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«¿Pero tú de dónde eres realmente?». Esta pregunta, tan habitual como incómoda, resume la experiencia de miles de jóvenes nacidos o criados en España. Tienen la nacionalidad española, hablan castellano (o las lenguas cooficiales de su territorio) con la misma naturalidad que sus compañeros, estudian en sus colegios, crecen con sus costumbres y, sin embargo, con frecuencia se les exige justificar su pertenencia al lugar en el que han vivido desde que llegaron al mundo. No se les cuestiona su documentación, sino su piel, sus rasgos, sus apellidos o sus orígenes familiares. Son españoles por ley, pero extranjeros por piel.

Esta contradicción no responde a anécdotas puntuales, sino a un proceso de racialización sistémica que afecta, especialmente, a la segunda generación de personas migrantes y que, como advierte el análisis publicado en El Salto Diario, conduce de manera directa a la discriminación [1].

1. Ciudadanía no equivale a pertenencia

El artículo 11 de la Constitución española establece que la nacionalidad se adquiere, conserva y pierde de acuerdo con lo establecido por la ley [2]. En la práctica, muchas personas nacidas en el Estado español adquieren la nacionalidad por nacimiento (cuando al menos uno de sus progenitores es español), mientras que otras, nacidas en territorio español de padres extranjeros, han tenido históricamente un acceso más restringido a ella. Aunque la Ley 20/2022 de Memoria Democrática modificó aspectos relativos a la nacionalidad para hijos e hijas de españoles exiliados [3], el hecho de ostentar el pasaporte español no garantiza, para una parte de la población joven, ser reconocida como española.

Diversos estudios han puesto de relieve este desfase entre la ciudadanía jurídica y la pertenencia simbólica. Como señala Rosa Aparicio, la segunda generación de migrantes «ha crecido en España, se ha socializado aquí, pero sigue siendo percibida como de fuera» [4]. Esta percepción ajena a su realidad vital se nutre, no de su trayectoria biográfica, sino de una mirada que interpreta sus cuerpos como signos de extranjería.

El concepto clave para comprender esta dinámica es el de racialización.

2. ¿Qué entendemos por racialización?

A diferencia del racismo biologicista del siglo XIX, los discursos racistas contemporáneos no suelen apelar abiertamente a la «raza» como categoría científica, sino que construyen jerarquías a partir de marcadores culturales, religiosos, nacionales o fenotípicos [5]. Es aquí donde resulta útil el concepto de racialización, desarrollado por teóricos críticos de la raza.

Frantz Fanon, en su obra fundamental Piel negra, máscaras blancas (1952), ya alertaba de cómo el colonialismo había impuesto al colonizado una conciencia de su propio cuerpo como «marcado», generando una sensación de inferioridad impuesta desde la mirada del colonizador [6]. Posteriormente, Stuart Hall subrayaba que la raza no es un hecho natural, sino una «categoría discursiva» que opera asignando significados a ciertas diferencias con el objetivo de establecer relaciones de poder [7].

Desde una perspectiva estructural, el sociólogo estadounidense Eduardo Bonilla-Silva explica que el racismo contemporáneo no necesita apelar a argumentos abiertamente supremacistas, sino que se manifiesta mediante lo que denomina «racismo sin racistas»: un conjunto de prácticas, discursos y mecanismos institucionales que reproducen la desigualdad racial, al tiempo que se niega la existencia del propio racismo [8]. Por su parte, el filósofo Étienne Balibar ha hablado de un «neorracismo» centrado en la noción de «cultura» e «incompatibilidad», que, bajo un aparente rechazo a la biología, acaba produciendo exclusión y frontera [9].

Aplicado al caso español, la racialización consiste, precisamente, en ese proceso mediante el cual a determinadas personas, independientemente de su nacionalidad, se les atribuye una supuesta pertenencia a un «otro» colectivo, fijo e inmutable. Como recuerdan Gargallo, Martín y Mateo, este proceso «transforma diferencias (fenotípicas, culturales, religiosas o de origen geográfico) en desigualdades, naturalizándolas» [10]. Así, un joven nacido en Hospitalet de Llobregat, con nacionalidad española, puede ser interpelado en la calle, en un control policial o incluso en el propio instituto con la exigencia de aclarar «de dónde viene».

