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Castrillón, municipio asturiano gobernado por el Partido Popular, se ha convertido en el centro de una polémica que ha trascendido el ámbito local. El detonante ha sido una convocatoria municipal —enmarcada en unas supuestas “jornadas de caza infantiles”— que, además de suscitar dudas éticas y de seguridad por implicar armas en edades tempranas, incluye un anuncio de marcado tono machista con una frase que lo resume todo: “Él dispara y ella mira”.

La crítica ha llegado con fuerza desde FACUA Asturias, que reclama explicaciones al alcalde tras denunciar el carácter sexista de la promoción y el enfoque de estas actividades destinadas a menores. Según la denuncia publicada por FACUA (facua.org), el Gobierno municipal habría organizado unas jornadas con dos organizaciones de cazadores, abriendo la puerta a una educación “en la práctica” de la caza para niños y niñas a través de una pieza publicitaria que reproduce estereotipos clásicos: el hombre como sujeto activo y violento (“dispara”) y la mujer como espectadora pasiva (“mira”).

Una actividad “infantil” con armas y estereotipos

Más allá de la controversia ideológica sobre la caza como práctica cultural o tradicional, el problema que ha activado la reacción social no se limita a la actividad en sí, sino a cómo se presenta y con qué mensaje se intenta normalizar. El anuncio, tal y como recoge FACUA, convierte un evento dirigido a menores en una escenificación de roles de género: la acción y el protagonismo se asocian al “él”, mientras que el “ella” queda relegado a la contemplación, sin capacidad de participación activa.

Esa lógica no es inocente: es precisamente la que durante años ha sustentado desigualdades, minimizando la autonomía de las mujeres y reforzando una idea de “naturalidad” del papel masculino como actor principal en ámbitos socialmente vinculados a la fuerza, la violencia o el dominio.

La cuestión, por tanto, es doble:

  1. La participación de menores en actividades relacionadas con la caza, especialmente cuando hay armas en juego y se requiere una formación estricta y supervisión experta.
  2. El mensaje publicitario sexista, que no se limita a describir una escena, sino que enseña un modelo de comportamiento y expectativas por género.

FACUA reclama explicaciones: no basta con “tradición”

FACUA Asturias, como organización de consumidores y usuarios, ha pedido responsabilidades y explicaciones al alcalde. En su planteamiento, el colectivo no se queda en el juicio moral: exige que el Ayuntamiento justifique por qué financia, difunde o impulsa una actividad con un componente discriminatorio en la comunicación.

La demanda tiene sentido si se tiene en cuenta que un consistorio no solo organiza actividades: es un agente público, y por tanto su obligación no es únicamente “hacer”, sino hacer de acuerdo con estándares de legalidad, igualdad y protección de la infancia. Cuando la comunicación institucional cae en estereotipos machistas, la pregunta no es si “a alguien le parece” o si “es una expresión antigua”, sino si se está cumpliendo la normativa y el deber de promover la igualdad.

El machismo publicitario también incumple obligaciones legales

España dispone de un marco jurídico claro contra la publicidad sexista. La publicidad que discrimina o transmite estereotipos de género puede ser sancionable y, en el caso de mensajes que involucran a menores, el escrutinio debe ser aún mayor.

En términos generales, esta controversia encaja en el tipo de publicidad que contradice el espíritu de la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, así como la normativa de publicidad que prohíbe la difusión de mensajes discriminatorios. Aunque el debate sobre la caza pueda ser legítimo en lo cultural o lo político, el Ayuntamiento no puede respaldar contenidos que refuercen roles tradicionales: “él” como agente activo y “ella” como accesorio.

Y es importante subrayar algo: el problema no está en que participen mujeres en actividades de campo o que haya caza como práctica en el medio rural. El problema —denunciado por FACUA— está en el guion que se ofrece a los niños y niñas: el que asigna a la infancia, por género, un papel “natural” y limitante.

¿Por qué es grave con menores?

