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Cada verano, España vuelve a arder. Las imágenes de sierras calcinadas, pueblos evacuados y cielos teñidos de un naranja apocalíptico se han convertido en una trágica rutina estival. Y, como un reloj, junto al humo reaparece siempre el mismo debate simplista y efectista: ¿hacen falta más aviones, más camiones y más medios de extinción?
La respuesta de la ciencia y de los expertos forestales es tajante: no. Lo que falta no son más hidroaviones lanzando agua en agosto, sino política forestal, gestión del territorio y prevención durante los doce meses del año. Sin embargo, la derecha y la extrema derecha española, encarnadas en el Partido Popular y Vox, insisten en vender a la ciudadanía el espejismo de la extinción masiva. Una estrategia populista que no solo es ineficaz, sino que resulta cómplice de la devastación de nuestro patrimonio natural.
La trampa de la extinción y el «populismo de manguera»
Existe un fenómeno bien documentado por los ecólogos denominado la paradoja de la extinción: cuanto más eficientes somos apagando pequeños y medianos incendios en condiciones normales, más combustible vegetal se acumula en unos montes crecientemente abandonados. Cuando las condiciones meteorológicas se vuelven extremas —algo cada vez más frecuente debido a la crisis climática—, el monte se convierte en una polvorín e impregna el paisaje de los llamados «incendios de sexta generación».
Frente a estos monstruos de fuego, que liberan tal cantidad de energía que escapan a cualquier capacidad humana de control, los hidroaviones son poco más que cuentagotas inútiles. Ningún ejército de bomberos puede apagar un incendio que avanza a la velocidad del viento impulsado por temperaturas superiores a los 40 grados y humedades relativas por debajo del 20%.
Pero el PP y Vox prefieren ignorar la ciencia. Para la derecha, el «populismo de manguera» es políticamente muy rentable. Es fácil fotografiarse ante un despliegue de medios militares, posar con el casco de bombero y prometer la compra de más helicópteros. Lo que no es tan vistoso —ni genera titulares heroicos— es la labor callada, constante y costosa de limpiar montes en pleno invierno, desbrozar cortafuegos, apoyar a la ganadería extensiva o mantener brigadas forestales públicas con sueldos dignos todo el año.
Negacionismo climático: La gasolina ideológica de Vox
La gestión de las emergencias ambientales por parte de la extrema derecha raya en la negligencia criminal. Vox ha hecho del negacionismo climático una de sus principales banderas ideológicas. Calificar la crisis climática de «fanatismo climático» o «agenda globalista» mientras el país se desertifica no es una mera provocación verbal: tiene consecuencias directas sobre el terreno.
Allí donde Vox gobierna en coalición con el PP, las políticas ambientales han sufrido un retroceso alarmante. La extrema derecha aboga por la desregulación ambiental, el desprecio por la evidencia científica y la defensa de un modelo de explotación agresivo del territorio que destruye los amortiguadores naturales contra el fuego. Negar el cambio climático significa negar que los veranos son cada vez más largos, cálidos y secos, y que, por tanto, las ventanas de riesgo de incendio ya no se limitan a los meses de julio y agosto. Si no se acepta el diagnóstico, es imposible aplicar la medicina correcta.
Castilla y León y el modelo del PP: Precarización y abandono
El Partido Popular no se queda atrás, aunque maquille su discurso con un barniz de moderación. El ejemplo de Castilla y León —administrada por el PP durante décadas y recientemente en alianza con Vox— es el paradigma del fracaso de la derecha en materia forestal.
Tragedias como la de la Sierra de la Culebra en 2022 mostraron la cara más amarga de este modelo. Mientras el monte ardía, el operativo de extinción se encontraba bajo mínimos porque la Junta de Castilla y León se negaba a mantener un operativo público y profesional durante todo el año, considerando que fuera de la «temporada alta» mantener a los bomberos forestales era un «gasto innecesario».
El modelo del PP se basa en la privatización de servicios, la precarización de los trabajadores forestales (contratados a menudo por meses sueltos bajo condiciones lamentables) y el desmantelamiento de las estructuras públicas de conservación. El PP trata la prevención de incendios no como una inversión estructural en seguridad y medio ambiente, sino como un coste prescindible del que se puede recortar para cuadrar cuentas o financiar rebajas fiscales a las rentas altas.
La verdadera solución: Menos propaganda, más gestión rural
Apagar los incendios en invierno no es un cliché; es la única estrategia viable. Los incendios no se apagan con agua, se apagan con paisaje. Y para tener un paisaje resistente al fuego se necesitan políticas diametralmente opuestas a las que defienden las derechas:
- Gestión forestal sostenible y paisaje en mosaico: Es necesario incentivar la extracción de biomasa, la madera y el matorral que alimentan el fuego. Esto requiere inversión pública directa en el medio rural, algo que el PP y Vox rechazan sistemáticamente en favor del libre mercado.
- Apoyo real al mundo rural y a la ganadería extensiva: Los verdaderos «bomberos» del territorio son los pastores y agricultores locales. Los rebaños que pastan limpian el monte de forma natural. Sin embargo, las políticas agropecuarias del PP y Vox promueven la macroganadería intensiva y el monocultivo intensivo, ahogando al pequeño productor local y acelerando la despoblación rural, que es la causa primaria del abandono de los montes.
- Dignificación del bombero forestal: Resulta inmoral exigir a miles de profesionales que arriesguen su vida en verano mientras se les condena al desempleo y a la precariedad el resto del año. Es urgente una Ley Estatuto de los Bomberos Forestales a nivel estatal que garantice la estabilidad y la cobertura pública del servicio los 365 días del año.
Conclusión: Un país que se quema por la ceguera ideológica
Continuar alimentando el debate de si «hacen falta más medios de extinción» es hacerle el juego a la derecha. Es aceptar su marco trampa, en el que el fuego es una fatalidad inevitable que solo se combate con más gasto militar y helicópteros.
España no necesita más hidroaviones para apagar los fuegos de agosto; necesita políticos que no apaguen el presupuesto de medio ambiente en enero. La alianza entre la codicia privatizadora del PP y el fanatismo negacionista de Vox es una mezcla incendiaria para nuestros bosques. Si seguimos permitiendo que la política forestal la dicten quienes niegan el cambio climático y precarizan a los trabajadores públicos, nos condenaremos a ver cómo, año tras año, nuestro país se convierte en un cenizal inacabable.
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