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Si tienes entre 35 y 65 años, Carl Sagan no fue solo un astrónomo. Fue el primer influencer verdadero de nuestra infancia, el tipo de jersey de cuello alto que aparecía los domingos por la tarde en La 2 y te abría la cabeza para que vieras las estrellas por primera vez. Casi todo el mundo recuerda Cosmos, casi todo el mundo recuerda su frase sobre el punto azul pálido. Casi nadie recuerda el texto más duro, más incómodo y terriblemente actual que escribió nunca, un año antes de morir, y que hoy parece que lo escribió ayer mismo.

No es un bulo de internet. No es una frase sacada de contexto. Proviene del capítulo 12 de El mundo y sus demonios, su libro de 1995. Allí Sagan no hablaba de planetas ni de extraterrestres. Hablaba de los manuales oficiales que escribieron los amos de esclavos del sur de Estados Unidos entre 1830 y 1860, en el punto álgido de la esclavitud, cuando había cuatro millones de personas encadenadas en ese país.

Los amos no eran los brutos alcohólicos de las películas. Eran hombres muy metódicos, que habían dedicado dos siglos a perfeccionar el sistema. Y llegaron a cuatro reglas inviolables para tener un esclavo obediente, tranquilo y contento:

  • Prohibir absolutamente enseñarle a leer, bajo pena de multa o azote.
  • Anular su capacidad de razonamiento abstracto. No hablarle de pasado, no de futuro, solo del trabajo de hoy.
  • Controlar absolutamente todo lo que ve, oye y puede decir.
  • Darle placeres triviales y pequeñas victorias para que descargue toda su frustración ahí, nunca contra el amo.

Y entonces Sagan escribe la frase que hoy te deja sin aliento:

«Esta es la razón por la que la lectura y el pensamiento crítico son los bienes más peligrosos, los más subversivos, que se pueden poseer en cualquier sociedad construida sobre la injusticia, la desigualdad y el poder del dinero. Nadie ha inventado nunca un sistema mejor para controlar a la gente. Y nadie ha tenido nunca necesidad de cambiarlo.»

Han pasado 161 años desde que se aprobó la decimotercera enmienda y se abolió oficialmente la esclavitud en Estados Unidos. Nadie lleva cadenas hoy. Nadie compra ni vende personas. Y sin embargo las cuatro reglas del manual del amo siguen intactas, aplicadas al pie de la letra, hasta el punto que da miedo.

No es una casualidad. Sagan ya advirtió que este no es un truco de los esclavistas del siglo XIX. Es un truco de todo el poder, de todas las épocas, en todos los países. Y hoy lo estamos viendo en España con una claridad abrumadora.

Punto por punto. Primera regla del amo: prohibir leer, prohibir pensar. Hoy no te prohiben leer. Te dicen que pensar es inútil. Te dicen que la filosofía no sirve para nada. Que la sociología es adoctrinamiento. Que la historia hay que contarla de otra manera. Se recorta presupuesto de la educación pública año tras año. Se desprestigia a la universidad pública. Se hace imposible que un chico de familia obrera pueda estudiar una carrera sin endeudarse de por vida. El objetivo no es ahorrar dinero. El objetivo es exactamente el mismo que en 1850: que solo los hijos de los ricos puedan permitirse el lujo de aprender a preguntar. El resto solo tienen que aprender a obedecer.

Segunda regla del amo: controlar lo que oyen y ven. Hoy no hay un guardia en la puerta que te prohíba escuchar a un orador. Hay grupos empresariales que poseen el 90% de los medios de comunicación, las radios, las televisiones y las plataformas. Que deciden qué noticias salen y cuales no. Que deciden a quien ridiculizar y a quien ensalzar. Exactamente igual que los amos.

Tercera regla del amo: dar circo. Aquí la copia es tan perfecta que da vergüenza. Los amos organizaban peleas de gallos y carreras para que los esclavos descargaran toda su rabia y frustración en algo trivial. Hoy es la bandera. Es la selección española de fútbol. Es el grito de Viva España. No es que el patriotismo sea malo. Es que es el único tema del que se permite hablar. Cuando todo el debate público desaparece, cuando nadie habla de los alquileres, de la pobreza, de la sanidad que se derrumba, y todo lo que escuchas durante meses es sobre banderas y crucifijos, eso no es nacionalismo. Eso es el tercer punto del manual del amo.

Nadie ha escuchado nunca a PP ni a Vox explicar un plan serio, medido y detallado para solucionar ninguno de los problemas reales de este país. Nunca. Lo único que tienen es bandera. Lo único que tienen es circo. Lo único que tienen es el truco que inventaron los amos hace 180 años.

Sagan terminaba ese capítulo diciendo una cosa que muy poca gente se atreve a repetir: la peor esclavitud es aquella en la que el esclavo cree que es libre. Aquella en la que el propio esclavo defiende las reglas de su amo. Aquella en la que se ríe de quien le dice que está encadenado.

Hoy tenemos la suerte de que nadie nos va a azotar si aprendemos a leer. Nadie nos va a vender. Pero el mecanismo sigue funcionando exactamente igual. Y lo más terrible de todo es que la mayoría de la gente ni siquiera se ha dado cuenta.

Carl Sagan no era un politólogo. No era un activista. Era un tipo que pasaba la vida mirando las estrellas. Y por eso veía las cosas tan claramente. Porque cuando te alejas lo suficiente, ves que todos los trucos del poder son siempre los mismos. Solo cambian el traje. Murió hace 29 años. Todavía nadie ha podido demostrar que estuviera equivocado.

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admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.