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El nuevo episodio de la política española parece escrito por un guionista con humor absurdo. El partido Se Acabó La Fiesta (SALF), liderado por el agitador político Alvise Pérez, ha presentado su programa electoral para las elecciones en Castilla y León. Pero en lugar de hablar de Soria, Burgos o Valladolid, el texto está repleto de promesas dirigidas a… los aragoneses. Sí, tal cual: Zaragoza, Huesca, Teruel y Alcañiz son los protagonistas de un documento que supuestamente pretende conquistar el voto castellano-leonés.

El lapsus ha corrido como la pólvora en redes sociales, donde usuarios de todas las tendencias han señalado lo evidente: el programa parece una copia literal de otro texto preparado para Aragón, apenas retocado con prisas. En varios párrafos, se repite la idea de que “votando a Se Acabó La Fiesta el próximo 8 de febrero, Castilla y León recuperará su orgullo y los aragoneses las riendas de su destino”. Un error de copiar y pegar digno de manual.
Más allá de la anécdota, el desliz revela la improvisación y escaso cuidado con que algunas formaciones emergentes preparan su discurso político. En un tiempo en el que la política es comunicación instantánea y cualquier incoherencia se viraliza en segundos, fallos como este tienen un peso simbólico enorme: proyectan desorganización y falta de respeto hacia los votantes.
Para muchos analistas, el caso es casi paródico. No solo por lo grotesco del error geográfico, sino porque pone de relieve el vacío de contenido real en ciertos mensajes populistas. Si da igual hablar de Aragón o de Castilla y León, lo que importa no es la precisión del programa, sino el eslogan: el “ya basta” emocional que se lanza contra todo y contra todos. El contenido puede variar, pero la fórmula es siempre la misma.
El propio Pérez, fiel a su estilo, ha reaccionado minimizando el asunto y recurriendo a su retórica habitual: culpar a los medios y presentar cualquier crítica como una “campaña de manipulación”. Sin embargo, la evidencia está publicada en su web y difundida por su propio equipo, lo que hace difícil culpar a nadie más que a la falta de revisión interna.
En última instancia, este episodio no solo provoca risas —como sugiere el titular irónico “Nos merecemos unas risas”—, sino que sirve como metáfora de la política exprés que se construye con plantillas, hashtags y mensajes genéricos. En esa carrera por ofrecer indignación rápida, incluso los mapas acaban difuminados. Y Castilla y León, por un instante, se vio convertida en una comunidad aragonesa de ficción.
Tal vez el próximo paso sea un programa para “los gallegos de Albacete” o “los murcianos de La Rioja”. Que nadie lo descarte: en la era del copiar y pegar, todo es posible.