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Si el cambio climático fuera una guerra, Donald Trump acaba de lanzar una bomba atómica contra el planeta. El pasado jueves, su administración anunció la revocación del endangerment finding de 2009, el fundamento legal que permite a la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA, por sus siglas en inglés) regular las emisiones de gases de efecto invernadero. «Esta será la mayor acción de desregulación en la historia de Estados Unidos», declaró con orgullo Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca.
La medida, sin embargo, no es un triunfo científico, sino un acto de corrupción política disfrazada de política pública, como denunció el senador demócrata Sheldon Whitehouse (D-R.I.): «Esto es corrupción, pura y simple». Y no le falta razón. El endangerment finding, establecido durante la administración Obama, determinó que los gases de efecto invernadero —como el CO?— representan un peligro para la salud y el bienestar humano, lo que permitió su regulación bajo la Ley de Aire Limpio. En 2025, un panel de científicos reafirmó esta conclusión con contundencia: «La evidencia del daño actual y futuro a la salud humana y al bienestar causado por los gases de efecto invernadero de origen humano está más allá de toda disputa científica».
Un regalo envenenado para la industria fósil
La decisión de Trump no es una sorpresa, pero sí un golpe calculado a favor de sus aliados en el sector petrolero y gasístico. «Es un paquete envuelto con moño para la industria de los combustibles fósiles», advirtió Manish Bapna, director ejecutivo del Natural Resources Defense Council (NRDC). «Es anticientífico, mala economía y, además, ilegal. Por eso lo combatiremos».
Los críticos señalan que la administración ignora deliberadamente la ciencia para beneficiar a donantes y lobbistas. Según datos de OpenSecrets, la industria del petróleo y el gas ha invertido millones en campañas políticas, con Trump como uno de sus principales receptores. Pero el problema va más allá de la ética: la medida podría ser insostenible legalmente.
¿Un fracaso anunciado?
Expertos en derecho ambiental dudan que la revocación resista en los tribunales. «Me parece poco probable que la Corte Suprema diga que la EPA no tiene poder para regular el carbono», opinó Michael Lewyn, profesor de derecho ambiental en el Touro Law Center y conocido crítico de las regulaciones verdes. Incluso desde una perspectiva conservadora, el argumento de Trump parece frágil: la Ley de Aire Limpio otorga a la EPA la facultad de regular contaminantes que amenazan la salud pública, y el CO? cumple ese criterio.
Más contundente fue Pat Parenteau, profesor de la Vermont Law and Graduate School, quien no dudó en calificar la estrategia de la administración como «joder todo lo posible sin un plan». En declaraciones a Wired, Parenteau cuestionó: «No veo ninguna estrategia, ningún objetivo final… solo destruir cuanto se pueda».
El clima no es lo único bajo ataque
Mientras la Casa Blanca desmantela décadas de avances climáticos, otras batallas ambientales se libran en el país:
- Productos tóxicos sin regulación: La química Elissia Franklin alertó en Inside Climate News sobre los químicos peligrosos presentes en productos para el cabello dirigidos a mujeres negras, un mercado históricamente desatendido por las agencias reguladoras.
- Energías renovables en jaque: Legisladores de Ohio promueven una prohibición encubierta de proyectos solares y eólicos, bajo el pretexto de «proteger el paisaje».
- Drilling en el Ártico: Una tribu indígena de Alaska demandó al gobierno por su plan de perforaciones petroleras en el Refugio Nacional de Vida Silvestre, un ecosistema crítico para especies en peligro.
¿Qué sigue?
La batalla legal será larga. Grupos ecologistas, estados progresistas y hasta empresas con compromisos climáticos (como algunas automovilísticas) ya preparan demandas. Pero el daño político es inmediato: EE.UU. pierde credibilidad en la lucha global contra el cambio climático, justo cuando el mundo sufre olas de calor récord, incendios devastadores y fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
Mientras, los ciudadanos quedan atrapados entre dos realidades: la negación organizada desde el poder y la evidencia científica que grita en cada informe de la ONU. Como consuelo irónico, medios como Grist cerraron su cobertura del desastre con fotos de murciélagos bebés, como si la ternura pudiera compensar la impotencia.
Pero la naturaleza no negocia. Y aunque Trump intente borrar las regulaciones con un plumazo, el clima no olvida.
Notas adicionales para el lector:
- Contexto histórico: El endangerment finding de 2009 fue clave para que la EPA regulara emisiones de vehículos y plantas de energía. Su revocación debilita herramientas como los estándares de eficiencia para autos.
- Impacto global: Si EE.UU. —segundo mayor emisor de CO?— retrocede, países como China o India podrían usar el ejemplo para justificar su inacción.
- Alternativas: Estados como California ya han anunciado que mantendrán sus propias regulaciones climáticas, creando un conflicto jurídico entre el gobierno federal y las entidades locales.
¿Te preocupa este tema? Comparte el artículo y exige a tus representantes que defiendan políticas basadas en la ciencia.

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