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La fatiga relacionada con el cáncer es uno de los síntomas más frecuentes y discapacitantes de la enfermedad. No consiste simplemente en “estar cansado”: puede persistir durante meses o años, interferir con el trabajo, el sueño, la concentración y las relaciones sociales, y no siempre desaparece tras descansar. El artículo de Edzard Ernst sobre la acupuntura para este problema plantea una cuestión pertinente: ¿existe realmente una base sólida para ofrecer agujas como tratamiento?
La respuesta más rigurosa es menos espectacular que muchas promesas comerciales: hay indicios de un posible alivio modesto y transitorio en algunos pacientes, pero la evidencia es débil, heterogénea y muy inferior a la que justificaría presentar la acupuntura como una terapia establecida.
Antes de poner agujas, hay que averiguar qué causa la fatiga
Las guías clínicas de la National Comprehensive Cancer Network, la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) y el National Cancer Institute insisten en algo elemental que con frecuencia queda eclipsado por las terapias “integrativas”: la fatiga debe evaluarse clínicamente.
Puede deberse al propio tumor, a la anemia, a una infección, a alteraciones tiroideas, al dolor, al insomnio, a la depresión o la ansiedad, a determinados fármacos, a la desnutrición o a la pérdida de masa muscular. También puede ser consecuencia directa de la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia o de una prolongada inactividad física. Si existe una causa tratable, sustituir su diagnóstico por una sesión de acupuntura no es medicina complementaria: es una distracción potencialmente peligrosa.
Las intervenciones con mejor respaldo son el ejercicio adaptado a la situación del paciente —combinando actividad aeróbica y fortalecimiento cuando sea posible—, la terapia cognitivo-conductual, la mejora del sueño, el tratamiento del dolor y el apoyo psicológico. No son soluciones milagrosas, pero cuentan con una base científica más consistente que la mayoría de las terapias alternativas.
El problema de la teoría tradicional
La acupuntura tradicional se justifica mediante conceptos como el qi, los meridianos y el equilibrio entre fuerzas opuestas. Ninguno de esos elementos ha sido demostrado mediante anatomía, fisiología o ensayos experimentales reproducibles. No existe una red de meridianos coincidente con los mapas tradicionales ni se ha identificado una energía vital medible que circule por ellos.
En este sentido, la teoría tradicional de la acupuntura es pseudocientífica. Se apoya en una terminología flexible, difícil de refutar y capaz de reinterpretar cualquier resultado: si el paciente mejora, se atribuye al equilibrio del qi; si no mejora, se habla de un bloqueo más profundo, de una técnica incorrecta o de una respuesta individual. Ese tipo de explicación no permite realizar predicciones claras ni someterse a una verdadera comprobación.
Otra cuestión distinta es la inserción de agujas como estímulo físico. Las agujas pueden activar receptores nerviosos, provocar una respuesta de relajación, modificar temporalmente la percepción del dolor o generar expectativas positivas. Pero que una intervención produzca efectos neurofisiológicos no valida la existencia de meridianos. Del mismo modo, que un masaje relaje no demuestra la teoría energética que algunos masajistas utilizan para explicarlo.
¿Qué dicen los estudios sobre la fatiga?
Los ensayos clínicos sobre acupuntura y fatiga relacionada con el cáncer presentan varios problemas. Se han estudiado pacientes con tumores diferentes, en fases distintas de tratamiento, mediante acupuntura manual, electroacupuntura, acupresión o combinaciones de técnicas. También varían mucho el número de sesiones, la duración del seguimiento y las escalas utilizadas para medir la fatiga.
Algunos trabajos encuentran una mejoría frente a la atención habitual o frente a ningún tratamiento. Sin embargo, cuando la acupuntura se compara con procedimientos simulados, la diferencia suele ser menor. Esto es importante porque la comparación con una lista de espera no separa el efecto de las agujas del efecto de recibir atención, descansar, conversar con un terapeuta y esperar una mejoría.
Además, es difícil cegar por completo a pacientes y profesionales: quien recibe agujas normalmente sabe que está participando en una intervención. La fatiga es también un resultado subjetivo, susceptible de verse influido por las expectativas. Esto no significa que la mejoría percibida sea falsa; significa que no permite concluir que los meridianos o el qi hayan sido corregidos.
