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En la intersección entre la política pública y el rigor académico, Estados Unidos atraviesa una de las eras más turbulentas de su historia reciente. Lo que comenzó como una retórica de escepticismo durante la campaña electoral se ha transformado en una estrategia sistemática y quirúrgica para desmantelar décadas de avances en la ciencia del clima. La administración de Donald Trump no solo ha cuestionado el consenso científico, sino que ha iniciado una «cruzada» que amenaza con dejar al país ciego ante los riesgos ambientales del siglo XXI.


La Fuga de Cerebros: 10000 Científicos Fuera del Gobierno

Uno de los golpes más devastadores y menos visibles para el público general ha sido la erosión del capital humano dentro de las agencias federales. Se estima que cerca de 10000 científicos han abandonado sus puestos en el gobierno, ya sea por despidos directos, recortes presupuestarios o, de manera más insidiosa, a través de la creación de entornos de trabajo hostiles que fuerzan la jubilación anticipada o la renuncia.

Esta «fuga de cerebros» no es un daño colateral, sino un objetivo estratégico. Al vaciar departamentos en la EPA (Agencia de Protección Ambiental), el Departamento de Energía y la NOAA, la administración reduce la capacidad del Estado para monitorear emisiones, realizar proyecciones climáticas y, lo más importante, fundamentar nuevas regulaciones en datos empíricos. Sin expertos que interpreten la realidad, la política queda a merced de los intereses corporativos.


El Ataque a las Instituciones: Del NCAR a la Evaluación Nacional

La infraestructura científica del país también está bajo fuego. El Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR), una piedra angular para entender los patrones climáticos globales, ha visto fragmentada su estructura operativa. Al debilitar estas instituciones, se interrumpe la continuidad de investigaciones que requieren décadas de observación constante.

Paralelamente, la parálisis de la Evaluación Nacional del Clima (NCA) representa un apagón informativo deliberado. Este informe, que por ley debe entregar al Congreso y al Presidente un análisis actualizado sobre cómo el cambio climático afecta a la economía, la salud y la seguridad nacional, ha sido obstaculizado. Sin este diagnóstico, las comunidades locales y los sectores industriales carecen de la hoja de ruta necesaria para adaptarse a eventos climáticos extremos.


El Golpe Final: La Rescisión del «Endangerment Finding»

Sin duda, el movimiento más agresivo y legalmente significativo de la semana pasada fue la decisión de la EPA de rescindir el llamado «Endangerment Finding» (Determinación de Peligro).

Para entender la gravedad de esto, debemos remontarnos a 2009. En aquel entonces, basándose en una montaña de evidencia científica, se determinó formalmente que los gases de efecto invernadero (GEI) procedentes de vehículos y plantas de energía representaban una amenaza directa para la salud pública y el bienestar de las generaciones futuras. Esta determinación no era un simple comunicado de prensa; era el fundamento legal que obligaba al gobierno a regular las emisiones bajo la Ley de Aire Limpio.

Consecuencias de la rescisión:

  • Desregulación masiva: Al eliminar la premisa de que el CO2 es peligroso, el gobierno pierde la autoridad —y la obligación— de limitar las emisiones de las industrias más contaminantes.
  • Vulnerabilidad legal: Se abre la puerta a una avalancha de litigios donde las empresas podrán impugnar cualquier intento futuro de control ambiental.
  • Riesgo sanitario: Se ignora el vínculo probado entre el aumento de las temperaturas y el agravamiento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y la propagación de vectores de enfermedades.

Un Futuro en la Oscuridad

La ciencia no es un sistema de creencias, sino un método de validación de la realidad. Al desmantelar el NCAR, silenciar la Evaluación Nacional y purgar a miles de expertos, la administración no está «ahorrando dinero del contribuyente», sino que está destruyendo el sistema de alerta temprana de la nación.

La rescisión de la determinación de peligro de 2009 es el último clavo en un ataúd que busca enterrar la responsabilidad climática de EE. UU. ante el mundo. Mientras el planeta registra temperaturas récord año tras año, la potencia más grande del mundo ha decidido, por decreto administrativo, que el peligro ya no existe. El problema es que la física de la atmósfera no responde a decretos políticos, y las consecuencias de este apagón científico las pagará la salud pública de las décadas por venir.


Generado por Gemini


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.

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