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Por primera vez en dieciséis años, Hungría ha dicho basta. Viktor Orbán, el autoproclamado «profeta» de la ultraderecha nacionalista, el arquitecto de la «democracia iliberal» y el aliado más incómodo de Vladimir Putin y Donald Trump en Europa, ha sido derrotado en las urnas. Su sucesor, Péter Magyar, un excolaborador que rompió con él en 2024, ha logrado una victoria arrolladora, obteniendo más de dos tercios del Parlamento. El resultado no solo marca un punto de inflexión para Hungría, sino que envía ondas de choque a la red internacional de líderes populistas que veían en Orbán un modelo a seguir.
El fin de una era: de la «democracia iliberal» a la reconstrucción democrática
Desde 2010, Orbán transformó Hungría en un laboratorio de autoritarismo disfrazado de democracia. Bajo su mandato, el país se convirtió en el ejemplo perfecto de lo que él mismo llamó «democracia iliberal»: elecciones formalmente libres, pero con medios de comunicación controlados, un poder judicial debilitado, ONGs perseguidas y una corrupción sistémica que enriqueció a su círculo cercano. En 2022, aprovechando la guerra en Ucrania, declaró el «estado de peligro», una medida que le permitió gobernar por decreto y profundizar el desmantelamiento de las instituciones democráticas.
Ahora, con una mayoría parlamentaria abrumadora, Magyar tiene el poder —y la responsabilidad— de revertir estas políticas. Entre las reformas más urgentes que se esperan están:
- La restauración de la independencia judicial, actualmente sometida al control del gobierno.
- La liberalización de los medios de comunicación, muchos de ellos en manos de oligarcas afines a Orbán.
- El fin de las leyes anti-LGBTQ+ y antiinmigración, que han convertido a Hungría en un paria dentro de la UE.
- La revisión de los contratos energéticos con Rusia, que han mantenido al país dependiente de Moscú a pesar de las sanciones europeas.
Bruselas respira aliviada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebró los resultados con un mensaje claro: «Hungría ha elegido a Europa». Pero, ¿realmente es así?
¿Quién es Péter Magyar? Del círculo de Orbán al cambio de rumbo
Magyar no es un outsider de la política húngara. Durante años, fue un aliado cercano de Orbán, incluso trabajó en la representación húngara ante la UE. Su ruptura con el primer ministro en 2024 fue abrupta y pública, marcada por acusaciones de corrupción y abuso de poder. Aunque se le considera más europeísta y moderado que su predecesor, su pasado genera escepticismo.
- ¿Un reformista genuino o un oportunista? Magyar ha prometido «limpiar» Hungría, pero algunos analistas temen que su gobierno sea más de continuidad con ajustes que de ruptura radical.
- Su relación con la UE: A diferencia de Orbán, que bloqueó fondos europeos y desafió abiertamente a Bruselas, Magyar ha prometido reanudar el diálogo, aunque sin ceder en temas como la soberanía nacional.
- Política exterior: Se espera que mantenga una postura menos pro-Putin, pero sin alinearse completamente con Ucrania. Su prioridad será recuperar los fondos europeos congelados por las violaciones del Estado de derecho.
Un golpe a la internacional ultraderechista
La derrota de Orbán no es solo un revés para Hungría, sino para toda la red de líderes populistas que lo veían como un referente. Desde Jair Bolsonaro hasta Javier Milei, pasando por Benjamin Netanyahu y el vicepresidente de Trump, JD Vance, Orbán era el «padrino» de la nueva derecha radical, un hombre que demostró que se podía gobernar desde el nacionalismo, el euroescepticismo y el autoritarismo sin perder el poder.
- Trump y Vance: El expresidente estadounidense y su número dos invertieron capital político en apoyar a Orbán, viendo en él un modelo para su propia agenda. Su derrota debilita su narrativa de que el populismo de derecha es imparable.
- Milei y la ultraderecha latinoamericana: El presidente argentino, que ha elogiado a Orbán como un «líder fuerte», ahora debe replantearse su estrategia. Si hasta Hungría —un país con una sociedad profundamente conservadora— rechaza el autoritarismo, ¿qué futuro tienen proyectos similares en América Latina?
- Putin y la guerra en Ucrania: Orbán fue el aliado más cercano de Rusia en la UE, vetando sanciones y bloqueando ayuda militar a Kiev. Su caída podría acelerar el apoyo europeo a Ucrania, aunque Magyar ha dejado claro que no romperá relaciones con Moscú de la noche a la mañana.
¿El principio del fin para la ola populista?
La victoria de Magyar es, sin duda, un síntoma de fatiga democrática en Europa del Este. Países como Polonia, donde el partido Ley y Justicia (PiS) gobernó con un modelo similar al de Orbán, ya han dado un giro hacia el centro con la llegada de Donald Tusk. Sin embargo, sería ingenuo pensar que el populismo ha muerto.
- El descontento social sigue ahí: La inflación, la corrupción y el cansancio con las élites políticas fueron clave en la derrota de Orbán. Si Magyar no cumple sus promesas, el péndulo podría volver a oscilar hacia la extrema derecha.
- La UE debe actuar con cautela: Bruselas tiene la oportunidad de reintegrar a Hungría en el proyecto europeo, pero debe evitar imponer condiciones que generen resentimiento. El riesgo es que Magyar termine adoptando un euroescepticismo light, como ha hecho Giorgia Meloni en Italia.
- El efecto contagio: Si Hungría logra estabilizarse democráticamente, otros países de la región —como Serbia o Eslovaquia— podrían seguir su ejemplo. Pero si Magyar fracasa, el mensaje será claro: el autoritarismo sigue siendo una opción viable.
Conclusión: un rayo de esperanza en un continente dividido
La caída de Orbán es, ante todo, una victoria de la sociedad húngara, que ha demostrado que incluso en un sistema diseñado para perpetuar el poder, el cambio es posible. Pero el camino por delante es largo. Magyar hereda un país polarizado, con instituciones debilitadas y una economía dependiente de Rusia. Su éxito dependerá de si logra reconstruir la democracia sin caer en los mismos vicios del pasado.
Para Europa, este es un momento crucial. Si Bruselas aprovecha la oportunidad para reforzar los valores democráticos sin imponer un modelo único, Hungría podría convertirse en un ejemplo de cómo salir del autoritarismo. Si, por el contrario, la UE actúa con arrogancia o Magyar decepciona, el fantasma de Orbán —o de alguien peor— podría regresar.
Por ahora, una cosa es clara: el mito de la invencibilidad de la ultraderecha ha sufrido un duro golpe. Y en un mundo donde el populismo avanza, eso ya es una buena noticia.
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