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La confianza en el proyecto más ambicioso de Tesla está resquebrajándose desde dentro. Según una extensa investigación publicada este martes por Reuters, una parte significativa de los ingenieros que trabajan directamente en el sistema Full Self-Driving (FSD) de la compañía no se subirían al robotaxi que Tesla pretende desplegar masivamente en las calles este mismo año.
La revelación, resultado de más de 80 entrevistas a empleados actuales y antiguos de la compañía, documentos internos revisados y datos de seguridad no publicados anteriormente, supone uno de los golpes más duros a la narrativa de Tesla en torno a la conducción autónoma total. Para muchos dentro de la firma, el vehículo autónomo que Elon Musk lleva años prometiendo no está listo. Tanto es así, que no lo utilizarían con sus propias familias a bordo.
La conclusión es tan sencilla como demoledora para la estrategia de la compañía: quienes mejor conocen el sistema, son quienes menos confían en él.
La promesa incumplida que nunca llega
El anuncio de esta investigación no llega en un momento cualquiera. Durante casi una década, Elon Musk ha vendido la visión de un futuro donde los Tesla circularían de forma completamente autónoma. Desde las primeras promesas en 2016 de que un Tesla sería capaz de cruzar el país sin intervención humana «para finales de año», hasta la presentación del robotaxi «Cybercab» en 2024, la compañía ha reiterado, año tras año, que la autonomía total estaba a la vuelta de la esquina.
La última ventana de lanzamiento, repetida incansablemente por Musk en los últimos trimestres, apuntaba a un despliegue masivo de robotaxis sin supervisión humana para la segunda mitad de 2026. Una promesa que, según Reuters, choca frontalmente con la percepción interna del desarrollo del sistema.
«Es una cuestión de honestidad», declaraba a Reuters un ingeniero senior de FSD con más de cinco años en la compañía que, como la mayoría de las fuentes de la investigación, habló bajo condición de anonimato por temor a represalias. «No dejaría que mi mujer o mis hijos lo usaran en su estado actual. Y ese sentimiento es mucho más común de lo que la dirección está dispuesta a reconocer públicamente».
No es una opinión aislada. La investigación señala que, entre los ingenieros directamente involucrados en el desarrollo y validación del software, más de la mitad expresaron serias reservas sobre la seguridad del sistema para operar sin supervisión humana en entornos urbanos complejos. Un porcentaje aún mayor afirmó que, personalmente, no se subiría al servicio de robotaxi propuesto por Tesla en las condiciones actuales.
Lo que dice la investigación de Reuters
El trabajo periodístico de Reuters, liderado por un equipo que ha seguido durante años los avances (y retrocesos) de Tesla en materia de autonomía, es especialmente crítico por la cantidad de evidencia interna que recoge. Entre los hallazgos más relevantes se encuentran:
- Reservas generalizadas entre el equipo técnico. De los 45 ingenieros de FSD entrevistados para el reportaje, 26 afirmaron que no utilizarían el robotaxi de Tesla sin conductor de seguridad. Solo 6 se mostraron completamente cómodos con el despliegue en el corto plazo.
- Preocupación por los escenarios «edge cases» (casos límite). Múltiples fuentes señalan que el sistema sigue teniendo dificultades para manejar situaciones poco frecuentes pero críticas: vehículos de emergencia con señales poco claras, obras viales mal señalizadas, intersecciones complejas con peatones impredecibles, condiciones meteorológicas adversas poco representadas en los datos de entrenamiento y el comportamiento errático de otros conductores.
- Presión de cronograma por encima de seguridad. Documentos internos revisados por Reuters muestran que los equipos técnicos han recibido presión constante para cumplir con las fechas públicas comprometidas por la dirección ejecutiva, en ocasiones pasando por alto o minimizando alertas de seguridad. Varios ingenieros relatan haber sido presionados para marcar hitos antes de que las validaciones estuvieran completas.
- La dependencia de la teleoperación como «parche» estructural. La investigación revela que Tesla ha tenido que ampliar de forma considerable su equipo de teleoperadores para intervenir de manera remota en situaciones donde el sistema no es capaz de resolver por sí mismo. Lejos de tratarse de una medida excepcional, estas intervenciones serían, según las fuentes, una pieza clave para que el servicio pueda operar mínimamente en zonas geográficas acotadas. Un ex-ingeniero lo resume con crudeza: «No es autónomo. Es remoto-asistido con capa de marketing».
- Datos de rendimiento internos poco optimistas. Aunque Tesla no hace públicos sus datos de disengagement (momentos en los que el sistema requiere intervención humana) para su versión «sin supervisión», Reuters tuvo acceso a métricas internas que, según las fuentes, estarían muy por encima de las de competidores que ya operan servicios comerciales.
La respuesta de Tesla no ha sido de concesiones. En un comunicado remitido a Reuters y recogido en la publicación, la compañía calificó el reportaje de «caracterización inexacta y tendenciosa del progreso de nuestro programa» y aseguró que «nuestros datos internos demuestran que el sistema supera ampliamente los estándares de seguridad vial cuando se compara con la conducción humana». La empresa también insistió en que el despliegue se realizará únicamente cuando el sistema cumpla sus criterios internos de seguridad.
