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En este preciso instante, estás tomando la decisión consciente de leer este artículo. Pero si cada acción tiene una causa según la física, ¿realmente tomaste esta decisión con la libertad que creías? Este dilema plantea una de las cuestiones más fascinantes en la intersección entre la ciencia y la filosofía.
El problema del determinismo causal
Uno de los conceptos filosóficos fundamentales de toda la física es el determinismo causal. Este principio establece que todo efecto tiene una causa, y que si conocemos el estado actual de un sistema, podemos usar las leyes de la física para predecir su comportamiento futuro. Sin esta premisa, la física carecería de sentido. Si los efectos ocurrieran sin causas, no necesitaríamos esta disciplina. Y si no pudiéramos predecir cómo se comportan los sistemas, seríamos pésimos científicos.
Gracias a esta filosofía, la física ha logrado avances extraordinarios en nuestra comprensión del universo, desde los sistemas cuánticos subatómicos hasta el Big Bang. Y dentro de ese universo existen unas entidades peculiares llamadas cerebros, que poseen la curiosa propiedad de la consciencia y la capacidad de tomar decisiones libremente.
A primera vista, parece que nuestra comprensión de la física prohíbe el libre albedrío. Realmente no tenemos elección, porque si tuviéramos conocimiento perfecto de todas las moléculas y la actividad eléctrica en nuestros cerebros, deberíamos ser capaces de determinar nuestras decisiones por adelantado.
Tres matices que complican el panorama
Sin embargo, existen tres aspectos de la física que añaden complejidad a este razonamiento.
1. La teoría del caos
El primero es la teoría del caos. Algunos sistemas son fáciles de predecir, pero otros, como los péndulos dobles y los patrones climáticos, son mucho más difíciles de abordar. En estos sistemas especiales, incluso una cantidad mínima de incertidumbre en la medición del estado inicial se amplifica rápidamente hasta convertirse en completa ignorancia sobre su comportamiento futuro. Curiosamente, estos sistemas son perfectamente deterministas: las causas siempre conducen suavemente a los efectos, sin misterio alguno. Pero son imposibles de predecir a largo plazo.
2. La mecánica cuántica
El segundo matiz proviene de la mecánica cuántica, que nos dice que es imposible predecir los resultados de muchos experimentos que involucran partículas subatómicas. Las probabilidades gobiernan ese reino, y lo mejor que podemos hacer es asignar posibilidades a ciertos resultados. La mecánica cuántica sigue siendo una teoría determinista de la naturaleza, pero nuevamente coloca una capa de ignorancia sobre nuestra comprensión. No podemos decir con certeza dónde irá una partícula o cómo se comportará; solo podemos decir qué podría suceder. Sin embargo, no está claro si las reglas probabilísticas de la mecánica cuántica se aplican a fenómenos como las conexiones neuronales del cerebro y el surgimiento de la consciencia, que es un fenómeno emergente.
3. La emergencia
El último matiz es precisamente ese: la emergencia. Las descripciones fundamentales de la naturaleza no garantizan automáticamente la comprensión de sistemas más complejos. Por ejemplo, tenemos una teoría increíblemente sofisticada de la física de partículas, basada en la teoría cuántica de campos, pero esa teoría solo funciona al describir sistemas cuánticos. No tenemos una descripción basada en la teoría cuántica de campos de cómo se forma una estrella o por qué el chocolate sabe tan bien. Debemos adoptar otras leyes y teorías para describir los sistemas en su conjunto.
El compatibilismo: una posible reconciliación
Ninguno de estos matices ofrece una respuesta clara de sí o no a la pregunta sobre el libre albedrío. Pero sí demuestran que nuestra comprensión de la física es limitada. La mayoría de los filósofos creen en una clase de ideas bajo el título de «compatibilismo», que sostiene que el libre albedrío y la física pueden coexistir en armonía. Podría ser que nuestra comprensión de la naturaleza aún no sea lo suficientemente sofisticada como para explicar cómo el libre albedrío puede funcionar junto con el determinismo causal.
En otras palabras, si trabajamos lo suficiente, algún día podríamos alcanzar un nivel de comprensión que preserve el determinismo causal y todas las virtudes habituales de la física, al tiempo que incluye conceptos como el libre albedrío en un marco que tenga sentido.
Sea como sea, no tenemos más remedio que seguir preguntándonos.
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