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En la España contemporánea, el ascenso de formaciones políticas como el Partido Popular (PP) y VOX ha reavivado debates sobre el populismo, el nacionalismo y la desigualdad social. Sin embargo, más allá de los análisis políticos convencionales, la teoría sociológica de Pierre Bourdieu —especialmente sus conceptos de habitus, campo y violencia simbólica— ofrece una clave para entender cómo estos partidos ejercen un tipo de dominación que sus propios votantes perciben como libertad. ¿Cómo logran el PP y VOX que sectores de la población, incluso aquellos en situaciones de precariedad, defiendan políticas que perpetúan su propia subordinación? La respuesta está en la capacidad de estos partidos para naturalizar jerarquías sociales y presentar sus discursos como «sentido común».


1. El habitus conservador: «Es lo normal»

Para Bourdieu, el habitus es un sistema de disposiciones adquiridas —gustos, valores, maneras de pensar— que los individuos internalizan a través de su posición en la estructura social. Estas disposiciones no son conscientes, sino que operan como una segunda naturaleza: lo que «se hace» sin cuestionarlo.

En el caso del PP y VOX, sus discursos apelan a un habitus conservador profundamente arraigado en ciertos sectores de la sociedad española:

  • Tradicionalismo católico: La defensa de la «familia tradicional» o la oposición al feminismo y los derechos LGTBI+ no se presentan como opciones políticas, sino como valores «naturales» (ejemplo: el lema de VOX «España en tus manos» sugiere que el votante ya «sabe» qué es lo correcto).
  • Meritocracia ficticia: Ambos partidos promueven la idea de que el éxito o el fracaso son producto del esfuerzo individual, ignorando las desigualdades estructurales. Así, un trabajador precario puede votar a quien recorta sus derechos si cree que «los vagos» (inmigrantes, jóvenes, beneficiarios de ayudas) son los responsables de su situación.
  • Nostalgia imperial: VOX, en particular, explota un habitus vinculado a la grandeza perdida de España (la Reconquista, el Imperio, el franquismo como «orden»). Esto no es historia, sino mitología política que refuerza identidades colectivas basadas en la exclusión.

El habitus hace que estas ideas no se vivan como imposiciones, sino como elecciones libres. El votante no piensa: «Me han adoctrinado», sino: «Esto es lo que siempre he creído».


2. El campo político y la lucha por el «sentido común»

Bourdieu define el campo como un espacio de lucha donde los agentes (partidos, medios, intelectuales) compiten por imponer su visión del mundo. El PP y VOX no solo buscan ganar elecciones, sino redefinir qué se considera «razonable» en la política española.

  • Deslegitimación de lo progresista: Tildan de «ideología» o «adoctrinamiento» cualquier política de izquierdas (ejemplo: la ley de «solo sí es sí» como «ley de violadores»), mientras presentan sus propias posturas como neutrales («defender la Constitución», «proteger a las víctimas»).
  • Guerra cultural: Temas como la inmigración, el género o la memoria histórica se convierten en batallas simbólicas donde el objetivo no es resolver problemas, sino movilizar emociones (miedo, orgullo, resentimiento). Así, un votante puede sentir que al apoyar a VOX «defiende España», aunque sus políticas no mejoren su vida material.
  • Alianzas con medios y élites: Bourdieu señalaba que los dominantes necesitan complicidades para reproducir su poder. El PP y VOX cuentan con el apoyo de medios como OKDiario o El Mundo, así como de sectores de la Iglesia, el ejército y la banca, que legitiman sus discursos como «serios» o «patrióticos».

El resultado es un cambio en el campo político: lo que antes era extremo (negar la violencia de género, cuestionar la autonomía de las comunidades) se normaliza. La libertad, aquí, es la libertad de repetir los esquemas del poder.


3. Violencia simbólica: Cuando la opresión se disfraza de liberación

El concepto más potente de Bourdieu para analizar al PP y VOX es el de violencia simbólica: un tipo de dominación que se ejerce con la complicidad de los dominados, quienes no la perciben como tal.

  • El «hombre blanco hetersexual» como víctima: VOX ha perfeccionado el discurso de que las políticas de igualdad son un «ataque» a los hombres o a los españoles «de toda la vida». Así, un varón de clase media puede sentir que su privilegio es una opresión, invirtiendo la realidad.
  • La inmigración como chivo expiatorio: Culpar a los migrantes de los problemas económicos (vivienda, sanidad) es un clásico de la violencia simbólica: desvía la atención de las causas reales (especulación, recortes) y convierte a los más vulnerables en enemigos.
  • El lenguaje como arma: Bourdieu hablaba de cómo el lenguaje de las élites se presenta como universal. El PP y VOX usan términos como «libertad», «seguridad» o «unidad de España» de manera ambigua, pero emocionalmente poderosa. Por ejemplo, «libertad» puede significar libertad para las empresas (PP) o libertad para odiar (VOX), pero siempre se vende como un bien común.

La paradoja es que esta violencia no se vive como coerción, sino como empoderamiento. El votante de VOX no se siente oprimido por el partido; al contrario, cree que recupera su voz contra una supuesta élite progresista.


4. ¿Por qué funciona? La ilusión de la agencia individual

Bourdieu explicaba que las clases dominadas a menudo colaboran en su propia dominación porque el sistema les ofrece pequeñas recompensas simbólicas:

  • Reconocimiento identitario: Votar a VOX puede dar la sensación de «pertenecer» a una España «auténtica», compensando la falta de poder económico.
  • Catarsis emocional: Los discursos de odio (contra feministas, independentistas, migrantes) proporcionan una válvula de escape para frustraciones sociales.
  • Falsa meritocracia: El PP promete que «con esfuerzo se sale adelante», lo que permite a sus votantes creer que su situación es temporal y no estructural.

En este juego, la libertad real (acceso a vivienda, sanidad, educación) se sustituye por una libertad ilusoria: la de elegir entre diferentes versiones de un mismo sistema que los excluye.


Conclusión: Romper el hechizo

La teoría de Bourdieu nos recuerda que el poder no solo se ejerce con leyes o policías, sino moldeando deseos y percepciones. El PP y VOX no son excepciones en esto: son ejemplos de cómo la derecha transforma la sumisión en virtud y la desigualdad en «orden natural».

Sin embargo, Bourdieu también dejaba espacio para la resistencia. Si la dominación se basa en el habitus y el campo, cambiar estos elementos puede debilitarla. Esto requiere:

  1. Desnaturalizar lo «normal»: Cuestionar por qué ciertas ideas (como que «los pobres son vagos») se dan por sentadas.
  2. Reconfigurar el campo mediático: Dar voz a narrativas alternativas que expongan las contradicciones del discurso conservador.
  3. Políticas que devuelvan agencia real: Demostrar que la libertad no está en odiar al diferente, sino en tener seguridad material y derechos.

El desafío es enorme, porque como decía Bourdieu, «el orden social se reproduce porque los dominados contribuyen a reproducirlo». Pero también es cierto que, cuando las personas toman conciencia de los mecanismos de su propia opresión, la violencia simbólica pierde fuerza. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a verla?


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.

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