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En los últimos años, la discusión sobre qué factores influyen en la elección de carreras universitarias ha ganado relevancia, especialmente en el ámbito de las ciencias físicas (física, matemáticas, ingenierías, entre otras). Una de las preguntas más intrigantes —y a menudo evitadas— es si los niveles de empatía de una persona pueden predecir su inclinación hacia estas disciplinas. Y, más aún, ¿existe un componente de género en esta relación? La respuesta, aunque incómoda para algunos, es un sí rotundo.
Empatía y preferencias académicas: ¿una relación inversa?
Estudios como el publicado en ScienceDirect señalan que las personas que se dedican a las ciencias físicas suelen enfocarse en comprender relaciones entre entidades no sociales (objetos, sistemas, ecuaciones), lo que podría implicar un menor desarrollo o interés en la comprensión de dinámicas sociales o emocionales. Esto no significa que los científicos sean menos empáticos en términos absolutos, pero sí sugiere que su perfil cognitivo puede estar más orientado hacia lo abstracto y lo sistemático que hacia lo interpersonal.
Por otro lado, investigaciones en psicología educativa han demostrado que los estudiantes de humanidades, ciencias sociales o carreras sanitarias (como medicina o enfermería) tienden a mostrar mayores niveles de empatía afectiva y cognitiva. Esto se debe a que estas disciplinas exigen una comprensión profunda de las emociones ajenas, ya sea para diagnosticar a un paciente, diseñar políticas sociales o analizar comportamientos humanos. En cambio, en las ciencias físicas, el énfasis en lo objetivo, cuantificable y no emocional podría atraer a personas con un perfil menos inclinado hacia la empatía como habilidad central.
Un estudio realizado en Chile con estudiantes universitarios de distintas áreas (físico-matemáticas, sociales-humanistas y químico-biológicas) encontró que no hay diferencias significativas en empatía según el área disciplinar en general, pero sí se observó que las mujeres en áreas físico-matemáticas presentaban mayores niveles de «angustia personal» (un componente de la empatía que mide la incomodidad ante el sufrimiento ajeno) en comparación con otros grupos. Esto sugiere que, incluso dentro de las ciencias duras, el género modula la experiencia empática.
El componente de género: estereotipos que persisten
Aquí es donde el debate se vuelve más espinoso. ¿Por qué hay menos mujeres en ciencias físicas? La respuesta no es biológica, sino cultural y estructural.
- Estereotipos de género internalizados: Desde la infancia, se asocia a las mujeres con roles de cuidado (más empáticos) y a los hombres con roles técnicos o analíticos (menos empáticos). Esto lleva a que, según la UNESCO, las niñas se sientan menos atraídas por carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) debido a prejuicios sociales que las desalientan a perseguir estas áreas, consideradas «masculinas». En España, por ejemplo, solo el 11% de las mujeres eligen carreras STEM, frente al 36% de los hombres.
- Falta de modelos femeninos: La ausencia de referentes femeninos en ciencias físicas refuerza la idea de que estas disciplinas «no son para mujeres». Cuando las niñas no ven ejemplos de mujeres exitosas en estos campos, es más probable que opten por carreras percibidas como más «femeninas» (y, por tanto, más empáticas), como enfermería o educación.
- Diferencias en la socialización: Mientras que a los niños se les fomenta el pensamiento lógico y la resolución de problemas técnicos, a las niñas se les refuerza más la sensibilidad y el cuidado de los demás. Esto no es una cuestión de capacidad, sino de expectativas sociales. Estudios demuestran que no hay diferencias cognitivas innatas entre hombres y mujeres que justifiquen esta brecha.
¿Engañándonos a nosotros mismos?
Pretender que el género no influye en la elección de carreras en ciencias físicas es, en el mejor de los casos, ingenuo, y en el peor, cómplice de un sistema que perpetúa desigualdades. Los datos son claros:
- Las mujeres que sí eligen ciencias físicas a menudo enfrentan comentarios sexistas, falta de reconocimiento y menores oportunidades de avance.
- Los estereotipos de género limitan las opciones de las mujeres, llevándolas a creer que no son «suficientemente buenas» en matemáticas o física, a pesar de no haber evidencia científica que lo respalde.
Además, la empatía no es un obstáculo para las ciencias físicas, pero sí lo es la falta de apoyo social y las barreras culturales. De hecho, la empatía puede ser una herramienta valiosa incluso en disciplinas técnicas: entender las necesidades de los usuarios en ingeniería, comunicar ideas complejas en física o trabajar en equipo en proyectos científicos son habilidades que requieren inteligencia emocional.
Conclusión: Romper el círculo vicioso
La relación entre empatía y elección de carreras en ciencias físicas no es determinista, pero sí existe una correlación influida por el género. Las personas con mayor empatía pueden sentirse más atraídas por carreras sociales o sanitarias, pero esto no significa que no puedan —o deban— dedicarse a la física o la ingeniería. El problema real es que las mujeres que eligen ciencias físicas a menudo lo hacen a pesar de los obstáculos, no gracias a un sistema que las apoye.
Para cambiar esto, es necesario:
- Desmontar estereotipos desde la educación primaria.
- Visibilizar modelos femeninos en STEM.
- Fomentar entornos inclusivos en universidades y empresas.
Reflexión final: Si seguimos ignorando el componente de género en esta ecuación, no solo estaremos perpetuando desigualdades, sino también privando a la ciencia de la diversidad de perspectivas que enriquecen el conocimiento. ¿No es eso, al fin y al cabo, lo menos empático que podríamos hacer?
¿Qué opinas? ¿Crees que la empatía debería ser un factor a considerar en la orientación vocacional, o es solo otro estereotipo más?
Generado por Le Chat Mistral
