecnologías, como la edición genética CRISPR, aumentan los riesgos pero también las herramientas para mitigarlos.
Martin Rees, en su apuesta, reflejaba una preocupación fundamentada en escenarios probabilísticos donde un escape accidental o un ataque bioterrorista podrían desencadenar una pandemía severa en tiempos modernos, considerando la conectividad global y la vulnerabilidad de las sociedades. En cambio, Steven Pinker, que defiende un progreso secular en la humanidad y un optimismo basado en el control científico y tecnológico, fue menos pesimista, argumentando que tales eventos catastróficos no eran inevitables o probables en dicho horizonte temporal.
COVID-19: ¿bioerror o zoonosis?
El surgimiento del SARS-CoV-2 en diciembre de 2019 desencadenó una pandemia global sin precedentes en el siglo XXI. Desde sus inicios, surgieron dos hipótesis sobre su origen: el salto zoonótico (transmisión de animales a humanos en un mercado húmedo) y la fuga accidental en un laboratorio de Wuhan. Esta última fue fuente de controversia y controversias políticas, pero hasta la fecha análisis genéticos, epidemiológicos y revisiones de la comunidad científica indican que no hay pruebas concluyentes que respalden la teoría del bioerror.
Un consenso mayoritario apunta a una transmisión natural, apoyado por la identificación de virus similares en murciélagos y otros mamíferos, así como estudios detallados sobre las cadenas iniciales de infección. Por lo tanto, el brote no representa un “bioerror” confirmado, requisito imprescindible para que Rees ganase la apuesta.
Evaluación del alcance mortal y el plazo
Aunque la pandemia confirmó un impacto trágico, con cerca de 7 millones de fallecidos a nivel global hasta finales de 2025, el factor temporal es clave en la apuesta: el millón de víctimas debía ocurrir en un único evento y dentro de seis meses desde el 31 de diciembre de 2020. La curva de mortalidad por COVID-19 fue menos concentrada y más prolongada en el tiempo, sin un pico que superara ese umbral específico.
Además, no hubo eventos bioterroristas masivos que justificaran el pronóstico de Rees, ni fugas de laboratorio con consecuencias verificables en esas dimensiones. Por ello, el criterio objetivo determinó la validez de la predicción, dando la victoria a Pinker.
Implicaciones y lecciones de la apuesta
Este episodio evidencia varias reflexiones importantes:
- La incertidumbre inherente a las predicciones científicas: Aunque la probabilidad de un impacto biológico catastrófico existe, sus fechas y magnitudes específicas son difíciles de estimar con precisión, especialmente ante sistemas complejos como la biología humana y la interacción social global.
- La importancia de la evidencia: Los argumentos basados en hipótesis o escenarios posibles deben contrastarse con datos y análisis rigurosos. La carga de la prueba recae sobre quienes sostienen teorías excepcionales como la fuga de laboratorio.
- El valor del escepticismo y el diálogo informado: Long Bets ejemplifica cómo la discusión pública sobre temas de riesgo puede ser productiva si se fundamenta en reglas claras y seguimiento objetivo, evitando alarmismos o negacionismos.
- La preparación y la prevención: Pese a no confirmarse la predicción, el riesgo biológico no desaparece. El caso COVID-19 subraya la urgencia de invertir en bioseguridad, vigilancia epidemiológica y sistemas de respuesta rápida para reducir daños futuros.
Steven Pinker y Martin Rees representan dos posturas que, lejos de un enfrentamiento simple, enriquecen el debate sobre cómo enfrentamos amenazas globales en la era tecnológica y científica. La ciencia avanza reconociendo la complejidad y los límites de nuestro conocimiento, mientras instrumenta medios para minimizar consecuencias catastróficas.
En conclusión, la apuesta entre Rees y Pinker sobre un hipotético evento bioterrorista o bioerror con el potencial de un millón de víctimas muestra la tensión entre previsión, evidencia y realidad. Más allá del resultado, abre un espacio para reflexionar sobre la importancia de la prudencia científica, el rigor informativo y la responsabilidad social ante riesgos modernos.
Referencias:
- Plataforma Long Bets: Ganador de la apuesta bioerror vs. bioterrorismo (2025).
- Skeptic Magazine: análisis crítico de la apuesta Rees-Pinker (2025).
- Publicaciones científicas sobre el origen del SARS-CoV-2 y bioseguridad, Nature, Lancet (2021-2025).
- Declaraciones públicas de Martin Rees y Steven Pinker en foros científicos y mediáticos.
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La apuesta de $1000 sobre extraterrestres: Shermer vs. Loeb hasta 02030 – Criminología · 2025/12/01 a las 17:38
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