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Colombia se encuentra en un momento histórico en la protección de los derechos de las mujeres y niñas indígenas. El país, reconocido como el único en América Latina donde se ha documentado oficialmente la práctica de la mutilación genital femenina, está a punto de dar un paso definitivo para erradicar esta violación a los derechos humanos que afecta principalmente a la comunidad emberá.

Una Voz desde la Experiencia

Carla Quiñonez, una mujer emberá de 30 años, encarna la valentía de quienes transforman el dolor en acción. Su hija de cuatro años padece las consecuencias de una práctica ancestral que marca de por vida: dolores persistentes e infecciones urinarias recurrentes, síntomas habituales en las sobrevivientes de la ablación. Esta realidad personal se ha convertido en el motor de su activismo.

Quiñonez no está sola en esta lucha. Junto a un equipo de mujeres indígenas y congresistas comprometidos, está impulsando una ley que podría aprobarse en las próximas semanas, marcando un hito en la legislación colombiana y latinoamericana sobre derechos de las mujeres y la infancia.

¿Qué es la Ablación?

La ablación o mutilación genital femenina comprende todos los procedimientos que implican la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones causadas a estos órganos por razones culturales, religiosas o sociales, sin ninguna justificación médica.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 300 millones de niñas y mujeres vivas actualmente han sido sometidas a esta práctica. Aunque tradicionalmente asociada con regiones de África occidental, oriental y nororiental, además de algunos países de Medio Oriente y Asia, Colombia representa un caso excepcional en el continente americano.

El Contexto Colombiano

En Colombia, la ablación se practica principalmente entre algunas comunidades emberá, un pueblo indígena distribuido en regiones del Pacífico, el Chocó y zonas fronterizas. La práctica se realiza generalmente en niñas muy pequeñas, a menudo antes de cumplir un año de edad, en ceremonias privadas alejadas de la mirada pública.

El reconocimiento oficial de esta realidad por parte del Estado colombiano representa un avance significativo. Durante décadas, la práctica permaneció invisible, oculta bajo el manto del relativismo cultural y la dificultad de acceso a los territorios indígenas donde se lleva a cabo.

Los Riesgos y Consecuencias

Las consecuencias de la mutilación genital femenina son devastadoras y permanentes. A corto plazo, las niñas enfrentan riesgos de hemorragias severas, infecciones, shock y, en casos extremos, la muerte. A largo plazo, como ejemplifica el caso de la hija de Quiñonez, las sobrevivientes padecen infecciones urinarias crónicas, complicaciones en el parto, dolor durante las relaciones sexuales, problemas psicológicos y traumas profundos.

La OMS es categórica: la ablación no tiene ningún beneficio para la salud y viola los derechos fundamentales de las niñas y mujeres, incluyendo el derecho a la salud, la seguridad, la integridad física y el derecho a no ser sometidas a torturas ni tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Una Lucha Contracorriente

El trabajo de Carla Quiñonez y sus compañeras no es sencillo. Viajar por territorios remotos, donde el acceso es difícil y los servicios básicos escasos, es apenas el primer obstáculo. La resistencia proviene también de autoridades indígenas conservadoras que defienden la práctica como parte de su identidad cultural y cosmovisión.

Las activistas enfrentan amenazas constantes por su labor. Cuestionar tradiciones arraigadas en comunidades donde el peso de la costumbre es determinante requiere no solo convicción, sino también valor. Quiñonez y su equipo imparten talleres educativos, dialogan con líderes comunitarios, trabajan con madres y abuelas, buscando transformar mentalidades desde el respeto pero con firmeza.

El Debate Cultural

Uno de los aspectos más complejos de esta lucha es el equilibrio entre el respeto a la diversidad cultural y la protección de los derechos humanos universales. Mientras algunos líderes indígenas argumentan que la ablación forma parte de su patrimonio ancestral, los activistas y organizaciones de derechos humanos sostienen que ninguna práctica cultural puede justificar la violación de la integridad física de las niñas.

Este debate no es exclusivo de Colombia. En todo el mundo, comunidades que practican la ablación enfrentan la tensión entre tradición y derechos humanos. Sin embargo, cada vez más voces desde el interior de estas mismas comunidades, como la de Quiñonez, demuestran que es posible preservar la identidad cultural sin perpetuar prácticas dañinas.

Un Futuro sin Ablación

La posible aprobación de la ley contra la ablación en Colombia representaría un logro monumental. No solo proporcionaría herramientas legales para proteger a las niñas, sino que también enviaría un mensaje claro: los derechos de las niñas y mujeres son innegociables.

El camino hacia la erradicación total será largo. Requiere educación, diálogo intercultural, fortalecimiento de las redes de protección infantil y, sobre todo, el empoderamiento de mujeres como Carla Quiñonez, quienes desde su experiencia y conocimiento de sus comunidades pueden liderar la transformación desde adentro.

Colombia tiene la oportunidad de convertirse en referente latinoamericano en la protección contra la mutilación genital femenina, demostrando que el respeto a la diversidad cultural y la defensa de los derechos humanos no son incompatibles, sino complementarios en la construcción de sociedades más justas y equitativas.


Fuente: «Mi abuela le practicó la ablación a mi hija a mis espaldas cuando solo tenía 6 meses»: el ciclo sin fin de la mutilación genital en Colombia que una mujer lucha por terminar. BBC News


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.