3. Cuando la pregunta «¿de dónde eres?» se convierte en una barrera

La insistencia en preguntar por los orígenes reales de las personas de la segunda generación no es, como a menudo se argumenta, una muestra de «curiosidad». Es, con frecuencia, una forma sutil de negar la legitimidad de su pertenencia. El antropólogo Gerd Baumann ya señalaba cómo, en contextos europeos, la pertenencia nacional se concibe con frecuencia de forma «culturalista y esencialista», lo que dificulta que quien es leído como «racializado» pueda llegar a ser considerado plenamente «de aquí» [11].

Esta dinámica tiene consecuencias psicológicas y sociales bien documentadas. Según un estudio de la Fundación de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) España, niñas, niños y adolescentes racializados experimentan con mayor frecuencia situaciones de acoso escolar, exclusión y estigmatización, lo que repercute directamente en su bienestar, autoestima y expectativas de futuro [12]. Asimismo, Save the Children ha alertado de que el racismo en los entornos escolares se encuentra normalizado y es, con demasiada frecuencia, minimizado por el propio profesorado o el centro educativo [13].

Pero la racialización no se limita al ámbito simbólico o relacional. Se traduce, de manera palmaria, en desigualdad estructurada.

4. La discriminación en empleo, vivienda, educación y seguridad

La evidencia empírica sobre la discriminación racial en España es clara. La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), a través de su macroencuesta EU-MIDIS III, constata que España presenta tasas elevadas de discriminación autopercibida entre las personas de origen africano, así como experiencias reiteradas de acoso y de trato desigual en el acceso a bienes y servicios [14]. Especialmente preocupante resulta la discriminación en el ámbito laboral y en la vivienda, dos pilares fundamentales para la igualdad de oportunidades.

En el mercado laboral, diversos estudios han demostrado la existencia de una «penalización» por origen, apellidos o fenotipo. El Colectivo IOÉ, a partir de estudios de campo y análisis estadísticos, señala que las personas con nombres o apellidos percibidos como extranjeros presentan mayores dificultades para acceder a una entrevista de trabajo, incluso cuando su nivel formativo es igual o superior al resto de candidaturas [15]. Esta barrera afecta con especial crudeza a las personas racializadas, independientemente de que hayan nacido en España o posean la nacionalidad española.

En el acceso a la vivienda, la situación no es distinta. La organización Red Acoge, en sus informes anuales, documenta de forma sistemática casos de discriminación en alquileres: cuando la persona interesada indica un determinado origen, acento o cuando se identifica su perfil racializado, muchas ofertas «mágicamente» dejan de estar disponibles [16]. Como concluye su último informe, la discriminación por origen racial o étnico continúa siendo una de las principales barreras para el ejercicio efectivo del derecho a una vivienda digna [17].

Al otro lado de la calle, uno de los ámbitos más graves de racialización institucional lo constituye el control policial por perfil étnico. Diversas organizaciones, como SOS Racismo Catalunya o el Centre Delàs d’Estudis per la Pau, han denunciado de manera reiterada la práctica extendida de identificaciones policiales basadas en el color de piel, los rasgos o la presunta «procedencia», y no en criterios objetivos o razonables [18][19]. El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD), dependiente de Naciones Unidas, ya ha instado al Estado español en varias ocasiones a prohibir explícitamente la profilación étnico-racial y a recopilar datos desagregados que permitan visibilizar esta práctica [20].

Lejos de ser incidentes aislados, estos controles envían un mensaje nítido: para una parte de la juventud española, el simple hecho de transitar por el espacio público resulta sospechoso. Se les pide, una vez más, que demuestren que tienen derecho a estar allí.

