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La agresión homófoba ocurrió durante las fiestas de la localidad alicantina. Los atacantes, de 16 y 17 años, fueron identificados por la Guardia Civil y puestos a disposición de la Fiscalía de Menores. Las víctimas sufren un fuerte impacto psicológico.
El pueblo de Benialí, en el interior de la Marina Alta, vive sus fiestas patronales con la banda sonora de la música y el bullicio. Pero la noche del sábado una ráfaga de violencia tiñó de negro las calles. Según ha adelantado el diario digital Red, tres jóvenes de 16 y 17 años atacaron a un grupo de cinco niñas de 14 años, profiriendo gritos como «maricona», «bollera», «Viva Franco» y «Viva Vox». La agresión, que la Guardia Civil investiga como un presunto delito de odio, ha provocado un terremoto social en la comarca y ha reabierto el debate sobre la violencia lgtbifóbica entre los más jóvenes.
Los hechos ocurrieron en una de las áreas más concurridas de la localidad, donde se habían instalado las atracciones y los puestos de comida. Un grupo de menores disfrutaba de la velada cuando, según testigos presenciales, los tres agresores se les acercaron de forma intimidatoria. «No hubo ninguna discusión previa. Se fueron directamente hacia ellas, gritando y empujando a la gente que tenían delante», relata un vecino que prefirió no dar su nombre. Las agresiones comenzaron con insultos que ninguna de las asistentes esperaba: «maricona», «bollera», «Viva Franco» y «Viva Vox». A continuación, las golpearon, las tiraron al suelo y les robaron sus teléfonos móviles antes de huir.
La noticia corrió como la pólvora por las redes sociales. En un audio de WhatsApp difundido a través de los grupos de padres del instituto, una de las víctimas relató el pánico que vivieron: «Nos decían que les pusiéramos cara de miedo, pero yo ya estaba temblando. Llamé a mi madre y nos persiguieron hasta la plaza mayor». El testimonio generó una oleada de solidaridad, pero también de indignación, y no han tardado en convocarse concentraciones de repulsa.
La Guardia Civil, tras recoger la denuncia de las familias, localizó en pocas horas a los tres presuntos agresores. Según fuentes de la investigación, dos de ellos tienen 17 años y el tercero 16, y todos residen en la propia comarca de Benialí o en localidades cercanas. Al ser menores, fueron puestos a disposición de la Fiscalía de Menores, que deberá decidir sobre las medidas cautelares. Entre las opciones se encuentra el internamiento en un centro de la Generalitat Valenciana, aunque se tendrá en cuenta que los imputados no tienen antecedentes. No obstante, la gravedad de los hechos, con insultos homófobos y de exaltación franquista, podría conllevar una medida de hasta tres años de privación de libertad, tal y como recoge la Ley Orgánica de Responsabilidad Penal de los Menores.
Las víctimas, por su parte, fueron atendidas de contusiones leves en el centro de salud, pero el impacto emocional es mucho mayor. «Ninguna quiere salir de casa, tienen miedo de encontrarse con ellos en el pueblo. Son compañeros de instituto o de fiestas de otros pueblos», explica una de las madres. La asociación Diversitat Alicante ha ofrecido acompañamiento psicológico a las niñas y a sus familias, y ha anunciado que ejercerá la acusación particular.
El Ayuntamiento de Benialí, gobernado por el Partido Popular, compareció en rueda de prensa a la mañana siguiente. El alcalde, visiblemente afectado, condenó los hechos y dijo sentirse «avergonzado» como ciudadano. «Esto no representa en absoluto a nuestro pueblo, que es acogedor y respetuoso», declaró. Asimismo, anunció que el consistorio se personará como acusación popular y que se guardó un minuto de silencio en la puerta del ayuntamiento a las 12 del mediodía.
El episodio ha trascendido el ámbito municipal. El president de la Generalitat, Carlos Mazón, se pronunció en redes sociales para condenar la agresión y exigir «una investigación ejemplarizante». La consellera de Justicia e Interior sopesa la creación de un grupo específico de prevención de delitos de odio en la Comunidad Valenciana, mientras el Ministerio del Interior estudia incorporar estos casos a los protocolos de seguimiento de violencia lgtbifóbica.
La respuesta política no se ha hecho esperar. Los partidos con representación en las Corts Valencianes —PSPV, Compromís, Unides Podem y PP— han firmado una declaración conjunta de condena, pero el apoyo se ha roto en el seno del pleno cuando los grupos de izquierdas han reclamado a la ultraderecha un gesto de repulsa explícito. Vox, por su parte, ha evitado pronunciarse sobre el caso. Su portavoz nacional ha llegado a sugerir en redes que la información está «manipulada» y que «no hay que difamar a los menores». Unas declaraciones que han sido recibidas con dureza por los colectivos LGTBI, que recuerdan que la palabra «bollera» es un ataque directo a la dignidad de las personas.
