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Cuando la moda «sostenible» se queda en palabras vacías

La sostenibilidad se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la comunicación de moda en la última década. Marcas de todo el mundo compiten por demostrar su compromiso ambiental, y los consumidores, cada vez más conscientes del impacto ecológico de la industria textil, buscan opciones que se alineen con sus valores. Sin embargo, no todos los mensajes verdes son lo que parecen. En un reciente fallo que ha sacudido a la industria de la moda, reguladores de publicidad han prohibido campañas de tres gigantes del sector —Calvin Klein, UNIQLO y Adidas— por considerar que sus afirmaciones sobre el uso de materiales reciclados eran engañosas.

¿Qué ocurrió exactamente?

Las autoridades reguladoras de publicidad analizaron diversas campañas publicitarias de estas tres marcas y determinaron que, si bien las empresas sí utilizaban algunos materiales reciclados en sus productos, la forma en que comunicaban esta información generaba una impresión distorsionada en el consumidor. No se trataba de que las marcas mintieran de forma absoluta, sino de que presentaban datos de manera parcial, ambigua o exagerada, lo que llevaba al público a creer que sus productos eran mucho más sostenibles de lo que realmente eran.

Este matiz es fundamental: las anuncios no fueron prohibidos por las prácticas empresariales en sí, sino por la manera en que estas se comunicaban. Es decir, una marca podría estar efectivamente trabajando con materiales reciclados, pero si su publicidad sugiere que el 100% de sus productos están fabricados con dichos materiales cuando solo una pequeña proporción lo está, se incurre en una publicidad engañosa.

El problema de fondo: el greenwashing en la moda

Lo que estos casos evidencian es un fenómeno cada vez más preocupante en la industria: el greenwashing, o lavado verde. Este término se refiere a la práctica de empresas que presentan una imagen de sostenibilidad que no se corresponde con la realidad de sus operaciones. En el contexto de la moda, esto se manifiesta de múltiples formas: etiquetas que dicen «eco-friendly» sin certificaciones que lo respalden, colecciones «sostenibles» que representan menos del 5% de la producción total, o afirmaciones vagas como «hecho con materiales reciclados» sin especificar qué porcentaje exacto del producto realmente lo contiene.

La industria de la moda es responsable de aproximadamente entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de dióxido de carbono, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Ante esta realidad, los consumidores han empezado a exigir transparencia, y las marcas han respondido con campañas de marketing verde que, en muchos casos, van por delante de sus acciones reales.

Las tres marcas bajo escrutinio

Calvin Klein, perteneciente al grupo PVH Corp, ha promocionado activamente colecciones con materiales reciclados y ha incluido mensajes ambientales en sus campañas más recientes. Sin embargo, los reguladores determinaron que ciertas comunicaciones de la marca creaban la percepción de un compromiso ambiental más amplio del que realmente existía en su catálogo completo.

UNIQLO, la multinacional japonesa perteneciente a Fast Retailing, ha destacado su iniciativa de reciclaje de ropa usada y el uso de materiales reciclados en varias líneas de producto. La marca ha utilizado expresiones que sugerían un impacto ambiental significativamente mayor del que podía sustentarse con datos concretos.

Adidas, por su parte, ha invertido fuertemente en la narrativa de la sostenibilidad, con colecciones elaboradas en colaboración con Parley for the Oceans, utilizan plástico oceánico reciclado. Si bien esta iniciativa es real y ha generado un impacto positivo, las autoridades consideraron que la forma en que la marca comunicaba estos logros podía inducir a error al consumidor respecto a la proporción de productos sostenibles dentro de su catálogo general.

¿Por qué la forma de comunicar importa tanto?

El factor decisivo en estos fallos no fue la existencia o inexistencia de prácticas sostenibles, sino la calidad y precisión de la información transmitida. La regulación publicitaria de muchos países establece que los mensajes comerciales deben ser veraces, verificables y no pueden ser engañosos, incluso cuando se basen en hechos parcialmente ciertos.

Un anuncio que dice «hecho con materiales reciclados» sin aclarar que solo el 20% del producto contiene dicho material, o que sugiere que toda la marca ha adoptado prácticas circulares cuando solo una línea específica lo ha hecho, constituye una forma de desinformación. El consumidor tiene derecho a tomar decisiones de compra basadas en información precisa, y cuando esa información es manipulada, se vulnera tanto su derecho como la competencia leal entre empresas.

Esto conecta directamente con el Reglamento de la Unión Europea sobre Green Claims, propuesto en 2023, que busca exigir a las empresas que cualquier afirmación ambiental en sus productos y comunicaciones esté respaldada por evidencia científica y certificaciones independientes. De manera similar, en otros mercados, las autoridades de protección al consumidor y de competencia han intensificado sus auditorías sobre la publicidad verde.

Lecciones para la industria y el consumidor

Para las empresas, estos fallos envían un mensaje claro: la sostenibilidad no es un eslogan, es una práctica que debe documentarse y comunicarse con rigor. Las marcas que deseen posicionar su compromiso ambiental deben ser capaces de respaldar cada afirmación con datos específicos, porcentajes reales y certificaciones verificables. La vaguez en el lenguaje verde ya no es tolerable.

Para los consumidores, estos casos subrayan la importancia de ser escépticos ante las afirmaciones ambientales. Preguntarse «¿qué porcentaje de este producto es realmente reciclado?», «¿quién certifica esta afirmación?» o «¿esta colección sostenible representa qué proporción de la producción total de la marca?» son cuestiones legítimas y necesarias.

Para los reguladores, el desafío radica en mantener un equilibrio entre fomentar la innovación sostenible y proteger al consumidor de mensajes engañosos. Prohibir demasiado podría desincentivar a las empresas que están dando pasos genuinos, pero no actuar permite que el greenwashing erosione la confianza pública.

Un camino hacia una comunicación honesta

Lo más revelador de esta situación es que las tres marcas involucradas sí están realizando esfuerzos reales en materia de sostenibilidad. Ninguna de ellas está completamente ajena a la transición ecológica. El problema no es la intención, sino la ejecución comunicativa. Y precisamente por ello, estos casos son más instructivos que otros escándalos de greenwashing donde las prácticas simplemente no existen.

La moda del futuro necesitará dos cosas indispensables: acción real y comunicación honesta. Una sin la otra no es suficiente. Las marcas que logren combinar ambos elementos no solo evitarán sanciones regulatorias, sino que ganarán la confianza de un consumidor cada vez más informado y exigente.

En última instancia, prohibir un anuncio no es un castigo, sino una invitación a hacer las cosas mejor. La sostenibilidad merece ser comunicada con la misma seriedad con la que se practica.

Generado por Mimo v2.5

Categorías: General

admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.