Las revisiones sistemáticas, incluidas las realizadas bajo la metodología Cochrane, han señalado precisamente estas limitaciones: muestras pequeñas, riesgo de sesgo, abandonos, resultados inconsistentes y escasa información sobre los efectos a largo plazo. En algunos análisis aparece una reducción estadísticamente significativa de la fatiga, pero no siempre está claro que alcance una diferencia clínicamente importante, es decir, una mejoría que el paciente note de manera relevante en su vida cotidiana.
La guía conjunta de la Society for Integrative Oncology y la American Society of Clinical Oncology permite considerar la acupuntura en determinados pacientes con síntomas relacionados con el cáncer, incluida la fatiga, pero califica la certeza de la evidencia como baja. Esta formulación es muy diferente de afirmar que la acupuntura “funciona” de forma demostrada. Las guías de ESMO y del National Cancer Institute conceden mayor protagonismo al ejercicio, las intervenciones psicológicas y la corrección de factores médicos reversibles.
La crítica de Edzard Ernst y sus límites
La aportación más valiosa del escepticismo de Edzard Ernst consiste en recordar que una práctica antigua, popular o respaldada por testimonios no adquiere eficacia por tradición. La carga de la prueba corresponde a quien afirma que una intervención funciona. En oncología, esa exigencia debe ser especialmente alta: los pacientes se encuentran en una situación vulnerable y el coste de las falsas esperanzas puede ser considerable.
No obstante, también conviene evitar la exageración inversa. La evidencia disponible no permite afirmar que cada sesión de acupuntura carezca absolutamente de cualquier efecto sintomático. Es posible que algunas personas experimenten relajación o una mejoría subjetiva breve. Lo que no está justificado es convertir ese efecto incierto en una explicación energética, en una terapia contra el cáncer o en un sustituto de tratamientos eficaces.
Riesgos y uso responsable
Cuando la realizan profesionales formados, con agujas desechables y normas estrictas de higiene, las complicaciones graves son poco frecuentes, pero no inexistentes. Puede haber dolor, hematomas, mareos, sangrado, infecciones y, raramente, lesiones profundas como un neumotórax. El riesgo merece especial atención en pacientes con problemas de coagulación, plaquetas bajas, defensas reducidas, catéteres, heridas o piel dañada por radioterapia.
También debe rechazarse cualquier centro que prometa curar tumores, “desintoxicar” la quimioterapia o sustituir la oncología convencional. El peligro aumenta cuando la acupuntura se acompaña de hierbas y suplementos no controlados, algunos capaces de interferir con fármacos antineoplásicos.
Si un paciente desea probarla, debería hacerlo como complemento, después de informar a su equipo oncológico, con un profesional acreditado y mediante un ensayo limitado en el tiempo. Conviene medir la fatiga antes y después, fijar un objetivo realista y abandonar la intervención si no aporta un beneficio claro. Nunca debería retrasar un análisis, una transfusión, el tratamiento de una anemia, la atención psicológica o un programa de ejercicio supervisado.
La conclusión es sobria: la acupuntura no cura el cáncer, no ha demostrado mejorar la supervivencia y no cuenta con pruebas sólidas para tratar la fatiga. Puede proporcionar a algunas personas una experiencia relajante y quizá un alivio modesto, pero ese posible efecto no valida la pseudociencia de los meridianos. Respetar el sufrimiento del paciente exige algo más que respetar todas las explicaciones: exige distinguir entre consuelo, plausibilidad y evidencia.
Fuentes consultadas
- National Cancer Institute, Cancer Fatigue (PDQ®): https://www.cancer.gov/about-cancer/treatment/cam/hp/cancer-fatigue-pdq
- Fabi A. et al., Cancer-related fatigue: ESMO Clinical Practice Guidelines, Annals of Oncology, 2020.
- Mao J.J. et al., Integrative Medicine for Cancer-Related Symptoms and Adverse Effects: Society for Integrative Oncology-ASCO Guideline, Journal of Clinical Oncology, 2023: https://doi.org/10.1200/JCO.23.00857
- National Center for Complementary and Integrative Health, Acupuncture: Effectiveness and Safety: https://www.nccih.nih.gov/health/acupuncture
- National Comprehensive Cancer Network, NCCN Guidelines for Patients: Cancer-Related Fatigue: https://www.nccn.org/patients/guidelines/content/PDF/fatigue-patient.pdf
- Cochrane Library, revisiones sobre acupuntura y acupresión para la fatiga relacionada con el cáncer: https://www.cochranelibrary.com/search?query=acupuncture%20cancer-related%20fatigue
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