Una historia de sobrepromesas con consecuencias
La situación actual no es nueva. La trayectoria de FSD está plagada de anuncios públicos que luego no se materializan.
Un repaso cronológico muestra una constante: 2016, «fin de año»; 2018, «totalmente autónomo para 2020»; 2021, lanzamiento de «FSD Beta»; 2022-2024, expansión de la beta con supervisión; 2025, promesas de «sin supervisión» en ciudades concretas y, finalmente, 2026 como la gran fecha para el robotaxi.
Esta dinámica ha sido documentada ampliamente por medios como The Washington Post, Financial Times, Consumer Reports y por reguladores. La National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA) lleva abierta desde 2021 una investigación de alcance sobre el comportamiento del FSD ante escenarios de riesgo (especialmente en cruces, señalización y respuesta a emergencias) tras una serie de colisiones, algunas de ellas mortales. A fecha de publicación de esta investigación, la agencia aún no ha emitido una resolución definitiva, aunque fuentes regulatorias consultadas por diversos medios apuntan a que las exigencias de seguridad serán mayores de lo que Tesla anticipa.
Por su parte, el Departamento de Vehículos Motorizados de California (DMV) ya ha tomado medidas en el pasado, incluyendo la revisión de las denominaciones comerciales de Tesla por considerarlas potencialmente engañosas para los consumidores.
¿Qué dicen los datos de seguridad disponibles?
Más allá de las percepciones internas, los datos objetivos siguen generando dudas.
A diferencia de Waymo, Cruise (antes de su repliegue) o Zoox, Tesla no publica datos detallados de disengagements por milla en entornos sin supervisión. Esta falta de transparencia ha sido una crítica recurrente de la comunidad científica y regulatoria.
Los análisis independientes disponibles son preocupantes. Un estudio de la Universidad de California, Berkeley (2025) sobre el rendimiento de FSD (versión supervisada) en escenarios urbanos complejos mostró tasas de intervención humana significativamente más elevadas de lo esperado en situaciones con peatones. Por otro lado, la base de datos de colisiones de la NHTSA vinculadas a sistemas de asistencia a la conducción recoge un número elevado de incidentes con FSD activado en comparación con su cuota de mercado, si bien Tesla argumenta que se debe a una mayor exposición y reporte.
Pero la métrica que más pesa es la interna. Según Reuters, los indicadores que maneja el propio equipo de validación de Tesla aún no alcanzarían el umbral de seguridad que la compañía había fijado internamente para eliminar el conductor de seguridad en el entorno urbano general. Es decir, ni siquiera los criterios internos de Tesla estarían siendo satisfechos en la fecha prevista.
El contraste con la competencia es cada vez más evidente
Mientras Tesla lucha por demostrar la viabilidad de su enfoque, otros actores llevan años operando servicios comerciales.
Waymo, subsidiaria de Alphabet, opera ya servicios de robotaxi sin conductor de seguridad en San Francisco, Los Ángeles, Phoenix y Austin con millones de viajes realizados. Aunque no está exento de incidentes, publica datos de seguridad y sus tasas de intervención remota por milla son notablemente inferiores. Cruise, pese a su crisis de 2023, también acumuló millones de millas autónomas antes de su reestructuración. Zoox y otras compañías han apostado por enfoques más conservadores (vehículos diseñados específicamente, mapeo detallado, despliegue geofencado) que les han permitido avanzar de forma más gradual, pero con mayor confianza operativa.
La gran apuesta de Tesla ha sido radicalmente distinta: prescindir del mapeo HD detallado, prescindir de sensores costosos como lidar y apostar exclusivamente por cámaras y una red neuronal de entrenamiento masivo con datos de su flota. Esa visión, defendida como la única escalable económicamente, sigue siendo su bandera. Pero la investigación de Reuters sugiere que la escalabilidad no puede llegar antes que la fiabilidad.
«El enfoque de Tesla es potencialmente el correcto a largo plazo, pero el largo plazo no es este año. La diferencia es que otros han sido honestos con ese timing y Tesla no», señala Raj Rajkumar, profesor de ingeniería y experto en vehículos autónomos en la Universidad Carnegie Mellon, en conversación con medios tras conocerse el informe. «Decirle al público que es inminente cuando tus propios ingenieros no se subirían es problemático».
El coste de la cultura de la sobrepromesa
Esta desconexión entre el discurso público y la realidad interna no es solo un problema técnico. Comienza a tener repercusiones tangibles.
La confianza de los inversores, que durante años ha premiado las promesas de autonomía con valoraciones astronómicas, muestra señales de fatiga. Tras la publicación de la investigación de Reuters, las acciones de Tesla experimentaron una caída superior al 6% en la sesión de ayer, sumándose a una tendencia bajista en lo que va de año alimentada por dudas sobre el proyecto.