Que la actividad sea “infantil” eleva el impacto. La infancia es una etapa en la que se forman identidades, expectativas y modelos de rol. Cuando un Ayuntamiento promueve una actividad con armas y lo hace además con un mensaje sexista, se combinan dos riesgos:

  • Normalización de la violencia y el uso de armas como parte de un ocio formativo, sin que se discuta públicamente el enfoque pedagógico.
  • Reproducción de jerarquías de género, enseñando que hay trabajos o acciones “de hombres” y observación “de mujeres”.

En este punto, incluso sin entrar en la discusión de fondo sobre la caza como tradición, hay una exigencia básica: las instituciones deben cuidar especialmente la calidad educativa de lo que ofrecen y la coherencia con los valores que se dicen defender.

Diversas entidades y especialistas en igualdad y protección de la infancia han insistido —en debates similares— en que los mensajes institucionales no son neutros. No son “solo marketing”: son educación en sentido amplio. Y un anuncio como “Él dispara y ella mira” educa en un reparto desigual de protagonismo.

La caza como política pública: transparencia y coherencia

La crítica contra el PP en este caso no solo se articula por la frase del anuncio, sino por el conjunto de decisiones: organizar jornadas infantiles, asociarlas a organizaciones de cazadores e impulsar la difusión municipal. Cuando gobierna una administración local, la ciudadanía debería poder exigir:

  • Transparencia sobre el contenido real de la actividad (qué se hace, con qué medios, con qué protocolos de seguridad y supervisión).
  • Evaluación del enfoque: si el Ayuntamiento pretende una actividad lúdica o formativa, debería justificar por qué encaja con la educación en igualdad y con la protección de menores.
  • Criterios de igualdad: si se convoca “a niños y niñas”, el mensaje debería permitir que cualquier menor se identifique como sujeto activo, no como acompañante pasiva.

La controversia, además, pone sobre la mesa una tensión habitual: en la política local, cuando ciertos partidos priorizan la agenda “ruralista” sin matices, pueden terminar desatendiendo compromisos institucionales de igualdad. Y cuando eso ocurre, el coste lo pagan las personas que reciben el mensaje: especialmente la infancia.

¿Qué debería hacer el Ayuntamiento ante la denuncia?

Si el Ayuntamiento quiere reconducir el conflicto, debería empezar por lo obvio: responder. FACUA Asturias ha reclamado explicaciones; esa respuesta debería incluir, al menos, cuatro puntos:

  1. Justificación oficial de por qué se utilizó ese anuncio y si se considera adecuado para menores.
  2. Revisión del material promocional: retirar o corregir cualquier contenido sexista.
  3. Protocolos de seguridad y supervisión para actividades relacionadas con armas con menores, con información pública clara.
  4. Alternativas o cambios del formato: si se busca educación ambiental o conocimiento del mundo rural, puede hacerse sin reproducir el guion de género ni normalizar la caza como actividad infantil “sin debate”.

No se trata de prohibir el pluralismo ni la diversidad cultural. Se trata de exigir a un ayuntamiento —y por extensión al PP que gobierna— que actúe con la responsabilidad que corresponde a un gobierno local: igualdad, coherencia y respeto a la infancia.

Conclusión: el problema no es solo la caza, es el mensaje

La polémica en Castrillón tiene una lectura política inevitable. Cuando un consistorio del PP impulsa actividades infantiles vinculadas a la caza y lo hace con un anuncio machista (“Él dispara y ella mira”), el conflicto deja de ser meramente sectorial y se convierte en una cuestión de modelo social.

La denuncia de FACUA Asturias no cuestiona únicamente una tradición: cuestiona la forma, el tono y el significado pedagógico del mensaje institucional. En un espacio público y con menores implicados, no vale el “no era para tanto”. Porque, en realidad, sí lo es: los estereotipos se aprenden, se normalizan y se heredan. Y si el Ayuntamiento decide reforzarlos, la ciudadanía tiene derecho a exigir rectificación.

Si el alcalde responde, debería hacerlo con hechos y medidas concretas: retirada del material sexista, revisión del programa y garantías de igualdad y protección infantil. Mientras tanto, la pregunta seguirá en el aire: ¿qué clase de “formación” es esa que enseña, desde la institución, que la acción pertenece a los chicos y la mirada a las chicas?

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admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.