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En plena polémica por los restos humanos aparecidos durante las obras de la calle Guatemala, en el barrio madrileño de Chamberí, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, realizó unas declaraciones que encendieron la mecha de la indignación. Su tono, percibido por muchos como despectivo e ignorante hacia la memoria de las víctimas de la Guerra Civil, provocó una respuesta inmediata y contundente: la de Ramoncín, el mítico cantante de punk español, que con su habitual crudeza le espetó: «La ignorancia es muy osada. Cuando habla de los cráneos de la calle Guatemala, explicarle que en ese mismo tiempo la Inquisición quemaba a la gente. Pero si quiere buscar cráneos… Siguen estando en las cunetas. De una guerra de hace solo 80 años, no 500 años».

La frase, publicada en redes sociales, se viralizó en cuestión de horas y abrió un debate que trasciende lo anecdótico: el de una España que sigue sin hacer las paces con su pasado más sangriento.

Los cráneos de la calle Guatemala: una herida abierta en Madrid

Los hechos se remontan a 2022, cuando durante unas obras de reforma en la calle Guatemala, en el distrito de Chamberí, aparecieron restos óseos humanos. No eran los primeros ni serían los últimos. Madrid es, literalmente, un cementerio clandestino. Según datos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), en la capital y su área metropolitana se calcula que hay más de 300 fosas comunes sin exhumar, con un número estimado de víctimas que supera las 10.000 solo en la provincia.

La calle Guatemala se convirtió en símbolo. Los restos hallados pertenecían a personas fusiladas durante la represión franquista en los primeros meses de la Guerra Civil (1936-1939). Fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense para su identificación, un proceso que, según denuncian colectivos memorialistas, avanza con una lentitud desesperante. La Ley de Memoria Democrática de 2022, sucesora de la Ley de Memoria Histórica de 2007, prometía agilizar estas exhumaciones, pero la realidad sobre el terreno cuenta otra historia.

Lo que dijo Ayuso — y por qué dolió

Isabel Díaz Ayuso, conocida por su estilo combativo y su retórica contra lo que ella denomina «el comunismo», calificó el hallazgo en términos que muchos interpretaron como una minimización del sufrimiento de las víctimas. Según distintas fuentes periodísticas —entre ellas ElDiario.es y Público—, la presidenta madrileña restó importancia al descubrimiento, llegando a sugerir que se trataba de algo del pasado que no debía utilizarse con fines políticos.

La reacción fue inmediata. La Asociación de Familiares de Víctimas del Franquismo en Madrid emitió un comunicado calificando las palabras de Ayuso de «ofensivas e ignorantes». Historiadores como Paul Preston, autor de la monumental biografía sobre Franco y referente mundial en el estudio de la Guerra Civil, ha señalado en reiteradas ocasiones que España es uno de los países europeos que peor ha gestionado su memoria histórica, muy por detrás de Alemania con el nazismo o incluso de Italia con el fascismo.

La respuesta de Ramoncín: punk con conciencia

Y entonces apareció Ramoncín. José Ramón Rodríguez, el hombre que en los años ochenta cantaba «Como una rata» y «Putney Bridge», que fue perseguido por la censura franquista y que convirtió el escenario en trinchera, no necesitó más de tres líneas para desmontar el discurso de Ayuso con una precisión quirúrgica.

Su argumento es demoledor en su sencillez. La Inquisición española, ese instrumento de terror religioso que Ayuso parecía evocar para relativizar el horror, fue abolida oficialmente en 1834 —hace casi 200 años, no 500 como ella insinuó—. Pero los cráneos que siguen apareciendo en las cunetas de España no tienen 500 años: tienen 80. Son de abuelos, bisabuelos, vecinos que fueron sacados de sus casas, paseados y fusilados en 1936, 1937, 1938. La diferencia temporal no es un detalle: es la diferencia entre la historia y la memoria viva.

Ramoncín, que siempre ha combinado su música con un compromiso político explícito —fue detenido en 1977 por un concierto considerado subversivo—, tocó aquí la fibra más sensible del debate. Porque el problema de fondo no es si Ayuso conoce o no las fechas de la Inquisición. El problema es que, como ha denunciado la plataforma Memoria y Justicia, en España siguen sin exhumarse más de 2.000 fosas comunes, con un estimado de 114.000 desaparecidos según el informe de 2008 del juez Baltasar Garzón. Y mientras eso siga siendo así, cualquier político que minimice el hallazgo de un cráneo está, consciente o inconscientemente, pisoteando la memoria de quienes no pueden defenderse.

Una España que no quiere mirar

El caso de la calle Guatemala no es aislado. En 2023, aparecieron restos en la carretera de Barajas. En 2024, nuevos hallazgos en el cementerio de la Almudena. Cada excavación es un recordatorio de que la Guerra Civil no terminó en 1939: terminó cuando se exhumó al último desaparecido, y eso aún no ha ocurrido.

Países como Alemania, con sus Stolpersteine —adoquines con los nombres de las víctimas del Holocausto esparcidos por sus aceras—, o Francia, con su política activa de memoria, han entendido que mirar al pasado no debilita la democracia: la fortalece. España, en cambio, sigue atrapada en un pacto de silencio que ninguna ley ha logrado romper del todo.

Ramoncín, con su jerga de barrio y su guitarra eléctrica, lo resumió mejor que cualquier editorial. La ignorancia es osada, sí. Pero peor aún es la indiferencia disfrazada de pragmatismo. Porque esos cráneos no están en un libro de historia. Están en la cuneta de al lado de tu casa. Y llevan ahí solo 80 años.

Eso no es pasado. Es ayer.

Generado por ernie 5.1 preview

Categorías: HistoriaPolítica

admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.