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En la era de las redes sociales, la información sobre salud circula a una velocidad vertiginosa, pero no siempre con la calidad y el rigor que exige un tema tan sensible como la prevención del cáncer de piel. Una nueva investigación canadiense ha puesto el foco en un fenómeno preocupante: los contenidos engañosos y los bulos sobre los protectores solares generan en TikTok una participación mucho mayor que la información basada en evidencia científica. El estudio confirma lo que muchos especialistas en dermatología llevan tiempo advirtiendo: las plataformas digitales premian, a través de sus algoritmos, aquello que provoca, sorprende o indigna, en detrimento de los mensajes responsables y contrastados.

Un terreno fértil para la desinformación

TikTok se ha consolidado como una de las plataformas más populares del mundo, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Su formato de vídeos breves, dinámicos y altamente visuales la convierte en un canal idóneo para difundir tendencias de belleza, rutinas de cuidado de la piel y consejos de salud. Sin embargo, esa misma agilidad que la hace atractiva también la transforma en un caldo de cultivo para la desinformación, donde afirmaciones sin respaldo pueden alcanzar a millones de personas en cuestión de horas.

Los investigadores analizaron una muestra de vídeos relacionados con la fotoprotección y clasificaron su contenido según el grado de exactitud científica. Los resultados fueron contundentes: las publicaciones que difundían mitos, teorías conspirativas o recomendaciones peligrosas acumulaban una cantidad desproporcionada de «me gusta», comentarios, veces compartidas y reproducciones, en comparación con los vídeos que ofrecían información médica fiable y respaldada por la comunidad científica.

La controversia como motor de la viralidad

¿Por qué triunfan los bulos? Los autores del estudio atribuyen este patrón al enorme potencial viral del contenido provocador y polarizante. Los mensajes que cuestionan certezas establecidas —como la afirmación de que los protectores solares «son tóxicos» o que «provocan cáncer en lugar de prevenirlo»— despiertan curiosidad, miedo y debate. Estas emociones intensas impulsan a los usuarios a interactuar, ya sea para mostrar su acuerdo, expresar su rechazo o compartir el vídeo con su entorno.

Los algoritmos de las redes sociales no distinguen entre verdad y falsedad: simplemente detectan qué contenidos generan más interacción y los promueven para maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios en la plataforma. De este modo, un vídeo alarmista que afirma sin pruebas que las cremas solares contienen sustancias cancerígenas puede multiplicar su alcance y desplazar, en la práctica, a las recomendaciones de los dermatólogos.

Entre los bulos más extendidos figuran ideas como que la exposición solar sin protección es totalmente segura e incluso beneficiosa, que los filtros químicos alteran las hormonas de forma peligrosa, que la mejor protección es «acostumbrar» la piel al sol, o que se pueden fabricar protectores solares caseros con ingredientes naturales tan eficaces como los productos comerciales. Algunos creadores de contenido llegan a recomendar abandonar por completo el uso de cremas solares, una práctica que los expertos consideran extremadamente arriesgada.

Riesgos reales para la salud pública

Las consecuencias de esta desinformación no son triviales. El cáncer de piel, incluido el melanoma, es uno de los tumores más frecuentes y su incidencia ha aumentado en las últimas décadas. La exposición a la radiación ultravioleta es el principal factor de riesgo evitable, y el uso adecuado de protección solar —junto con otras medidas como buscar la sombra o llevar ropa adecuada— es una de las herramientas más eficaces para prevenirlo.

Cuando mensajes engañosos siembran dudas sobre la seguridad o la utilidad de los protectores solares, pueden llevar a que personas, especialmente jóvenes, abandonen hábitos protectores. El público adolescente y de adultos jóvenes que predomina en TikTok es precisamente uno de los grupos en los que la educación en fotoprotección resulta crucial, pues los daños acumulados por la exposición solar en edades tempranas incrementan el riesgo de desarrollar cáncer de piel en el futuro.

A ello se suma el fenómeno del «bronceado» como ideal estético, que algunos contenidos promueven activamente, restando importancia a los peligros de la radiación. La combinación de presión social, modas de belleza y desinformación crea un escenario especialmente delicado.

El desafío de comunicar la ciencia

El estudio canadiense plantea una pregunta incómoda para la comunidad científica y sanitaria: ¿cómo competir con la fuerza de la viralidad? La información rigurosa suele presentarse con matices, advertencias y un lenguaje técnico que, aunque honesto, resulta menos atractivo que las afirmaciones rotundas y simplistas de los bulos. La ciencia rara vez ofrece titulares tan llamativos como una teoría conspirativa.

Los expertos coinciden en que no basta con desmentir la información falsa; es necesario producir contenido científico que sea, al mismo tiempo, accesible, atractivo y adaptado a los códigos de cada plataforma. Esto implica que dermatólogos, divulgadores y organismos de salud pública aprendan a comunicarse en el lenguaje de las redes sociales, utilizando formatos breves, narrativas cercanas y un tono que conecte con la audiencia sin renunciar al rigor.

Algunas iniciativas ya apuntan en esa dirección: profesionales sanitarios que abren cuentas en TikTok para desmontar mitos, instituciones que colaboran con creadores de contenido responsables, o campañas que aprovechan las mismas técnicas de viralidad para difundir mensajes correctos. Sin embargo, estos esfuerzos todavía resultan insuficientes frente a la avalancha de desinformación.

Responsabilidad compartida

La solución a este problema no recae únicamente en los profesionales de la salud. Las plataformas digitales tienen una responsabilidad clave en la moderación de contenidos relacionados con la salud, ya sea mediante sistemas de verificación, etiquetas de advertencia o la promoción de fuentes fiables. Asimismo, la educación en alfabetización mediática y digital se revela como una herramienta fundamental para que los usuarios, especialmente los más jóvenes, desarrollen un pensamiento crítico que les permita distinguir entre información veraz y bulos.

En definitiva, la investigación canadiense ofrece una radiografía de un problema cada vez más extendido: en el ecosistema de las redes sociales, la verdad compite en desventaja frente a la provocación. Entender los mecanismos que favorecen la viralidad de los bulos es el primer paso para diseñar estrategias eficaces de comunicación científica que protejan la salud de millones de personas. Mientras tanto, la recomendación de los expertos sigue siendo clara: confiar en fuentes médicas contrastadas y mantener el uso de protección solar como una medida esencial e irrenunciable para cuidar la piel.

Generado por Claude Opus 4.8 thinking


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.