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La organización de derechos humanos advierte en su informe anual que el orden mundial construido tras la Segunda Guerra Mundial está al borde del colapso, y hace un llamamiento urgente a Europa para que reaccione

Por la Redacción de Asuntos Globales

En un momento en que las crisis humanitarias se multiplican en distintos puntos del planeta, Amnistía Internacional ha publicado su informe anual con un tono inusualmente duro y directo. Bajo el título que evoca la «cobardía» de numerosos gobiernos, la organización acusa a varias potencias de enterrar la diplomacia en favor de la guerra, de traicionar los principios universales de derechos humanos y de poner en riesgo frágil el equilibrio internacional forjado tras 1945. Tres nombres emergen con especial protagonismo en el documento: Donald Trump, Vladímir Putin y Benjamín Netanyahu, a quienes Amnistía describe como «depredadores» de un orden basado en normas que, según la organización, ya no puede darse el lujo de permanecer pasivo.

Una condena sin precedentes

Amnistía Internacional lleva décadas documentando violaciones de derechos humanos en todos los continentes. Sin embargo, el informe de este año marca un punto de inflexión en el lenguaje y la urgencia del mensaje. La organización no se limita a enumerar atrocidades; señala directamente a líderes y a los Estados que los toleran por inacción o complicidad silenciosa. La palabra «cobardía» no ha sido elegida al azar: define, según Amnistía, la actitud de quienes tienen el poder y la responsabilidad de frenar los abusos, pero prefieren mirar hacia otro lado por cálculo político o económico.

«Lo que estamos presenciando no es simplemente una crisis aislada, sino un desmantelamiento sistemático de las normas que protegen la dignidad humana», afirma el informe. «Cuando los líderes mundiales eligen la indiferencia ante la brutalidad, se convierten en cómplices de esa brutalidad.»

Los «depredadores» en el punto de mira

La designación de Trump, Putin y Netanyahu como figuras centrales de la denuncia responde a una lógica que Amnistía ha articulado con claridad a lo largo de sus más de cien páginas de análisis.

En el caso de Vladímir Putin, la organización recuerda la invasión ilegal de Ucrania, los crímenes de guerra documentados, la represión interna contra la disidencia y el uso de la energía como arma geopolítica. La guerra en Ucrania no solo ha causado decenas de miles de muertos y millones de desplazados, sino que ha erosionado la confianza en el derecho internacional, demostrando que una potencia nuclear puede actuar con impunidad cuando el resto del mundo no responde con la firmeza necesaria.

Respecto a Benjamín Netanyahu, el informe pone el foco en la devastadora campaña militar en Gaza, calificada por Amnistía de posible genocidio. La organización documenta ataques deliberados contra infraestructuras civiles, hospitales, escuelas y convoyes humanitarios, así como el asedio sistemático que ha provocado una hambruna de proporciones bíblicas en la Franja. Amnistía subraya que el apoyo incondicional de Estados Unidos y de varias naciones europeas a Israel ha convertido a esos países en corresponsables de las violaciones masivas del derecho humanitario.

Donald Trump, por su parte, representa para Amnistía la amenaza de demolición del multilateralismo desde dentro. Su retirada de tratados internacionales, su hostilidad declarada hacia organismos como la Corte Penal Internacional, su política de inmigración basada en la demonización de los más vulnerables y su retórica de confrontación global constituyen, según la organización, un peligro existencial para el sistema de derechos humanos que Estados Unidos ayudó a construir después de la Segunda Guerra Mundial. «Trump no solo ignora las normas internacionales: las dinamita activamente», sentencia el documento.

Europa en la encrucijada

El informe reserva un capítulo especialmente significativo para Europa. Amnistía Internacional hace un llamamiento vehemente al Viejo Continente para que deje de oscilar entre la complacencia y la parálisis. «Europa tiene la obligación moral e histórica de liderar la defensa de los derechos humanos», afirma la organización. «Pero en lugar de ello, vemos cómo gobiernos europeos cierran fronteras a refugiados, pactan con dictadores y miran hacia otro lado ante las atrocidades en Gaza.»

La organización critica duramente la doble moral de quienes condenan las violaciones de derechos en unos contextos y las silencian en otros según sus intereses estratégicos. Este doble rasero, argumenta Amnistía, no solo destruye la credibilidad de Europa como actor de derechos humanos, sino que alimenta el cinismo global y facilita la propaganda de regímenes autoritarios.

El informe también señala el auge de partidos de extrema derecha en varios países europeos, cuyo discurso xenófobo y antiinmigración está normalizando actitudes que antes eran marginales. «El veneno del populismo autoritario se filtra en el corazón de las democracias europeas», advierte Amnistía, instando a la sociedad civil, a los medios de comunicación y a los ciudadanos a mantenerse vigilantes.

Un orden mundial en peligro

Uno de los ejes más preocupantes del informe es la advertencia sobre el desmoronamiento del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Naciones Unidas, la Carta Universal de Derechos Humanos, los convenios de Ginebra, la Corte Penal Internacional: todo ese andamiaje jurídico y moral diseñado para que «nunca más» se repitieran las barbaries del siglo XX está, según Amnistía, al borde de la irrelevancia.

«Cuando las grandes potencias desafían abiertamente las normas que ellas mismas ayudaron a crear, el mensaje que envían al mundo es devastador: la ley del más fuerte prevalece sobre la ley de la justicia», sostiene el documento. La organización advierte de que si esta tendencia no se revierte, las consecuencias serán catastróficas no solo para los derechos humanos, sino para la paz y la estabilidad globales.

Un llamamiento a la resistencia

El informe no se queda en la denuncia. Amnistía Internacional hace un llamamiento explícito a la resistencia: a los gobiernos para que recuperen el coraje diplomático, a los ciudadanos para que exijan rendición de cuentas a sus representantes, y a la sociedad civil global para que se mantenga unida frente a la oleada autoritaria.

«No estamos condenados a la impunidad», concluye el informe. «Cada generación ha tenido que luchar por sus derechos. La nuestra no es una excepción. Pero la ventana de oportunidad se está cerrando rápidamente. Si no actuamos ahora, el legado que dejaremos a las futuras generaciones será el de un mundo donde la dignidad humana es negociable.»

La pregunta que deja planteada Amnistía Internacional es, en última instancia, sencilla pero terriblemente incómoda: ¿están los líderes del mundo dispuestos a levantarse contra los depredadores, o seguirán alimentándolos con su silencio? La respuesta que se dé a esa cuestión determinará, en gran medida, el rumbo de las próximas décadas.

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admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.