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Vivimos en una época marcada por una paradoja inquietante. Mientras la ciencia y la tecnología han extendido nuestra esperanza de vida y erradicado enfermedades que durante siglos fueron letales, existe una tendencia creciente a desconfiar de todo lo que suene a «químico» y a idealizar ciegamente lo «natural». 1La promesa de lo «natural» como sinónimo de salud y seguridad se ha vuelto omnipresente, desde los productos de cuidado personal hasta los alimentos y los tratamientos médicos. Sin embargo, esta creencia no solo es errónea, sino que puede resultar peligrosa.

La falacia naturalista: un error lógico muy rentable

1 Esta falacia lógica, conocida como «apelación a la naturaleza» o «falacia naturalista», nos lleva a asumir que todo lo que proviene de la naturaleza es inherentemente mejor que lo producido por el hombre. Pero 4 no hay ninguna razón para suponer que lo natural sea bueno (o al menos mejor) y lo artificial sea malo (o al menos peor).

Los datos científicos son contundentes. 4El 70% de los sujetos eligió la opción natural incluso cuando se les informó de que ambos fármacos eran igual de seguros y eficaces en un experimento psicológico reciente. Más alarmante aún, 4un asombroso 20% optó por el medicamento natural incluso cuando se les informó de que era menos seguro que la versión sintética. 4Se trata de sentimientos ilusorios de seguridad ante lo «natural» y de amenaza ante lo «artificial».

Cuando la naturaleza es mortal

La creencia de que lo natural es siempre seguro ignora una realidad fundamental: la naturaleza produce algunas de las sustancias más letales conocidas por el ser humano. 7La toxina botulínica es una de las toxinas más potentes que existen en la naturaleza. De hecho, 12la toxina botulínica es una de las sustancias más mortales que se conocen, y 10posee el nivel más alto de toxicidad de todas las sustancias, ya sean naturales o no.

Esta toxina, producida naturalmente por bacterias, puede causar botulismo, 11una enfermedad que se caracteriza por el desarrollo de alteraciones vegetativas y parálisis muscular progresiva que puede llegar a ser causa de muerte al afectar la función respiratoria. Y no es el único ejemplo. La ricina, extraída de plantas naturales, o la tetrodotoxina presente en algunos animales marinos, son ejemplos de que «natural» definitivamente no es sinónimo de «seguro».

La química: herramienta de vida, no de muerte

El rechazo irracional a lo «químico» olvida un hecho elemental: 2todo lo natural es obviamente químico. Todo lo que nos rodea, incluido nuestro propio cuerpo, está compuesto de sustancias químicas. 19Definitivamente, «químico» no es sinónimo de «nocivo», ni 19«natural» es sinónimo de «beneficioso», ni necesariamente mejor que «artificial».

Además, la química sintética ha salvado incontables vidas. 20Estas empresas y muchas otras han sido clave en el desarrollo de la industria farmacéutica y en la creación de medicamentos sintéticos que han mejorado significativamente la salud y calidad de vida de las personas. 20La síntesis química de la penicilina permitió su producción a gran escala y su uso masivo en todo el mundo, salvando millones de vidas que de otro modo se habrían perdido por infecciones bacterianas.21 El sector salud a través de la química no sólo ayuda a salvar millones de vidas gracias a los medicamentos, sino también mediante productos como insecticidas y desinfectantes que rompen la cadena de transmisión de virus y bacterias. Desde prótesis y válvulas cardiacas hasta riñones artificiales y anestesias, la química moderna ha transformado la medicina.

La dosis hace el veneno: el principio de Paracelso

Uno de los conceptos más importantes para entender la toxicidad es un principio establecido hace casi cinco siglos. 25Hace casi 500 años, el médico y químico suizo Paracelso expresó el principio básico de la toxicología: «Todas las sustancias son venenos, no existe ninguna que no lo sea. Solo la dosis hace el veneno».25 Significa que una sustancia que contiene propiedades tóxicas puede causar daño solo si se presenta en una concentración lo suficientemente alta. 25 Cualquier sustancia química, incluso el agua o el oxígeno, puede ser tóxica si se ingiere en exceso o es absorbida por el organismo. Este principio, resumido en «la dosis hace el veneno», es fundamental para entender que el riesgo no depende del origen de una sustancia, sino de su estructura química, la dosis y la exposición.