Más preocupante aún es el impacto reputacional. Organizaciones de consumidores llevan tiempo advirtiendo sobre la denominación «Full Self-Driving». Consumer Reports ha sido especialmente crítico, afirmando que el nombre es «engañoso» y no refleja las capacidades reales del sistema que requiere supervisión constante. En Europa, autoridades de protección al consumidor ya han abierto investigaciones preliminares sobre la publicidad de Tesla al respecto.
Los propios trabajadores parecen estar pagando el precio. Varios de los entrevistados por Reuters señalaron un clima de frustración y miedo a las represalias por elevar preocupaciones. Algunos relataron haber visto cómo las alertas técnicas eran minimizadas en reuniones de seguimiento. «Si señalabas un problema crítico te respondían con la fecha de lanzamiento. No era un debate técnico, era una orden», declaró un antiguo ingeniero de validación.
La respuesta de Tesla: «datos frente a anécdotas»
La compañía ha reaccionado con su narrativa habitual. En el comunicado oficial, Tesla afirma que la muestra de Reuters es «sesgada» y no representa la visión mayoritaria de los equipos. Además, sostiene que sus métricas internas muestran una reducción constante de las intervenciones y que, en las pruebas controladas, el rendimiento ya es superior al conductor humano promedio.
También insisten en que el despliegue será gradual y geofencado, comenzando por zonas de baja complejidad y expandiéndose únicamente cuando se demuestre seguridad. «No tenemos prisa. La seguridad es lo primero», reza el comunicado, en línea con declaraciones recientes de Musk aunque en contraste con la presión de cronograma señalada por las fuentes.
Sin embargo, la evidencia recogida por Reuters y el historial de la compañía generan escepticismo. Para los expertos, la clave estará en la transparencia. Mientras Tesla no publique datos verificables y auditables sobre el rendimiento del sistema sin supervisión, las dudas persistirán.
Hacia un necesario punto de inflexión
La pregunta que deja esta investigación es incómoda pero inevitable: ¿Puede una compañía lanzar un servicio de robotaxi cuando sus propios ingenieros no confiarían en él? La respuesta ética es clara para gran parte de la industria.
La seguridad en vehículos autónomos no puede basarse en promesas ni en presión de mercado. Requiere consenso técnico, validación rigurosa y, sobre todo, honestidad sobre las limitaciones actuales. La revelación de que existe un desacuerdo interno de esta magnitud debería, como mínimo, llevar a una revisión del calendario y a una mayor apertura.
También plantea un tema regulatorio urgente. Las agencias como NHTSA y las autoridades locales de transporte tendrán ahora más elementos para exigir pruebas más exhaustivas antes de autorizar despliegues masivos sin conductor. De hecho, fuentes cercanas a la regulación señalan que esta investigación podría acelerar la adopción de requisitos más estrictos de reporte de datos para todos los actores del sector.
Para Tesla, el camino es arriesgado. Mantener la fecha actualizada podría derivar en un despliegue precipitado con consecuencias en seguridad y regulatorias. Retrasarlo nuevamente, supondría reconocer lo que muchos ya saben y podría golpear la cotización. Pero el mayor coste, a largo plazo, podría ser la erosión definitiva de la credibilidad.
Conclusión: la confianza es el activo más frágil
La autonomía total ha sido el gran argumento diferenciador de Tesla frente a otros fabricantes. Pero como demuestra esta investigación de Reuters, esa narrativa se sostiene cada vez más sobre expectativas que no se corresponden con la realidad técnica interna.
Que los ingenieros responsables del desarrollo no estén dispuestos a utilizar el producto final es una señal de alarma que no puede ser ignorada ni maquillada con comunicados. Es, probablemente, el indicador más honesto disponible hasta la fecha.
El futuro de la conducción autónoma seguirá llegando. Pero llegará cuando esté realmente lista, no cuando el calendario lo dicte. La pregunta ya no es si Tesla puede lograrlo técnicamente (la apuesta tecnológica sigue siendo relevante), sino si está dispuesta a ser transparente sobre el tiempo que realmente necesita para hacerlo de forma segura.
Por ahora, la respuesta que sale de sus propias filas es un elocuente «todavía no». Y negarlo solo aumentará el precio a pagar cuando la realidad acabe imponiéndose.
Este artículo ha sido elaborado con información de la investigación publicada por Reuters el 2 de junio de 2026, así como datos de NHTSA, DMV de California, estudios académicos de UC Berkeley, declaraciones de expertos del sector y antecedentes documentados sobre el desarrollo de FSD. La respuesta de Tesla ha sido incluida en su integridad.
Fuentes principales:
- Reuters. «Exclusive: Tesla robotaxi not ready, many engineers say they wouldn’t use it». 2 de junio de 2026.
- National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA), investigaciones en curso sobre sistemas de asistencia a la conducción (ODI-2021-001).
- Departamento de Vehículos Motorizados de California (DMV), historial de acciones sobre denominaciones comerciales.
- University of California, Berkeley, «Performance Evaluation of FSD in Complex Urban Scenarios», estudio publicado 2025.
- Declaraciones de Raj Rajkumar (Carnegie Mellon University) recogidas en cobertura mediática.
- Informes de Consumer Reports y antecedentes cronológicos de promesas públicas de Tesla (2016-2026).
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