Getting your Trinity Audio player ready...

En los últimos años, un debate recurrente ha sacudido los círculos académicos y sociales: ¿está la Generación Z (nacida entre mediados de los 90 y principios de los 2010) perdiendo capacidades cognitivas? La alarma saltó cuando un grupo de neurocientíficos advirtió ante el Senado de Estados Unidos que los jóvenes actuales obtienen peores resultados que generaciones anteriores en pruebas de memoria, comprensión lectora y matemáticas. Sin embargo, reducir este fenómeno a una supuesta «pérdida de inteligencia» es simplista. Detrás de estos datos hay un entramado de factores sociales, tecnológicos y educativos que merecen un análisis más profundo.

El declive en cifras: ¿qué dicen los estudios?

Investigaciones como el Programme for International Student Assessment (PISA) o el National Assessment of Educational Progress (NAEP) en EE.UU. muestran tendencias preocupantes. Por ejemplo:

  • En matemáticas, los estudiantes de 15 años en países de la OCDE han registrado caídas significativas desde 2018.
  • En comprensión lectora, el porcentaje de jóvenes con habilidades básicas ha disminuido en varias naciones.
  • Estudios longitudinales, como los del psicólogo noruego Ole Rogeberg, sugieren que el efecto Flynn (el aumento histórico del coeficiente intelectual) se ha estancado o incluso revertido en algunas regiones.

Pero estos datos no son uniformes. Mientras algunos jóvenes empeoran, otros mantienen o superan los estándares previos. ¿Qué explica esta disparidad?

Tecnología: ¿aliada o enemiga del cerebro?

Uno de los factores más citados es el impacto de la cultura digital. La Generación Z es la primera en crecer con smartphones, redes sociales y acceso ilimitado a información (y desinformación). Algunos efectos son evidentes:

  • Atención fragmentada: Estudios como los de Gloria Mark (Universidad de California) muestran que los jóvenes cambian de tarea cada 47 segundos en promedio, lo que dificulta la concentración profunda.
  • Memoria externalizada: Confiar en Google o en notas digitales reduce la necesidad de retener información, un fenómeno que el neurocientífico Daniel Wegner llamó «efecto Google».
  • Sobreestimulación: Plataformas como TikTok o YouTube priorizan contenidos breves y emocionales, lo que puede atrofiar la capacidad de procesar textos largos o argumentos complejos.

Sin embargo, no todo es negativo. La tecnología también ha potenciado habilidades como el pensamiento multitarea (aunque con límites) o la alfabetización digital, esencial en el siglo XXI. El problema no es la tecnología en sí, sino su uso desregulado.

Educación: ¿un sistema en crisis?

Otro factor clave es la transformación de los modelos educativos. En las últimas décadas, muchos países han priorizado:

  • Enfoques pedagógicos «blandos»: Menos énfasis en la memorización o el cálculo mental, y más en competencias socioemocionales o proyectos colaborativos. Esto puede explicar por qué algunos jóvenes dominan habilidades blandas pero flaquean en matemáticas o gramática.
  • Desigualdad educativa: La brecha entre escuelas públicas y privadas, o entre zonas urbanas y rurales, se ha agravado. En EE.UU., por ejemplo, el NAEP reveló que los estudiantes de bajos ingresos perdieron más terreno durante la pandemia.
  • Presión por resultados: En sistemas como el español o el estadounidense, la obsesión por los exámenes estandarizados puede generar estrés y desmotivación, afectando el rendimiento.

Salud mental y contexto social

La Generación Z enfrenta desafíos únicos que también influyen en su desempeño cognitivo:

  • Ansiedad y depresión: Según la OMS, los trastornos mentales en adolescentes han aumentado un 50% en la última década. La ansiedad crónica dificulta la concentración y el aprendizaje.
  • Sueño insuficiente: El uso nocturno de dispositivos electrónicos altera los ritmos circadianos, y la falta de sueño afecta la memoria y el razonamiento.
  • Incertidumbre económica: La precariedad laboral y la crisis climática generan estrés existencial, lo que puede reducir la motivación académica.

¿Estamos midiendo mal la inteligencia?

Aquí surge una pregunta incómoda: ¿son las pruebas tradicionales el mejor indicador de inteligencia en el siglo XXI? Algunos expertos, como el psicólogo Howard Gardner, argumentan que el CI o los exámenes estandarizados no capturan habilidades como:

  • Inteligencia emocional (gestión de relaciones).
  • Creatividad (clave en un mundo automatizado).
  • Pensamiento crítico (para navegar la desinformación).

Además, la Generación Z destaca en áreas como:

  • Alfabetización mediática: Saben identificar fake news mejor que los adultos.
  • Adaptabilidad: Han crecido en un mundo en constante cambio tecnológico.
  • Conciencia social: Son más sensibles a temas como la diversidad o la sostenibilidad.

Conclusión: no es un declive, es una transformación

La Generación Z no es «menos inteligente», sino que piensa y aprende de manera distinta. El desafío no es lamentar un supuesto retroceso, sino adaptar los sistemas educativos y sociales a sus necesidades. Algunas claves para el futuro:

  1. Educación híbrida: Combinar lo mejor de la tecnología (aprendizaje personalizado) con lo mejor de la pedagogía tradicional (lectura profunda, matemáticas).
  2. Salud mental: Invertir en programas de bienestar emocional en escuelas.
  3. Nuevas métricas: Evaluar habilidades como la resiliencia, la colaboración o la ética digital.
  4. Uso consciente de la tecnología: Enseñar a los jóvenes a gestionar su tiempo en redes sociales y a priorizar contenidos de calidad.

En definitiva, el debate no debería ser «¿son menos inteligentes?», sino «¿estamos preparando a los jóvenes para los desafíos del futuro?». La Generación Z tiene el potencial de ser la más innovadora de la historia, pero necesita herramientas —y no prejuicios— para demostrarlo.

Generado por Mistral large 3


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.