Los conservantes: aliados incomprendidos

Uno de los casos más claros de quimiofobia injustificada es el rechazo a los conservantes en alimentos. 34Estos conservantes permiten que la industria alimentaria pueda distribuir alimentos al mercado con una mayor seguridad alimentaria ya que, si no existieran los conservantes, el proceso de distribución se vería gravemente afectado.38 Los conservantes se usan principalmente para producir alimentos más seguros para el consumidor, previniendo la acción de agentes biológicos. 39 Los conservantes son necesarios para mantener los alimentos y evitar el crecimiento de hongos y bacterias, por lo que no son perjudiciales en sí mismos; al contrario, nos protegen de las enfermedades que causan los microbios.

Un ejemplo perfecto es el ácido ascórbico, conocido comúnmente como vitamina C. 23Está científicamente demostrado que este compuesto presenta una potente capacidad antioxidante, y 23por eso mismo, es ampliamente usado como conservante en numerosos alimentos. Sin embargo, 23la presencia de este potente antioxidante aparece camuflada bajo el código, a priori identificado como «nocivo», E300.

La ironía de la toxina botulínica

Quizá el ejemplo más paradójico de cómo la química transforma lo peligroso en beneficioso es el botox. La misma toxina botulínica que es uno de los venenos más mortales, 11se aprovecha para usarla como medicamento en el tratamiento de ciertas enfermedades neurológicas, y como producto cosmético para tratamiento estético de las arrugas faciales. 9En dosis muy bajas, tiene múltiples beneficios en el manejo de la espasticidad, en niños con parálisis cerebral, en pacientes con secuelas por accidentes cerebrovasculares, en pacientes que sufren distonía y espasmos hemifaciales.

Una cuestión de evidencia, no de marketing

1 La ciencia detrás de los productos debe ser el factor determinante, no su origen. 4 De hecho, hay mucha evidencia de que hay cosas artificiales que son beneficiosas. 4 Toda la civilización humana es el resultado de un esfuerzo por contener los efectos perjudiciales del mundo natural. 19 En los últimos 50 años el sector de la síntesis de fármacos ha sufrido un importante desarrollo y a día de hoy se tiende a sintetizar medicamentos en laboratorio, incluso si se pueden extraer de la naturaleza, porque resulta más rápido y más económico, y porque sólo por esta vía se puede producir la cantidad necesaria para abastecer el mercado.

Conclusión: la química como herramienta de progreso

La oposición entre «natural» y «químico» es una construcción falsa que ignora la complejidad de la realidad. La química no es el enemigo; es una herramienta fundamental que nos ha permitido comprender el mundo, desarrollar medicamentos que salvan vidas, crear vacunas que erradican enfermedades, producir alimentos más seguros y duraderos, y mejorar nuestra calidad de vida de formas que hace apenas un siglo habrían parecido milagrosas.

El verdadero peligro no reside en lo «químico» o en lo «sintético», sino en la ignorancia y en dejarnos guiar por eslóganes de marketing en lugar de por la evidencia científica. Necesitamos recuperar la confianza en la ciencia, no por fe ciega, sino por el reconocimiento de que el método científico y la química moderna son las herramientas más poderosas que tenemos para garantizar nuestra salud y bienestar.

La próxima vez que veas un producto etiquetado como «sin químicos» o «100% natural», recuerda: esas afirmaciones no solo son científicamente absurdas, sino que alimentan miedos irracionales que pueden tener consecuencias muy reales para la salud pública.

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Fuente de la imagen: Colegio de Químicos de Madrid


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.