|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha inaugurado una exposición pionera que homenajea al genial dibujante Francisco Ibáñez bajo un prisma inédito: la conexión entre el universo de Mortadelo y Filemón y la cultura científica. La muestra, titulada La ciencia de Mortadelo y Filemón: crónicas disparatadas de la investigación en España, se presenta en la Casa de la Ciencia de Sevilla hasta el 15 de febrero, antes de emprender una gira por el resto del país.
Humor y Ciencia: Un Matrimonio Inesperado
La idea surgió de Fernando del Blanco, responsable de la biblioteca del Centro de Investigación y Desarrollo del CSIC y comisario de la exitosa exposición La ciencia según Forges. Del Blanco propuso esta nueva iniciativa como homenaje a Ibáñez, pero también como herramienta de divulgación, aunque «esta no era la intención del dibujante», según explica Pura Fernández, vicepresidenta de Cultura Científica y directora de la Editorial CSIC. «Él quería entretener», precisa Fernández, pero al hacerlo reflejó «realidades contemporáneas que, en muchos casos, tenían que ver con la ciencia».
La exposición reúne 39 portadas publicadas entre 1975 y 2018, organizadas en cinco secciones temáticas que revelan la sorprendente profundidad científica oculta tras el humor disparatado de Ibáñez. El físico del CSIC Alberto Casas, autor de La ilusión del tiempo, destaca cómo el autor anticipó conceptos complejos: «Ibáñez ya llevó a sus dibujos la Máquina del Cambiazo, aunque con nula precisión en sus coordenadas».
Las Cinco Dimensiones de la Ciencia Ibáñez
1. Un mundo en movimiento bajo la lupa de la ciencia
Esta primera sección retrata la relación entre ciencia, naturaleza y sociedad, con referencias que van desde el deshielo de glaciares hasta epidemias, pasando por los últimos descubrimientos en producción agrícola. Como explica Pura Fernández, «Ibáñez siempre estaba pendiente de la actualidad, leyendo los periódicos, y de la ciencia, que incorporaba como algo cotidiano».
2. Innovaciones tecnológicas incorporadas por la T.I.A.
Aquí se recogen los inventos del profesor Bacterio que, en no pocas ocasiones, desembocan en el caos más absoluto. Desde la clásica Máquina del Cambiazo hasta dispositivos móviles anticipados, esta sección demuestra cómo Ibáñez transformaba la tecnología en narrativa visual accesible.
3. El laboratorio de Bacterio, aciertos y accidentes caricaturiza
Quizás la más provocadora, esta sección satiriza los límites de la ciencia y recuerda que «cuando se trata de hacer investigación, la ética y la seguridad no son opcionales», según destacan los organizadores. A través del fracaso constante de los experimentos de Bacterio, Ibáñez reflejaba «la mala práctica de la ciencia y de la tecnología».
4. La ciencia en el espejo social de Mortadelo y Filemón
Los protagonistas actúan como testigos de cómo la ciencia se negocia, se distorsiona y, a veces, se malinterpreta. Esta sección explora la representación social de la investigación y sus implicaciones éticas.
5. Ciencia de emergencia para tiempos revueltos
Con el cambio climático, la contaminación, los mosquitos invasores o las nubes de polvo sahariano como telón de fondo, Ibáñez «quiso arrancar una carcajada en medio del desastre», convirtiendo las crisis contemporáneas en material cómico sin perder su relevancia científica.
El ADN Cultural de España
Pura Fernández está convencida de que el público entenderá automáticamente que la caricatura de la ciencia que presenta Ibáñez no pretende ser un reflejo bufo de la realidad, sino un recurso humorístico. «Ese mundo que crea Ibáñez refleja la mala praxis de la ciencia y de la tecnología. Es un desastre y un caos. Bacterio vive aislado de la sociedad y pone su delirio al servicio del laboratorio y de las cosas más disparatadas, pero el mensaje final es que la ciencia es un trabajo continuado de muchísima gente y que genera un conocimiento para la sociedad. Creo que la gente lo entiende. Mortadelo y Filemón están tan metidos en nuestro ADN cultural que sabemos leerlos».
Nuria Ibáñez, hija del autor, confirma esta evolución en el trabajo de su padre: «Las historias que dibujaba fueron haciendo más referencias a la actualidad progresivamente, también a las que tenían que ver con la investigación científica. Era una forma de rejuvenecer a los personajes y conseguir que nuevas generaciones conectasen con los dibujos».
De la Viñeta a la Investigación Real
Uno de los elementos más innovadores de la exposición es su carácter interactivo. Para quien quiera profundizar, la muestra incluye un catálogo con códigos QR que dirigen a investigaciones reales relacionadas con el mundo que caricaturizó Ibáñez. «Ponemos un espejo que refleja el contexto, lo que le inspiró para crear su delirio», explica Fernández.
La colección de portadas incluye clásicos como El cacao espacial (carrera espacial), Mortadelo súper nº22 (pseudociencia), La máquina de copiar gente (clonación), Expediente J (vacunas) o Mortadelo Gigante nº 8 (recuperación de especies extintas). Cada viñeta se convierte así en una puerta de entrada a debates científicos contemporáneos.
Legado y Replicación
La exposición cuenta con el apoyo de la familia de Francisco Ibáñez y la colaboración de Penguin Random House, editorial que gestiona los derechos de las historias de los dos agentes de la T.I.A.. Tras su paso por Sevilla, la muestra iniciará un periplo nacional que convertirá a los detectives más famosos de España en embajadores involuntarios de la cultura científica.
El CSIC, que este año celebra su 80 aniversario, ha encontrado en el humor gráfico una herramienta poderosa para la divulgación. Tras el éxito de La ciencia según Forges, La ciencia de Mortadelo y Filemón demuestra que la risa puede ser el mejor vehículo para acercar la investigación a la sociedad, transformando complejos conceptos científicos en referencias culturales compartidas por generaciones de españoles.
En un momento donde la ciencia a menudo se percibe como hermética y elitista, esta iniciativa rescata el ingenio de Ibáñez para recordarnos que la investigación, en última instancia, es un reflejo de nuestra humanidad: caótica, imperfecta, pero siempre en movimiento. Como dice Pura Fernández, «todo eso permea».
0 comentarios