La agresión ha puesto el foco en un fenómeno inquietante: los discursos de odio han penetrado en la adolescencia. Los educadores y sociólogos consultados señalan que, aunque la sociedad ha avanzado en leyes y derechos, la semilla del desprecio se cultiva en los patios de los institutos, en los videojuegos y en las redes sociales, donde algunos influencers ultraderechistas normalizan expresiones violentas contra el colectivo LGTBI, el feminismo y la memoria histórica.
«La edad de los agresores no es una excusa, es un agravante. No podemos naturalizar que un menor coree ‘Viva Franco’ como si fuese un cántico futbolístico. Esa frase es un ataque a la democracia y a las víctimas del franquismo», subraya la historiadora y presidenta de la asociación de memoria histórica de Alicante. Efectivamente, el grito «Viva Franco» no ha sido un exabrupto juvenil, sino la expresión de una ideología que ha sido alimentada en casa o en los entornos sociales de los menores. La Ley de Memoria Democrática, aún en tramitación, contempla penas para quienes hagan apología del franquismo si ello supone humillación para las víctimas o incitación al odio.
De fondo late también una cuestión de salud pública: la salud mental de las víctimas. Expertos en psicología infantil avisan de que eventos como el sufrido en Benialí pueden dejar secuelas permanentes si no se abordan a tiempo. «Las niñas están en pleno desarrollo de su identidad. Que les digan ‘bollera’ o ‘maricona’ cuando quizás ni siquiera han definido su orientación puede generar una confusión terrible y una autoimagen marcada por el miedo», explica una psicóloga clínica que ha atendido casos similares.
Por eso, la comunidad educativa de la comarca ha decidido actuar. Los institutos de Benialí y su área de influencia han programado charlas y talleres sobre diversidad afectivo-sexual, y el profesorado ha recibido instrucciones para detectar conductas lgtbifóbicas. La inspectora de Educación ha solicitado un plan integral para erradicar el acoso en las aulas, que se sumará al protocolo de convivencia existente.
Mientras tanto, el caso sigue su curso judicial. Las familias de las víctimas han contratado a la abogada María José Rodríguez, especializada en delitos de odio, quien ya ha confirmado que pedirá la prisión provisional para los agresores, una medida excepcional en menores. «No se trata de venganza, sino de evitar que estos chavales repitan y que el mensaje que calen sea claro: la homofobia tiene consecuencias legales», declaró a este periódico.
En la concentración del mediodía, cerca de doscientas personas se dieron cita en la plaza del Ayuntamiento. Entre ellas, las cinco niñas, que portaban una gran pancarta reclamando «respeto y justicia». A su lado, sus padres, muchos de ellos con lágrimas en los ojos. También acudieron representantes de todos los partidos políticos, a excepción de Vox. Al terminar el acto, los asistentes corearon «sí, sí, sí, no queremos homofobia» y soltaron globos blancos al cielo.
Fuera del acto, un grupo de vecinas ha iniciado una campaña de micromecenazgo para costear la terapia de las menores y para instalar cámaras de seguridad en las calles donde ocurrió el ataque. «Nuestras hijas deben sentirse seguras en su pueblo», dice una de ellas. La iniciativa ya ha recaudado más de 5.000 euros.
El caso de Benialí no es un caso aislado. Según el informe 2023 de la Federación Estatal LGTBI+, las agresiones homófobas aumentaron un 23% en España durante el último año. Y las redes sociales se han convertido en un altavoz del odio: el 43% de los jóvenes de entre 15 y 29 años reconoce haber presenciado alguna vez comentarios lgtbifóbicos en su entorno digital. Estos datos invitan a una reflexión urgente sobre el papel de la educación y la justicia.
El pasado sábado, la música volvió a sonar en Benialí, pero esta vez con un acento distinto: el miedo. Las atracciones cerraron antes de lo previsto y la alcaldía reforzó la iluminación de las calles. Nada, sin embargo, podrá devolver a las cinco niñas la noche en que fueron atacadas por ser mujeres, por ser jóvenes y porque alguien decidió que sus vidas podían ser pisoteadas al grito de «Viva Franco» y «Viva Vox». Su coraje, el de las niñas y el de un pueblo que las abraza, es la respuesta más firme frente al odio. Por ellas, y por todas las que han sufrido violencia homófoba, no podemos permitir que el silencio vuelva a ganar la partida.
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