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De profanaciones de tumbas a personas desaparecidas, las muestras de musgo ofrecen pistas cruciales sobre cuándo y dónde ocurrieron los crímenes, revelando el poder de la botánica forense.


En 2009, el teléfono de Matt von Konrat sonó en su laboratorio del Field Museum de Chicago. Al otro lado de la línea estaba el FBI. Querían saber si un botánico especializado en musgos podía ayudarles a resolver un caso de profanación de tumbas. [^1]

El caso involucraba al histórico cementerio Burr Oak, en Alsip, Illinois, lugar de descanso de figuras emblemáticas de la comunidad afroamericana como Emmett Till. Trabajadores del cementerio habían sido acusados de exhumar restos humanos de sus tumbas, trasladarlos a otro sector del terreno y revender las parcelas funerarias. [^2] Entre las pruebas recopiladas por los investigadores había un pequeño fragmento de musgo hallado a veinte centímetros bajo tierra, junto a los restos reubicados ilegalmente. Parecía insignificante. No lo era.

Von Konrat y su equipo compararon el fragmento con especímenes secos de la colección del museo e identificaron la especie: Fissidens taxifolius, conocido como musgo común de bolsillo. [^3] Lo siguiente fue revelador. Al inspeccionar el cementerio, descubrieron que esa especie no crecía cerca de la escena del crimen, pero sí formaba una colonia abundante en la zona de donde los investigadores sospechaban que habían sido desenterrados los huesos. [^1] El musgo, en silencio, señalaba el origen de los restos.

Pero la verdadera innovación del caso residió en la datación. Los acusados —los hermanos Keith y Terrence Nicks, junto con otros empleados del cementerio— afirmaban que la exhumación había ocurrido mucho antes de que ellos comenzaran a trabajar allí. Para refutar esa coartada, los investigadores necesitaban saber cuánto tiempo llevaba el musgo bajo tierra. Y aquí es donde la biología de las briofitas ofreció una ventaja inesperada.

A diferencia de los animales, los musgos no mueren de forma definitiva cuando se les retira de su sustrato. Incluso desecados, mantienen una actividad metabólica residual que declina lentamente con el tiempo. [^2] El equipo de Von Konrat midió la fluorescencia de la clorofila del fragmento —un indicador directo de cuánta actividad fotosintética conservaba— y la comparó con la de muestras frescas y desecadas de edad conocida. Los resultados indicaron que el musgo tenía entre uno y dos años, y que había permanecido enterrado menos de seis meses. [^2] Eso situaba la profanación precisamente en el período en que los acusados trabajaban en el cementerio. En 2015, los cuatro implicados fueron condenados por profanación de restos humanos.

El caso Burr Oak no es un episodio aislado. La briología forense —el uso de musgos como evidencia en investigaciones criminales— tiene una trayectoria discreta pero creciente. Una revisión publicada en 2025 en Forensic Sciences Research por Merkel, von Konrat, Stark y colegas documenta múltiples aplicaciones de las briofitas en la ciencia forense, desde la estimación del intervalo post mortem hasta la vinculación de sospechosos con escenas del crimen. [^4] Según los autores, todas las aplicaciones reportadas hasta la fecha se han limitado a musgos —dejando sin explorar el potencial de hepáticas y antocerotes—, y la evidencia botánica en general sigue siendo infrautilizada por las fuerzas del orden.

Otro caso notable se remonta a 2003 en Finlandia. En un homicidio investigado por Korpelainen y Virtanen, publicado en el Journal of Forensic Sciences, se encontraron tres especies de briofitas en la ropa de los sospechosos: Brachythecium albicans, Calliergonella lindbergii y Ceratodon purpureus. Las mismas especies crecían en la escena del crimen. [^5] Los investigadores aplicaron técnicas de huella genética (ADN) a las especies que se reproducen clonalmente, y concluyeron que los fragmentos hallados en los sospechosos probablemente provenían del lugar del crimen. Fue una de las primeras aplicaciones de la genética molecular de briofitas en un contexto forense.

En Italia, Lancia y colegas utilizaron la tasa de crecimiento de la briofita Leptodyctium riparium para estimar el intervalo post mortem mínimo de restos óseos hallados en un área boscosa cerca de Perugia. [^6] Y en Siena, Margiotta y colegas analizaron fragmentos de Tortula muralis y Bryum capillare encontrados en una escena donde no estaba claro si la muerte de una joven había sido accidente, suicidio u homicidio. La comparación de esos fragmentos con los musgos de la escalera que la víctima había utilizado permitió reconstruir la dinámica del suceso. [^7]

¿Por qué son tan útiles los musgos en este contexto? Varias razones convergen. Son ubicuos: crecen en casi todos los ambientes del mundo, desde superficies urbanas hasta bosques densos. Son diminutos y fácilmente transferibles: sus fragmentos se adhieren a zapatos, ropa y piel sin que la persona lo note. Son clonales: muchas especies se reproducen vegetativamente, lo que permite vincular genéticamente una muestra con una colonia específica. Y conservan información temporal en su metabolismo, ofreciendo un reloj biológico que otras evidencias no proporcionan.

Sin embargo, la disciplina enfrenta obstáculos. El principal es el desconocimiento. Pocos equipos de investigación criminal están entrenados para identificar y recoger material botánico microscópico en una escena del crimen. [^4] Para cuando se consulta a un especialista, la escena puede estar comprometida y la evidencia perdida. Además, la interpretación requiere colaboración entre briólogos, ecólogos y científicos forenses, un tipo de trabajo interdisciplinario que no siempre es fácil de coordinar.

Von Konrat ha sido consultado para otros casos desde Burr Oak. En el Field Museum, un panel de una exposición de 2017 resume la lección del caso con una frase contundente: «La gente miente, pero el musgo no.» [^2] Es una simplificación, por supuesto —la evidencia botánica es circunstancial y debe integrarse con otras pruebas—, pero captura algo esencial: en un mundo donde los testigos pueden fallar, las plantas ofrecen un registro silencioso y verificable.

La botánica forense no reemplazará a la entomología, la genética ni la balística. Pero el musgo, esa planta que la mayoría pisa sin ver, tiene algo que decir cuando se le pregunta correctamente.


Este artículo se basa en una búsqueda preliminar de literatura; una revisión más profunda podría identificar casos adicionales y aplicaciones emergentes en este campo.

[^1]: How moss helped solve a grave-robbing mystery – Phys.org, 2026.

[^2]: Bassi, 2026. How a Tiny Clump of Moss Helped the FBI Solve a Grave-Robbing …

[^3]: Konrat et al., 2025. Silent witnesses: mosses provide important evidence in solving a cemetery crime. Forensic Sciences Research.

[^4]: Merkel et al., 2025. Green clues: unveiling the role of bryophytes in forensic science. Forensic Sciences Research.

[^5]: Korpelainen & Virtanen, 2003. DNA fingerprinting of mosses. Journal of Forensic Sciences.

[^6]: Lancia et al., 2013. The Use of Leptodyctium riparium (Hedw.)Warnst in the Estimation of Minimum Postmortem Interval. Journal of Forensic Sciences.

[^7]: Margiotta et al., 2015. Forensic botany as a useful tool in the crime scene: Report of a case. Journal of Forensic and Legal Medicine.


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.