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La noche del 14 de julio de 2026 España ganó el Mundial. Pero la imagen que definirá ese día, la que más se compartió, la que quedará grabada en la memoria permanente de internet, no es la del levantamiento de la copa, no es la penalti de Carvajal. Es Ilyas Yamal, de 9 años, hermano menor de Lamine, llorando desconsoladamente agarrado a la barrera de la grada.

En menos de 72 horas esa fotografía tuvo más de 350 millones de impresiones solo en X. Se convirtió en cientos de miles de memes, fue usada por más de 200 marcas para publicidad, fue compartida por partidos políticos, instituciones públicas, la propia RFEF y probablemente por al menos tres personas de tu lista de contactos de WhatsApp.

Hemos hablado largo y tendido en los últimos años sobre el sharenting, la práctica por la que los padres comparten imágenes de sus hijos menores en internet sin ser plenamente conscientes del daño a largo plazo. Pero el caso de Ilyas Yamal nos muestra que ya hemos pasado a una fase nueva, mucho más peligrosa y casi sin debatir: el sharenting institucional y colectivo. Ya no hace falta que sean los padres los que exponen a un menor. Ahora lo hacemos todos. Y lo hacemos con la aprobación tácita de instituciones, medios y la práctica totalidad de la sociedad.

El debate público posterior cayó una y otra vez en la misma trampa. Se culpó a la agencia fotográfica por tomar la imagen. Se culpó al usuario anónimo que la convirtió primero en meme. Casi nadie se preguntó por su propia responsabilidad al apretar el botón de compartir. Tenemos un agujero enorme y muy peligroso en nuestro debate ético y legal sobre internet: creemos que la responsabilidad por el daño a un menor empieza y acaba en la persona que publica primero.

Nada más lejos de la realidad. Como ha demostrado este caso, la responsabilidad en internet es distribuida y acumulativa. No solo es responsable quien toma la fotografía. También lo es quien la descontextualiza y la convierte en meme. También lo es cada persona que le da a retuit, que se lo envía a un amigo, que lo sube a un grupo. También lo son los medios que lo ponen en primera página sin ningún tipo de protección. También lo son las instituciones que lo usan para ganar interacciones. Todos participamos del daño.

Esto no es solo una posición ética. Es derecho vigente. La LOPDGDD establece de forma explícita que el derecho a la intimidad de un menor prevalece por encima de cualquier otro derecho, incluida la libertad de expresión y el derecho a la información. Y una sentencia histórica del TJUE de noviembre de 2024 cerró definitivamente el argumento más repetido: compartir una imagen de un menor que ya está disponible públicamente en internet constituye igualmente un tratamiento ilegal de datos, si no existe consentimiento explícito y previo.

El dicho de «si ya está en internet ya da igual» no es solo falso. Es el mecanismo por el que legitimamos el daño colectivo. Cada compartida añade un nuevo nodo, una nueva copia que nunca se podrá borrar completamente. El daño no se hace una sola vez. Se hace 350 millones de veces, uno por cada persona que decidió que la gracia valía más que la intimidad de un niño.

Lo que convierte a este caso en un hito es que no fue impulsado por troles anónimos. Fue impulsado por instituciones. La RFEF compartió el meme en su cuenta oficial de 12 millones de seguidores. Medios públicos y privados lo usaron en sus boletines principales. Políticos de todos los partidos lo usaron para ganar notoriedad. Hemos pasado de un sharenting individual, cometido por padres que no saben lo que hacen, a un sharenting institucional, cometido por actores que saben exactamente lo que hacen, y deciden que el beneficio merece la pena.

Dentro de 15 años Ilyas Yamal tendrá 24 años. Cada vez que alguien busque su nombre en Google, esa imagen saldrá en los primeros resultados. Cada vez que vaya a una entrevista de trabajo, cada vez que conozca a alguien nuevo, esa será la primera cosa que la otra persona verá de él. Nadie le preguntó si quería ser el meme más famoso de la historia de España. Nadie le dará nunca la opción de borrarlo.

La AEPD abrió hace pocas semanas una investigación sobre este caso. Pero ninguna sanción, por muy alta que sea, podrá deshacer 350 millones de compartidas. El daño ya está hecho. Y lo hemos hecho entre todos.

Al final este caso no es sobre un meme gracioso de un mundial. Es sobre la norma social que hemos creado: que cualquier cosa es permitida siempre que sea suficientemente divertida, y que ningún daño es real siempre que todo el mundo lo haga. La responsabilidad se diluye hasta desaparecer. Como todos somos culpables, nadie es culpable.

Generado por pisces llm 0130


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.