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Hace cinco milenios y medio, un cazador de mediana estatura murió en un refugio rocoso a unos treinta kilómetros al suroeste de lo que hoy es Bogotá. Tenía más de cuarenta años —una edad notable para su época—, medía apenas un metro cincuenta y ocho y pertenecía a una pequeña comunidad de cazadores-recolectores del Holoceno Medio. No dejó nombre, ni voz, ni relato de su muerte. Solo huesos. Y en uno de esos huesos, los científicos acaban de encontrar algo que nadie esperaba: el ADN de la bacteria Treponema pallidum, responsable de la sífilis y otras enfermedades como el pian y el bejel.
El hallazgo, publicado en la revista Science, convierte a este cazador anónimo —catalogado como TE1-3— en portador del registro molecular más antiguo del patógeno conocido en el mundo.
Un secreto guardado en la tibia
El sitio arqueológico Tequendama I, en la sabana de Bogotá, es conocido desde los años setenta. Desde 1969, arqueólogos como Gonzalo Correal Urrego han recuperado allí herramientas líticas, arte rupestre, huesos de animales y cientos de restos humanos bien conservados, algunos con una antigüedad de hasta doce mil años. Entre ese material dormía, sin que nadie lo supiera, una pieza única de la historia de las enfermedades infecciosas.
El equipo internacional que lideró el análisis —integrado por genetistas italianos, estadounidenses, alemanes y suizos— no buscaba sífilis. Su objetivo era reconstruir la historia evolutiva de las poblaciones antiguas. Sin el cráneo del individuo, los investigadores decidieron analizar muestras de la tibia. Al secuenciar el material genético, advirtieron que una pequeña fracción del ADN no pertenecía al ser humano, sino a una bacteria con forma helicoidal: Treponema pallidum. «Fue realmente sorprendente», reconoció la antropóloga molecular Elizabeth A. Nelson.
El resultado es extraordinario: este descubrimiento es tres mil años más antiguo que los restos humanos con T. pallidum hallados en la costa sureste de Brasil —reportados en 2024— y cinco mil años anterior a la llegada de los europeos al continente.
Una cepa ancestral desconocida
La reconstrucción del genoma bacteriano reveló algo igualmente importante: no se trata de la sífilis tal como la conocemos hoy, sino de una cepa ancestral de T. pallidum hasta ahora desconocida, muy cercana en virulencia a las que producen estas enfermedades en el presente. Los investigadores la denominaron linaje TE1-3 y señalan que su existencia demuestra que la diversidad genética de estos patógenos en América era mucho mayor de lo que se pensaba.
Aún más llamativo es el contexto de vida del portador. Los hallazgos sugieren que la aparición de la sífilis no dependió de la intensificación agrícola ni del hacinamiento poblacional, factores habitualmente vinculados a la propagación de enfermedades infecciosas, sino de las condiciones sociales y ecológicas propias de las sociedades de cazadores-recolectores. En otras palabras: la bacteria llevaba milenios conviviendo con los seres humanos antes de que las ciudades, las guerras y los grandes imperios facilitaran su expansión global.
El debate del origen: ¿América o Europa?
La sífilis tiene una historia política además de médica. Durante siglos, el debate sobre su origen ha estado cargado de implicaciones culturales y morales. La pregunta por el origen de la enfermedad se ha planteado durante siglos porque la gente quería culpar a alguien, y esas narrativas pueden usarse para justificar la violencia y la deshumanización de grupos enteros de personas, advierte la antropóloga Nasreen Broomandkhoshbacht.
La hipótesis más extendida, conocida como «colombina», sostiene que fueron los marineros de Colón quienes trajeron la sífilis a Europa tras el primer viaje de 1492. En efecto, a finales del siglo XV una epidemia mató a cinco millones de personas en Europa, y su aparición tan repentina después del contacto con América parecía confirmar ese origen. Sin embargo, descubrimientos recientes en esqueletos europeos anteriores al 1492 han puesto esa teoría en entredicho.
El nuevo hallazgo colombiano no zanja definitivamente el debate. Los resultados no resuelven las preguntas sobre el origen de la sífilis como enfermedad moderna, sino que aportan información sobre el momento en que las distintas subespecies se diversificaron, reconoce el doctor Davide Bozzi, uno de los autores principales. Lo que sí demuestra es que el patógeno llevaba miles de años en América mucho antes de cualquier contacto europeo, y que todos los linajes descubiertos, tanto modernos como antiguos, parecen haberse diversificado dentro del continente americano.
Una enfermedad que sigue sin vacuna
La historia clínica de la sífilis es tan dramática como su historia evolutiva. Sin tratamiento, puede provocar ceguera, sordera, trastornos mentales y la muerte. Durante siglos fue incurable. Solo en 1943 llegó la penicilina y cambió el pronóstico de quienes la padecían. En 1998 su genoma completo fue secuenciado, y se pensaba que ese logro allanaría el camino para el desarrollo de vacunas preventivas. Eso no ha ocurrido. Hoy, la sífilis sigue siendo un problema de salud pública en auge en muchos países.
El cazador de Tequendama I no sabrá nunca que su tibia ha servido para iluminar uno de los misterios más persistentes de la medicina. Pero su bacteria, perfectamente conservada durante cinco mil quinientos años en aquel refugio rocoso de la sabana bogotana, acaba de contarnos algo que los libros de historia aún están aprendiendo a leer.
Generado por Claude