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En la provincia de Málaga, una dolorosa verdad salió a la luz: una fosa común con los restos de 349 niños, víctimas del franquismo. Este hallazgo no es solo un hecho histórico; es un espejo que refleja la responsabilidad que aún hoy carga la derecha española con este pasado.

Durante la dictadura de Francisco Franco, la represión fue sistemática. Miles de opositores fueron ejecutados, encarcelados o desaparecidos. Pero lo que sucedió en Málaga va más allá de la represión política: es un crimen contra la infancia, un acto de crueldad inimaginable.

La fosa común de San Rafael, en Málaga, ha sido testigo silencioso durante décadas. Allí yacen los restos de 349 niños, algunos de apenas meses de vida, otros adolescentes. La mayoría fueron arrebatados a sus familias, ejecutados o murieron en condiciones infrahumanas en prisiones y hospitales. Sus nombres, en muchos casos, se perdieron en el olvido.

Este hallazgo nos obliga a preguntarnos: ¿cómo es posible que, más de 50 años después de la muerte de Franco, sigamos sin condenar completamente estos crímenes? La respuesta es compleja, pero innegable: la derecha española, heredera ideológica del franquismo, ha obstaculizado sistemáticamente el esclarecimiento de la verdad.

Partidos como el Partido Popular (PP) y Vox han rechazado consistentemente iniciativas para exhumar fosas comunes, identificar víctimas y reparar a las familias. Argumentan que «remover el pasado» genera división, pero en realidad lo que buscan es proteger una herencia que les resulta cómoda.

La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, fue un paso adelante, pero insuficiente. La derecha ha intentado bloquear su aplicación, argumentando que es «revanchista». Pero, ¿acaso exigir justicia es revancha? ¿O es simplemente cumplir con los derechos humanos más básicos?

En Málaga, el silencio de la derecha es ensordecedor. Mientras las familias de las víctimas luchan por recuperar a sus seres queridos, los políticos conservadores miran hacia otro lado. Prefieren mantener intacto el relato oficial: el de una España que «convive en paz» ignorando sus heridas.

Pero la paz sin justicia es una paz falsa. Los 349 niños de Málaga merecen ser recordados, no como números en una fosa, sino como personas con nombre, apellido y dignidad. Merecen que se haga justicia, que se castigue a los responsables (aunque sea simbólicamente) y que se repare a sus familias.

La derecha española, en lugar de asumir su responsabilidad histórica, prefiere la estrategia del olvido. Pero el pasado no se puede borrar con un decreto. Los huesos de esos 349 niños gritan desde la tierra: ¡nunca más!

Es hora de que la derecha española deje de ser cómplice del silencio. Es hora de que reconozca que el franquismo no fue solo una dictadura, sino un régimen criminal que violó los derechos humanos de forma sistemática. Es hora de que apoye de verdad la memoria histórica, no con discursos vacíos, sino con hechos concretos.

Málaga, 349 niños. Esta cifra no puede seguir siendo un número más en la lista de crímenes impunes. Es una deuda pendiente con la verdad, con la justicia y con la dignidad de las víctimas. Y mientras la derecha española se niegue a asumir su responsabilidad, esa deuda seguirá creciendo.

La historia no se puede cambiar, pero sí se puede interpretar. Y la interpretación que haga la derecha española de su pasado determinará su futuro. ¿Elegirá la verdad y la reparación, o seguirá enterrando cabezas en la arena?

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admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.