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En las últimas décadas, la neurociencia cognitiva ha avanzado enormemente en el estudio de procesos como la percepción, la memoria y la imaginación. Sin embargo, la consciencia —la experiencia subjetiva de “estar ahí”, de tener un yo que percibe, recuerda y anticipa— ha seguido siendo un problema difícil de unificar teóricamente. En su artículo “Perception, Memory, Simulation, and Consciousness: A Convergence of Theories” (Journal of Cognitive Neuroscience, 2026), Andrew E. Budson, Hinze Hogendoorn y Donna Rose Addis proponen precisamente eso: una convergencia entre marcos teóricos que tradicionalmente se han estudiado por separado, para ofrecer una visión integrada de cómo surge la consciencia a partir de la interacción entre percepción, memoria y simulación mental.

De la percepción pasiva a la construcción activa

Un punto de partida clave del trabajo es el abandono de la idea de percepción como un proceso pasivo, en el que el cerebro simplemente “recibe” información del mundo. En su lugar, los autores se apoyan en modelos de procesamiento predictivo y en teorías de percepción como inferencia bayesiana, según las cuales el cerebro está constantemente generando hipótesis sobre lo que ocurre “ahí fuera” y contrastándolas con la entrada sensorial.

La percepción, en este marco, no es un reflejo fiel de la realidad, sino la mejor conjetura del cerebro en cada momento. Lo que vemos, oímos o sentimos es el resultado de un diálogo continuo entre expectativas internas y datos sensoriales. Esta concepción abre la puerta a una conexión natural con la memoria: las expectativas no surgen de la nada, sino de experiencias pasadas almacenadas y organizadas en el sistema mnésico.

La memoria como base de la simulación

Donna Rose Addis ha sido una figura central en el estudio de cómo el cerebro utiliza la memoria episódica no solo para recordar el pasado, sino también para imaginar el futuro y construir escenarios hipotéticos. En el artículo, esta línea de trabajo se integra en una visión más amplia: la memoria no es un archivo estático, sino un sistema dinámico de reconstrucción y recombinación.

Recordar un evento no consiste en “reproducir una cinta”, sino en reconstruirlo a partir de fragmentos distribuidos. Esa misma capacidad reconstructiva permite simular situaciones que nunca han ocurrido, proyectar posibles futuros y explorar alternativas. La simulación mental —ya sea recordar, imaginar o planificar— se apoya en los mismos circuitos que la memoria episódica, especialmente en redes que incluyen el hipocampo y regiones de la corteza prefrontal y parietal.

Los autores sostienen que esta capacidad de simulación es central para entender la consciencia. La experiencia consciente no se limita a registrar el presente; integra pasado, presente y futuro en un flujo continuo de experiencia, en el que el cerebro está siempre un paso por delante, anticipando lo que podría ocurrir.

El tiempo de la consciencia: percepción y predicción

Hinze Hogendoorn ha investigado cómo el cerebro maneja el tiempo en la percepción, mostrando que el sistema visual, por ejemplo, no solo reacciona a estímulos, sino que los predice para compensar retrasos neuronales. En el marco del artículo, esta dimensión temporal se vuelve crucial: la consciencia no es un “fotograma” instantáneo, sino una ventana temporal en la que se integran información pasada, presente y anticipada.

La idea de que el cerebro “simula” el futuro inmediato para estabilizar la experiencia perceptiva se alinea con la noción de simulación más amplia que proponen los autores. La consciencia sería, en parte, el resultado de un modelo interno del mundo que se actualiza constantemente, alimentado por la memoria y guiado por predicciones.

Convergencia teórica: un modelo unificado

El núcleo del artículo es la propuesta de que percepción, memoria y simulación no son módulos aislados, sino manifestaciones de un mismo principio computacional: el cerebro como sistema generativo que construye modelos internos del mundo y de sí mismo. La consciencia emergería cuando estos modelos alcanzan cierto nivel de complejidad, integración y accesibilidad para otros sistemas cognitivos (como el lenguaje, la toma de decisiones o el control motor).

En esta convergencia se pueden identificar varios puntos clave:

  1. Percepción como simulación guiada por datos
    Lo que percibimos es una simulación del mundo, restringida y corregida por la entrada sensorial. El cerebro genera una hipótesis y la ajusta en función de los errores de predicción.
  2. Memoria como simulación del pasado
    Recordar es volver a simular un estado del mundo y del yo, usando fragmentos almacenados. La frontera entre recordar e imaginar se vuelve difusa: ambos procesos comparten mecanismos y redes neuronales.
  3. Imaginación y prospección como simulación del futuro
    Al proyectar escenarios futuros, el cerebro reutiliza los mismos recursos que para recordar, pero recombinando elementos de forma novedosa. Esta capacidad es esencial para la planificación y la toma de decisiones.
  4. Consciencia como espacio de trabajo de estas simulaciones
    La experiencia consciente sería el “escenario” en el que estas simulaciones —del presente, del pasado y del futuro— se hacen accesibles a otros sistemas cognitivos. No todo procesamiento cerebral es consciente; lo que llega a la consciencia sería una selección de estas simulaciones, probablemente aquellas más relevantes para la conducta y la adaptación.

Implicaciones para el estudio de la mente

La propuesta de Budson, Hogendoorn y Addis tiene varias implicaciones importantes. En primer lugar, sugiere que para entender la consciencia no basta con estudiar la percepción en aislamiento, ni la memoria, ni la imaginación: es necesario un enfoque integrador que considere cómo estos procesos se alimentan mutuamente.

En segundo lugar, ofrece un marco útil para interpretar fenómenos clínicos. Trastornos de la memoria, alucinaciones perceptivas o alteraciones de la experiencia del tiempo podrían entenderse como fallos específicos en los mecanismos de simulación y en el equilibrio entre predicción y corrección sensorial. Del mismo modo, ciertas alteraciones de la consciencia podrían reflejar disfunciones en la integración de estas simulaciones en un modelo coherente del yo y del mundo.

Por último, esta convergencia teórica dialoga con debates sobre la posibilidad de consciencia en sistemas artificiales. Si la consciencia depende de la capacidad de un sistema para generar y actualizar modelos internos del mundo y de sí mismo, integrando percepción, memoria y simulación, entonces el diseño de sistemas artificiales conscientes requeriría algo más que procesamiento de datos: necesitaría arquitecturas generativas, predictivas y auto-modeladoras.

Conclusión

El artículo de Budson, Hogendoorn y Addis representa un paso significativo hacia una teoría unificada de la mente consciente. Al mostrar cómo percepción, memoria y simulación pueden entenderse como aspectos de un mismo proceso generativo, los autores ofrecen un marco poderoso para investigar la consciencia desde la neurociencia cognitiva.

Más que una colección de módulos independientes, el cerebro aparece como un sistema que construye, mantiene y revisa constantemente un modelo del mundo y del yo. La consciencia sería la manifestación experiencial de ese modelo en acción: un flujo continuo de simulaciones, anclado en la percepción, enriquecido por la memoria y orientado hacia el futuro.

Generado por: Surfsense

Categorías: Medicina

admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.

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