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La relación entre Vox y el sionismo se ha consolidado en los últimos años como uno de los ejes centrales de la proyección internacional del partido de Santiago Abascal, especialmente a raíz de la guerra en Gaza. Lo que comenzó como afinidad ideológica y geopolítica se ha transformado en una red de vínculos políticos, orgánicos y, según diversas informaciones, también económicos, que sitúan a Vox como uno de los aliados más firmes del Gobierno de Benjamin Netanyahu en Europa.
Alineamiento político con Israel
En el plano estrictamente político, Vox ha pasado de un apoyo retórico a Israel a un alineamiento prácticamente total con la agenda del Ejecutivo israelí. Un momento clave fue la reunión de Santiago Abascal con Benjamin Netanyahu en Jerusalén en 2024, en plena ofensiva sobre Gaza, que sirvió para escenificar ese compromiso y reforzar el papel del partido español dentro de la constelación de fuerzas europeas afines al Gobierno israelí. En paralelo, en el Parlamento Europeo, Vox ha votado de forma abrumadora a favor de las posiciones más cercanas a Tel Aviv en resoluciones sobre Oriente Próximo, alcanzando porcentajes cercanos al 99% de apoyo a dichas iniciativas.
Este alineamiento no se limita a la Eurocámara. En España, la formación ha utilizado su poder territorial para condicionar políticas sensibles relacionadas con Palestina, como cuando en la Comunidad Valenciana vinculó su apoyo a los presupuestos a la retirada de la subvención anual a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA). Todo ello ha llevado a que Netanyahu considere a Abascal y a sus aliados europeos como “compañeros de armas”, cristalizado en la creación de “Patriotas de Jerusalén”, la rama israelí de la internacional ultra impulsada por Vox.
Red de actores y lobis proisraelíes
Más allá de las instituciones, el vínculo entre Vox y el sionismo se sostiene en una trama orgánica compuesta por asociaciones, fundaciones y lobis proisraelíes que operan en España y en Europa. Destaca el papel de figuras como las hermanas Reigía, con Rosa Reigía como vicepresidenta de ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio), la principal organización lobista proisraelí en España, que ha intervenido en disputas internas señalando de “filonazi” a la concejala de Vox Carla Toscano por sus posiciones divergentes sobre Israel. ACOM, junto con otras plataformas, se ha situado como uno de los apoyos externos más influyentes para el discurso de Vox en defensa del Estado israelí y contra el movimiento.
En el espectro de las élites económicas y comunitarias, diversas investigaciones señalan la relevancia de empresarios y dirigentes judíos como David Hatchwell, presidente de la Fundación Hispanojudía y ex presidente de la Comunidad Judía de Madrid, que mantiene contactos estrechos con líderes de Vox. Textos críticos apuntan a que esta red de relaciones ha contribuido a aproximar al partido no solo al Gobierno israelí, sino también a estructuras del llamado “lobby sionista” en España y en Bruselas, incluyendo contactos con la European Coalition for Israel, que identifica a Vox como una de las fuerzas más pro-Israel de la Unión Europea.
La dimensión económica: de Hungría a las sospechas sobre Israel
El terreno financiero añade una capa de opacidad y controversia a estos vínculos. ElPlural.com recuerda que Vox reconoció haber recibido 9,2 millones de euros del Magyar Bankholding (MBH), un banco participado por el Estado húngaro y vinculado al Gobierno ultranacionalista de Viktor Orbán, utilizado para financiar sus campañas generales y municipales de 2023. Orbán es, a su vez, uno de los principales aliados de Israel en Europa, lo que alimenta las especulaciones sobre la convergencia de intereses entre Budapest, Tel Aviv y la ultraderecha española.
A este cuadro se suman las insinuaciones del exvicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, que ha deslizado la posibilidad de que exista financiación ligada al entorno de Netanyahu, sugiriendo que la obtención de recursos a través de Hungría podría encubrir una triangulación política y financiera más amplia. Otros trabajos periodísticos recuerdan que los orígenes del partido ya estuvieron marcados por recursos procedentes del exterior: El País documentó que Vox se fundó con cerca de un millón de euros procedentes del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, un grupo del exilio iraní relacionado con la oposición al régimen de Teherán y alineado con intereses occidentales e israelíes.
Tensiones internas y horizonte político
Esta estrategia de aproximación al sionismo no está exenta de costes internos dentro de Vox. Una parte del partido, asociada a figuras como Ortega Smith, ha intentado capitalizar el malestar por los “excesos” del Gobierno de Netanyahu en Gaza para cuestionar la línea de Abascal, abriendo un frente antisionista que utiliza la política exterior como palanca en las luchas de poder internas. Los ataques a perfiles como Carla Toscano y las descalificaciones cruzadas entre sectores proisraelíes y críticos evidencian una fractura ideológica que trasciende la mera táctica electoral.
En el contexto europeo, la alianza entre Vox y el sionismo se inserta en una tendencia más amplia: el acercamiento entre la extrema derecha y el Estado de Israel frente a enemigos comunes como el islamismo político, el movimiento BDS o ciertos sectores de la izquierda global. La cuestión abierta es si esta convergencia, sostenida por lobbies, redes empresariales y posibles apoyos financieros internacionales, reforzará la capacidad de influencia de Vox o, por el contrario, agudizará sus contradicciones internas y su imagen de fuerza dependiente de intereses exteriores.
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