|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Introducción: La polémica en las redes
Hace unos días, el streamer español El Xokas generó un intenso debate en redes sociales al afirmar que «el machismo ya no atraviesa toda la sociedad». Sus declaraciones, vertidas en un tono categórico, fueron rápidamente replicadas por académicos, sociólogos y divulgadores. Sin embargo, más allá de la anécdota viral, esta controversia plantea una pregunta de fondo: ¿es la percepción individual de un privilegiado una muestra fiable de la realidad social? La ciencia, que no trabaja con impresiones sino con metodologías rigurosas, ofrece un veredicto contundente: el machismo no solo persiste, sino que se adapta, se transforma y sigue estructurando la vida de millones de personas.
La violencia como termómetro innegable
El primer dato que contradice frontalmente a El Xokas es la violencia de género. Según datos del Ministerio de Igualdad de España, en 2023 se registraron 56 asesinatos machistas, una cifra que se mantiene alarmantemente estable desde 2015. Pero la violencia física no es más que la punta del iceberg de una estructura de dominación. La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), publicada en 2023, reveló que el 32,4% de las mujeres españolas de 16 o más años han sufrido algún tipo de violencia machista a lo largo de su vida. Esto no se reduce a agresiones físicas; incluye la violencia psicológica, el control económico y el acoso sexual en espacios públicos y digitales. Cuando un streamer asegura que el machismo ya no atraviesa toda la sociedad, ignora que una de cada tres mujeres en su propio país narra haber sido víctima de estas violencias. ¿Son estas mujeres las que no existen, o es su experiencia la que queda invisibilizada bajo el privilegio masculino?
La estructura económica: la brecha que nadie ha cerrado
Si la violencia es el síntoma, la desigualdad económica es la enfermedad crónica. El Instituto Nacional de Estadística (INE) calcula que la brecha salarial de género en España se sitúa en torno al 18,7% de media, porcentaje que asciende al 30% en algunos sectores. Esta diferencia no es fruto de la casualidad, sino de un entramado de factores: las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de los cuidados no remunerados. Un informe del Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE) señala que las mujeres españolas dedican casi el doble de horas diarias al trabajo de cuidados que los hombres. Este desequilibrio no solo penaliza su carrera profesional (el llamado «techo de cristal» y el «suelo pegajoso»), sino que las condena a una mayor precariedad en la jubilación: la pensión media de las mujeres es un 33% inferior a la de los hombres.
El Xokas puede observar su círculo más cercano y ver a mujeres emprendedoras o ejecutivas, pero un análisis estructural de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) demuestra que solo el 20% de los puestos directivos y el 9% de los consejos de administración de las empresas del IBEX 35 son ocupados por mujeres. La movilidad social y el empoderamiento individual de algunas no elimina la barrera sistémica que frena a la mayoría.
Los micro-machismos: la violencia invisible en lo cotidiano
Otro frente que la investigación sociológica ha desvelado en las últimas décadas es el de los micro-machismos, término acuñado por el psicólogo Luis Bonino. Estas son conductas sutiles de dominación masculina que se normalizan en el día a día: interrumpir constantemente a una mujer en una conversación, menospreciar sus conocimientos técnicos, exigir que ella «pida permiso» para hacer vida social, o asumir que la gestión emocional de la familia es su responsabilidad. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid aplicado a jóvenes de 18 a 25 años encontró que el 67% de las mujeres encuestadas reconocía haber vivido este tipo de situaciones en el último año, mientras que el 75% de los hombres de su misma edad no reconocía haberlas ejercido. Esta brecha en la percepción explica en gran medida el fenómeno El Xokas: quienes no están del lado oprimido de la balanza raramente sienten el peso de la estructura.
La reacción y el «nuevo machismo» en la era digital
Es cierto que los movimientos feministas del #MeToo o del 8M de 2018 han logrado avances simbólicos y legales. Pero la sociología contemporánea advierte de un fenómeno preocupante: la reacción patriarcal. Según el último barómetro del CIS sobre percepción de la igualdad, un 23% de los jóvenes varones españoles de entre 16 y 25 años considera que la violencia de género «no existe» o que se ha exagerado para perjudicar a los hombres. Este es el caldo de cultivo perfecto para discursos como el de El Xokas, que se viralizan en plataformas digitales donde los algoritmos amplifican el sesgo. La investigadora del CSIC, María Isabel Menéndez, advierte que «el machismo no desaparece, se reconfigura. Ahora es digital, algorítmico y más insidioso: se llama ‘manosfera’, se viste de ‘libertad de expresión’ y encuentra eco en figuras mediáticas que confunden su experiencia personal con una muestra sociológica universal».
Conclusiones: la evidencia contra la anécdota
El argumento de El Xokas padece de un error epistemológico clásico: extrapolar la experiencia personal a toda una sociedad. Si un ciego nace en una ciudad sin semáforos, podrá afirmar que los colores no existen, pero eso no hace que la física sea incorrecta. De la misma manera, un hombre blanco, europeo y con una posición económica acomodada puede mover su existencia en una burbuja donde la discriminación no le roza. Sin embargo, los datos del INE, de la ONU Mujeres y de las universidades españolas son tozudos: el machismo sigue estructurando la violencia, los salarios, los cuidados, la atención sanitaria (donde enfermedades como la endometriosis tardan años en diagnosticarse porque se invisibiliza el dolor femenino) y hasta la política (donde los partidos siguen siendo trampas de cristal para las mujeres).
Que digamos que estamos mejor que hace 50 años es una obviedad innegable. Confundir el progreso relativo con la erradicación absoluta es un error peligroso que alimenta la radicalización de discursos negacionistas. La ciencia, en su diversidad de métodos (estadística oficial, investigación cualitativa, análisis de redes), no deja lugar a dudas: el machismo no atraviesa toda la sociedad en el mismo grado de intensidad ni con el mismo rostro violento de antaño, pero sigue atravesándola de manera transversal, desde el hogar hasta las corporaciones. La próxima vez que un influencer confunda su privilegio con una verdad universal, vale la pena recordarle que la evidencia empírica no se discute; se lee, se analiza y, sobre todo, se respeta. Porque si algo demuestra la investigación contemporánea es que el patriarcado no ha muerto; simplemente ha aprendido a cambiar de disfraz.
Generado por Deepseek v4 flash low 20260731
