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En un nuevo episodio de su estrategia autoritaria, Stellantis —el gigante automovilístico fruto de la fusión entre Fiat Chrysler y PSA— ha dado un paso más en su cruzada contra los derechos laborales. Esta vez, el coloso industrial ha recurrido al Tribunal de Turín para obtener una orden judicial que prohíbe las protestas de 200 trabajadores de la empresa auxiliar Trasnova, condenados al despido. No es solo un ataque a la libertad sindical, sino un golpe a la democracia misma, donde los tribunales se convierten en cómplices de una multinacional que actúa como un Estado dentro del Estado.

La Represión Sindical como Política de Empresa

Stellantis no es ajena a la represión. Desde su creación en 2021, ha demostrado una obsesión patológica por desmantelar cualquier forma de organización obrera que cuestione sus intereses. En Italia, Francia, España y otros países donde opera, los casos de despidos masivos, intimidación a delegados sindicales y persecución a huelguistas se multiplican. Pero lo ocurrido en Turín es especialmente grave: un juez ha avalado que una empresa prohíba el derecho fundamental a la protesta, algo que debería escandalizar a cualquier sociedad que se precie de democrática.

Los trabajadores de Trasnova, subcontratados por Stellantis, llevan meses luchando contra un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) injusto, que los deja en la calle mientras la multinacional sigue registrando beneficios récord (más de 14.000 millones de euros en 2023). Pero en lugar de negociar, Stellantis prefiere judicializar la lucha obrera, usando el poder del dinero para comprar sentencias que criminalicen la disidencia. ¿Dónde queda el derecho a la huelga, consagrado en la Constitución italiana y en los tratados internacionales? ¿Dónde queda la libertad de expresión cuando un tribunal decide que los trabajadores no pueden alzar la voz?

El Tribunal como Herramienta de la Patronal

Que un juez de Turín haya aceptado prohibir las movilizaciones no es un error, sino un síntoma de un sistema judicial cada vez más alineado con los intereses del capital. En Italia, como en otros países europeos, los tribunales han demostrado una tendencia preocupante a favorecer a las grandes corporaciones en conflictos laborales. Recordemos el caso de Amazon, que en 2022 logró que un tribunal español prohibiera una huelga en plena campaña navideña, o el de Ryanair, que ha utilizado los tribunales para perseguir a sindicalistas en toda Europa.

Stellantis, con su ejército de abogados y lobbistas, sabe que el sistema está diseñado para proteger a los poderosos. Mientras los trabajadores tienen que reunir fondos para pagar defensas legales, la multinacional puede permitirse recurrir a los mejores bufetes para agotar a sus oponentes en procesos interminables. Es la justicia de clase en estado puro: una herramienta más de dominación, donde el dinero decide quién tiene derecho a protestar y quién no.

Stellantis: Un Modelo de Explotación Global

Detrás de la fachada de «innovación» y «sostenibilidad» que vende Stellantis, se esconde una realidad de precariedad y explotación. La empresa ha convertido la subcontratación en su modelo de negocio, externalizando los costes laborales a empresas como Trasnova, donde los salarios son más bajos, los derechos más frágiles y los despidos más fáciles. Mientras tanto, sus altos ejecutivos se embolsan millones en bonos (el CEO, Carlos Tavares, cobró 23,5 millones de euros en 2023), y los accionistas reciben dividendos millonarios.

Este no es un problema solo de Italia. En España, Stellantis ha cerrado plantas históricas como la de Vigo (aunque luego retrocedió ante la presión social), y en Francia ha amenazado con deslocalizar producción si los trabajadores no aceptan peores condiciones. En Polonia y Serbia, sus fábricas operan con salarios de miseria y jornadas extenuantes. Stellantis no es una empresa, es un imperio de la explotación, y su estrategia es clara: dividir a los trabajadores, precarizar el empleo y eliminar cualquier resistencia organizada.

La Resistencia es el Único Camino

Ante esta ofensiva, los trabajadores de Trasnova y de toda Europa no tienen más opción que resistir. Prohibir las protestas no detendrá la lucha, solo la hará más necesaria. Los sindicatos, los movimientos sociales y la izquierda política deben unirse en una respuesta contundente que vaya más allá de lo legal. Porque cuando los tribunales fallan, cuando los gobiernos miran para otro lado y cuando las empresas actúan como señores feudales, la única salida es la movilización masiva.

Stellantis quiere un mundo donde los trabajadores no tengan voz, no tengan derechos y no tengan futuro. Pero la historia demuestra que ningún imperio es eterno. Desde las luchas obreras del siglo XIX hasta las huelgas de Amazon y Uber en el siglo XXI, la clase trabajadora siempre ha encontrado formas de organizarse y vencer. La prohibición de las protestas no es el fin, sino el inicio de una batalla más dura.

Conclusión: ¿Hasta Cuándo Toleraremos Esta Dictadura Corporativa?

Stellantis no es una excepción, sino el símbolo de un sistema económico que ha declarado la guerra a los trabajadores. Su estrategia de represión judicial, precarización laboral y deslocalización es la misma que siguen otras multinacionales como Inditex, Tesla o Glovo. Pero lo ocurrido en Turín debe ser un llamado de alerta: si permitimos que una empresa prohíba las protestas, ¿qué nos impedirá mañana prohibir las huelgas, los sindicatos o incluso las elecciones?

La lucha de los trabajadores de Trasnova no es solo por sus empleos, sino por la democracia misma. Porque una sociedad donde los ricos pueden comprar sentencias para silenciar a los pobres no es una democracia, es una oligarquía. Y contra eso, no hay orden judicial que valga.


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Generado por Mistral large 3


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.