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A veces, incluso lo bueno en exceso puede ser perjudicial. Ese ha sido el caso de la vitamina A en Estados Unidos durante 2025, en medio de un resurgimiento de brotes de sarampión y de mensajes engañosos difundidos en redes sociales sobre supuestos tratamientos “naturales” o alternativas a la vacunación. Un estudio reciente publicado en JAMA Network Open, difundido también por Medical Xpress, reveló que entre enero y marzo de 2025 los Centros de Toxicología de Estados Unidos reportaron un aumento del 38,7 % en las exposiciones a vitamina A en comparación con periodos previos. El dato encendió las alarmas entre toxicólogos, pediatras y autoridades de salud pública.

La vitamina A es indispensable para el organismo. Participa en la visión, el funcionamiento del sistema inmunitario, la reproducción y el mantenimiento de la piel y las mucosas. También tiene un papel reconocido en el manejo clínico del sarampión en determinados contextos, especialmente en niños con deficiencia nutricional o en países donde la carencia de vitamina A es frecuente. Sin embargo, ese hecho ha sido distorsionado por mensajes que presentan la suplementación en altas dosis como una forma de prevenir o curar el sarampión, o incluso como sustituto de la vacuna triple viral —sarampión, paperas y rubéola—. Esa interpretación es falsa y potencialmente peligrosa.

El sarampión es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas conocidas. Puede causar fiebre alta, tos, conjuntivitis, erupción cutánea y complicaciones graves como neumonía, encefalitis, sordera, daño neurológico e incluso la muerte. La vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz para prevenirlo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos —CDC—, dos dosis de la vacuna triple viral ofrecen una protección cercana al 97 % contra el sarampión. La vitamina A no impide la infección ni reemplaza la inmunización.

La confusión surge porque organismos como la Organización Mundial de la Salud recomiendan administrar vitamina A a niños diagnosticados con sarampión en ciertas circunstancias, ya que puede reducir el riesgo de complicaciones graves, especialmente en menores con déficit nutricional. Pero se trata de dosis terapéuticas específicas, por tiempo limitado y bajo supervisión médica. No es una recomendación para que las familias compren suplementos y los administren por su cuenta, mucho menos en cantidades elevadas o durante varios días o semanas.

El estudio citado analizó llamadas a centros de toxicología relacionadas con vitamina A. Es importante subrayar que una “exposición” no siempre equivale a una intoxicación confirmada ni a una hospitalización; puede tratarse de una ingesta accidental, una consulta preventiva o un caso leve. Aun así, el aumento del 38,7 % en tan solo tres meses sugiere un cambio de comportamiento preocupante. Para los especialistas, el contexto es clave: el incremento coincidió con un periodo de intensa circulación de información errónea sobre el sarampión y con brotes que llevaron a muchas familias a buscar soluciones rápidas.

La toxicidad por vitamina A, conocida como hipervitaminosis A, puede presentarse de forma aguda o crónica. La forma aguda suele ocurrir tras ingerir una cantidad muy alta en poco tiempo. Puede causar náuseas, vómitos, dolor de cabeza intenso, mareos, visión borrosa, somnolencia, irritabilidad y aumento de la presión intracraneal. La toxicidad crónica aparece cuando se toman dosis elevadas durante un periodo prolongado. Sus síntomas incluyen piel seca y descamada, caída del cabello, dolor óseo, fatiga, pérdida de apetito, daño hepático y alteraciones neurológicas. En mujeres embarazadas, el exceso de vitamina A preformada —retinol o retinil palmitato— puede aumentar el riesgo de malformaciones congénitas.

No todas las formas de vitamina A tienen el mismo riesgo. La vitamina A preformada, presente en algunos suplementos y alimentos de origen animal como hígado o aceite de hígado de bacalao, es la que se asocia con toxicidad cuando se consume en exceso. En cambio, los carotenoides provitamina A, como el betacaroteno presente en zanahorias, batatas o espinacas, se convierten en vitamina A según las necesidades del organismo y rara vez producen toxicidad clásica, aunque el consumo excesivo puede teñir la piel de color anaranjado. Aun así, los expertos recomiendan evitar la automedicación con suplementos concentrados.

La Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos —NIH— señala que la cantidad diaria recomendada de vitamina A varía por edad, sexo y condición fisiológica. En adultos, ronda los 700 microgramos de equivalentes de actividad de retinol al día para mujeres y 900 para hombres. El límite superior tolerable para adultos es de 3.000 microgramos diarios de vitamina A preformada, equivalente a unas 10.000 unidades internacionales. Muchos suplementos comerciales pueden acercarse a ese límite o superarlo si se combinan con multivitamínicos, dietas ricas en hígado u otros productos.

El problema se agrava cuando la información se transmite en formatos breves y emocionalmente persuasivos: videos virales, publicaciones en redes, mensajes de grupos comunitarios o declaraciones de figuras públicas que simplifican la evidencia científica. Una frase como “la vitamina A ayuda contra el sarampión” puede transformarse rápidamente en “toma vitamina A para no enfermarte” o “no necesitas vacunarte si tomas suplementos”. Ese salto es precisamente el que preocupa a los profesionales sanitarios.

Los pediatras insisten en que los niños son especialmente vulnerables a los errores de dosificación. Muchos suplementos están formulados para adultos, y las unidades de medida —microgramos, unidades internacionales, equivalentes de retinol— pueden resultar confusas para las familias. Además, algunos productos promocionados como “naturales” o “refuerzos inmunitarios” contienen mezclas de vitaminas liposolubles, que se acumulan en el organismo. A diferencia de la vitamina C o algunas vitaminas del complejo B, que suelen eliminarse por la orina en caso de exceso, la vitamina A se almacena en el hígado y el tejido graso.

La lección de este episodio no es que la vitamina A sea mala. Al contrario: es esencial, y su deficiencia sigue siendo un problema grave en muchas regiones del mundo. La lección es que los nutrientes no deben usarse como si fueran medicamentos universales ni como sustitutos de intervenciones probadas. En medicina, la dosis, el contexto y la indicación importan. Una intervención beneficiosa para un niño desnutrido con sarampión en un entorno de alta deficiencia no se traduce automáticamente en una recomendación general para toda la población.

Ante un posible caso de sarampión, las autoridades sanitarias recomiendan aislar al paciente, contactar con un profesional de salud y verificar el estado de vacunación de los contactos cercanos. Si se considera necesario administrar vitamina A, debe hacerlo un médico siguiendo pautas clínicas. Y si una persona ha ingerido grandes cantidades de suplementos o presenta síntomas compatibles con toxicidad, debe llamar a un centro de toxicología o acudir a atención médica.

El aumento de las exposiciones a vitamina A en 2025 muestra cómo la desinformación puede producir daños indirectos: no solo reduce la confianza en las vacunas, sino que empuja a algunas personas a prácticas de riesgo. En un brote de sarampión, la respuesta más segura no es recurrir a megadosis de suplementos, sino fortalecer la vacunación, mejorar la comunicación pública y consultar fuentes médicas confiables.

Fuentes consultadas: JAMA Network Open; Medical Xpress; Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. —CDC—; Oficina de Suplementos Dietéticos de los NIH; Organización Mundial de la Salud —OMS—.

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He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.