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Un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances lanza una advertencia que debería sacudir a gobiernos y organismos de gestión de emergencias en todo el planeta: los días en que las condiciones meteorológicas son propicias para desatar incendios forestales de gran magnitud se han casi triplicado en los últimos 45 años. Y lo más preocupante no es solo el aumento en sí, sino que estos episodios ocurren cada vez más al mismo tiempo en distintas regiones del mundo, un fenómeno que los investigadores denominan «clima de incendio sincrónico».

Calor, sequía y viento: la tormenta perfecta

Para que un incendio forestal se vuelva incontrolable, necesita tres ingredientes atmosféricos: temperaturas elevadas, baja humedad y viento fuerte. Cuando estas tres condiciones coinciden, los expertos hablan de «clima de incendio extremo». Lo que el equipo liderado por Cong Yin ha demostrado es que estos días ya no son la excepción sino una realidad creciente y global.

A nivel mundial, los grandes días con riesgo de incendio han pasado de una media de aproximadamente 22 días al año en la década de 1980 a cerca de 60 días anuales en la actualidad. Es decir, en cuatro décadas y media el mundo ha pasado de tener tres semanas al año con condiciones de alto riesgo a casi dos meses. La tendencia es especialmente pronunciada en las Américas, donde el incremento supera incluso al promedio global.

El cambio climático, principal responsable

Los investigadores no solo describieron el fenómeno, sino que cuantificaron sus causas. Mediante simulaciones computacionales compararon la evolución real del clima con un escenario hipotético en el que los niveles de gases de efecto invernadero se hubiesen mantenido sin el aporte adicional de la quema de combustibles fósiles. Más del 60% del incremento global en los días de clima de incendio sincrónico puede atribuirse directamente al cambio climático provocado por la combustión de carbón, petróleo y gas natural.

El caso de Estados Unidos ilustra bien la magnitud del cambio. La parte continental de ese país promedió 7,7 días de clima sincrónico de incendio al año entre 1979 y 1988. Hoy esa cifra es muy superior, reflejo de veranos más secos, olas de calor más frecuentes y patrones de viento alterados por el calentamiento del planeta.

El peligro de que todo arda al mismo tiempo

El hallazgo más inquietante del estudio no es el aumento en el número de días de riesgo, sino su naturaleza simultánea. Históricamente, las temporadas de incendios en distintas regiones se solapaban poco: cuando Australia ardía en su verano austral, el hemisferio norte estaba en invierno; cuando California sufría sus incendios de otoño, Europa ya había superado lo peor del estío. Esta asincronía permitía que países y regiones se prestasen ayuda mutua: aviones cisterna, brigadas especializadas, equipamiento pesado.

Ese esquema de cooperación está en riesgo porque regiones que antes tenían temporadas de incendios en distintas épocas del año, y que podían compartir recursos, ahora se solapan cada vez más. Cuando varios países enfrentan emergencias simultáneas, los recursos son insuficientes para todos y la ayuda de los vecinos no llega porque ellos también están combatiendo sus propias llamas.

El científico de incendios Mike Flannigan, de la Thompson Rivers University de Canadá, que no participó en el estudio, resumió la importancia de este cambio con claridad: las regiones que antes podían actuar como red de seguridad mutua están dejando de poder hacerlo. Y John Abatzoglou, otro experto consultado por los autores, fue aún más directo al describir lo que ocurre cuando la capacidad de respuesta colapsa ante múltiples crisis simultáneas.

Una excepción que confirma la regla

De las 14 grandes regiones globales analizadas, solo el sudeste asiático registró una disminución en los días de clima sincrónico de incendio, probablemente porque esa zona está ganando humedad. El resto del planeta, sin excepción, muestra la misma tendencia al alza.

Implicaciones para la gestión de emergencias

Los resultados del estudio tienen consecuencias prácticas inmediatas. Los sistemas nacionales e internacionales de respuesta a incendios fueron diseñados en un mundo donde los grandes fuegos rara vez coincidían en el tiempo y en el espacio. Ese mundo ya no existe. La sincronización creciente exige repensar los acuerdos de cooperación internacional, ampliar las reservas estratégicas de medios aéreos y terrestres, y aceptar que la temporada de incendios ya no tiene fronteras ni calendarios fijos.

El estudio, en definitiva, no solo documenta un deterioro ambiental preocupante, sino que revela una vulnerabilidad sistémica en la capacidad humana de responder a los incendios. Mientras el planeta continúe calentándose, los días en que el mundo entero esté a punto de arder al mismo tiempo serán cada vez más frecuentes, y la capacidad de apagar esas llamas, cada vez más limitada.


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.

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