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El pasado sábado 24 de mayo de 2026, la Policía Municipal de Madrid detuvo al dramaturgo y director teatral Ramón Paso, de 50 años, acusado de una presunta agresión sexual a una menor de 15 años en pleno centro de la capital. Los hechos ocurrieron en el cruce entre la calle Alcalá y el Paseo del Prado, donde unos viandantes alertaron a una patrulla al observar tocamientos de carácter sexual del adulto hacia la adolescente. Según los testigos, Paso acariciaba los muslos y las nalgas de la menor, además de besarla en el cuello y los hombros. Cuando los agentes intervinieron, el dramaturgo alegó que la joven, su alumna de teatro, había tenido un incidente con compañeros de su instituto y que él solo la estaba «consolando».

Lo que convierte este caso en un escándalo aún más estremecedor es que Ramón Paso ya tenía abierta, desde abril de 2024, una causa judicial por agresión y acoso sexual a 14 mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. Las denuncias, presentadas por la Fiscalía Provincial de Madrid, describían un patrón de conducta que se remontaba a 2018: Paso habría aprovechado su posición como director y profesor de teatro para cometer agresiones sexuales, acoso, hostigamiento, coacciones y delitos contra la integridad moral. Las víctimas, en su mayoría jóvenes actrices en el inicio de sus carreras, fueron «captadas» durante castings, donde el dramaturgo habría utilizado su influencia para someterlas a situaciones de vulnerabilidad.

Un patrón de impunidad

El caso de Ramón Paso no es un incidente aislado, sino la culminación de un comportamiento sistemático que, según las denuncias, se ha prolongado durante años. Las 14 mujeres que presentaron denuncia en 2024 relataron cómo el dramaturgo, bisnieto del famoso escritor Enrique Jardiel Poncela y nieto del también dramaturgo Alfonso Paso, habría abusado de su poder en el ámbito teatral. Muchas de las víctimas eran jóvenes en situación económica precaria, con familias desestructuradas o residentes en otras provincias, lo que las colocaba en una posición de especial vulnerabilidad. Algunas, incluso, tenían experiencias traumáticas previas y veían en el teatro una salida a sus dificultades. Paso, según la Fiscalía, habría aprovechado estas circunstancias para cometer sus presuntos delitos.

Lo más alarmante es que, a pesar de la gravedad de las acusaciones y de que la causa judicial estaba ya en marcha, Ramón Paso seguía ejerciendo como profesor de teatro. Esto plantea preguntas incómodas: ¿Cómo es posible que una persona con una denuncia abierta por delitos sexuales contra 14 mujeres pudiera seguir en contacto con menores de edad? ¿Dónde estaban los mecanismos de control y protección?

La detención: un nuevo capítulo en el escándalo

La detención del pasado fin de semana ha sacudido a la sociedad española. La menor de 15 años, alumna de Paso, quedó con él a espaldas de sus padres. El dramaturgo, según su versión, la estaba consolando tras un conflicto con compañeros de su instituto. Sin embargo, los testigos que alertaron a la policía describieron una escena muy distinta: tocamientos y besos que no encajaban con una relación profesor-alumna. La joven fue trasladada a un centro médico, mientras que Paso fue conducido a las dependencias de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Nacional.

Tras su detención, Ramón Paso fue puesto en libertad sin medidas cautelares por el Juzgado de Violencia contra la Infancia y Adolescencia de Madrid. Esto significa que, de momento, no se le ha impuesto ninguna restricción mientras se investigan los hechos. Sin embargo, la causa por los delitos contra las 14 mujeres sigue su curso, y el dramaturgo aún no ha declarado ante el tribunal por estos casos.

Reacciones en el mundo del teatro

El escándalo ha provocado una onda expansiva en el mundo del teatro. Pepe Viyuela, actor y colaborador de Paso, no dudó en distanciarse del dramaturgo cuando se conocieron las primeras denuncias en 2024. «Son 14 mujeres, es la Fiscalía, es un asunto que pinta muy mal y yo no me siento capaz», declaró Viyuela, quien renunció a seguir actuando bajo su dirección. La obra «Jardiel enamorado», que ambos estrenaron juntos, fue cancelada tras saltar la noticia.

Otros profesionales del sector han expresado su indignación por la falta de acción temprana. «Esto no es solo un problema de Ramón Paso, es un problema del sistema. ¿Cómo se permite que alguien con estas acusaciones siga trabajando con menores?», se pregunta una actriz que prefirió mantener el anonimato.

Un sistema que falló

El caso de Ramón Paso pone de manifiesto las carencias de un sistema que, en teoría, debería proteger a las víctimas y prevenir este tipo de abusos. Que un hombre con una denuncia abierta por delitos sexuales contra 14 mujeres pudiera seguir ejerciendo como profesor de teatro, en contacto con menores, es un fracaso colectivo. Las preguntas son muchas: ¿Por qué no se tomó ninguna medida cautelar mientras se investigaban los hechos? ¿Por qué no se alertó a las instituciones educativas y culturales sobre los riesgos que representaba Paso?

Además, el perfil de las víctimas —jóvenes, en muchos casos sin recursos y con el sueño de ser actrices— refleja un patrón de depredación que no es nuevo en el mundo del arte y el entretenimiento. Personas en posiciones de poder que utilizan su influencia para explotar a quienes están en una situación de vulnerabilidad. Este caso recuerda a otros escándalos similares, como los de Harvey Weinstein o Kevin Spacey, donde el silencio y la complicidad permitieron que los abusos continuaran durante años.

¿Qué viene ahora?

La detención de Ramón Paso por la agresión a la menor de 15 años es solo el último capítulo de un caso que está lejos de cerrarse. La Fiscalía de Madrid continúa investigando las denuncias de las 14 mujeres, y es probable que, en los próximos meses, se conozcan más detalles sobre los presuntos delitos. Mientras tanto, la sociedad española —y en particular el mundo del teatro— debe reflexionar sobre cómo evitar que situaciones como esta se repitan.

Es fundamental que las instituciones, ya sean judiciales, educativas o culturales, actúen con rapidez y contundencia cuando se presentan denuncias de este tipo. La protección de las víctimas, especialmente de las menores, debe ser una prioridad absoluta. Además, es necesario romper el silencio y la complicidad que, en demasiadas ocasiones, rodea a los casos de abuso de poder y agresiones sexuales.

Conclusión

La historia de Ramón Paso es, ante todo, la historia de un sistema que falló. Falló a las 14 mujeres que denunciaron sus presuntos abusos en 2024. Falló a la menor de 15 años que, según los testigos, fue agredida en plena calle. Y falló a la sociedad, que tiene derecho a esperar que quienes cometen delitos de esta gravedad no puedan seguir actuando con impunidad.

Este caso debe servir como un punto de inflexión. Es hora de que el mundo del teatro, y la sociedad en su conjunto, asuman su responsabilidad y tomen medidas para garantizar que nadie más tenga que pasar por lo que han pasado las víctimas de Ramón Paso. La justicia debe actuar, pero también la prevención y la educación. Solo así podremos hablar de un futuro donde casos como este sean, por fin, cosa del pasado.

Generado por Le Chat Mistral


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.