5. El discurso político y mediático: fabricar la extranjería perpetua

La racialización no opera únicamente a nivel interpersonal o institucional, sino también a través del discurso público. El tratamiento mediático de determinados colectivos, unido a la retórica de ciertos partidos políticos, contribuye a construir una frontera simbólica entre «nosotros» y «ellos», incluso cuando «ellos» han nacido aquí.

La utilización de categorías ambiguas, como la de «menas» (menores extranjeros no acompañados), ha resultado especialmente perniciosa. Aunque se trata de una categoría jurídica referida a la situación administrativa de estos menores, su uso político y mediático ha contribuido frecuentemente a su estigmatización colectiva, asociándola, de manera falaz, a la peligrosidad y a la delincuencia [21]. Esta asociación, alimentada con insistencia por formaciones de extrema derecha, ha calado en el imaginario social, proyectándose después, de forma indiscriminada, sobre toda la juventud racializada, incluida la segunda generación [22].

Como ha puesto de relieve el Consejo de Europa a través de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), España debe prestar una atención especial a los discursos de odio, tanto los vertidos por responsables políticos, como aquellos que circulan de manera viral en espacios digitales, dada su capacidad para normalizar estereotipos racistas y legitimar actitudes discriminatorias [23].

Este tipo de discursos cumplen una función política clara: trasladar el malestar social hacia un «enemigo interno» racializado, ocultando, al mismo tiempo, los verdaderos factores estructurales que generan desigualdad, precariedad y exclusión.

6. El mito del «crisol» y la negación del racismo

Uno de los obstáculos más importantes para combatir esta realidad radica en la propia narrativa identitaria española. Con frecuencia, se recurre al relato autocelebratorio de España como un país de «encuentro», «mestizaje» o «crisol de culturas». Este relato, aunque contiene elementos históricos innegables, resulta profundamente problemático cuando se utiliza para negar la existencia del racismo en el Estado español [24].

Esta negación, característica del «racismo sin racistas» del que hablaba Bonilla-Silva [8], impide nombrar lo que se vive: si «siempre hemos sido mestizos», entonces quien denuncia racismo es visto como alguien que «divide», «victimiza» o, incluso, que «importa» conflictos ajenos a nuestra historia.

Sin embargo, ese relato amable suele obviar la otra cara de la moneda: el largo pasado colonial español (en el Sáhara Occidental, Guinea Ecuatorial, Marruecos o Filipinas), la persistente amnesia histórica sobre ese legado, así como las formas contemporáneas de exclusión que experimentan las personas procedentes de aquellos territorios o descendientes de los mismos [25][26]. Como advierte el investigador Ramón Grosfoguel, no es posible comprender las jerarquías raciales europeas contemporáneas sin vincularlas a la genealogía colonial que las produjo [27].

Negar el racismo no lo hace desaparecer. Por el contrario, lo vuelve más difícil de combatir, al privar a quienes lo sufren de las herramientas conceptuales para nombrarlo y de los cauces para denunciarlo sin ser cuestionados.

7. Reconocer para transformar

El hecho de que miles de jóvenes se sientan permanentemente interpelados como «extranjeros» a pesar de ser españoles evidencia que la nacionalidad, por sí sola, no ha sido suficiente para desmontar los imaginarios excluyentes heredados. Exigirles que se definan, que aclaren sus orígenes o que «demuestren» su españolidad es, en sí mismo, un ejercicio de poder que reafirma la frontera.

Romper esta lógica exige, en primer lugar, nombrar la racialización tal y como opera. No se trata de introducir divisiones artificiales, sino de visibilizar unas barreras reales que sí dividen y sí excluyen [1]. En segundo lugar, resulta imprescindible reconocer la dimensión estructural del racismo, más allá de las actitudes individuales. Como recuerda el CERD, el Estado tiene la obligación de adoptar medidas eficaces para prevenir, combatir y eliminar la discriminación racial en todos los ámbitos de la vida pública [20].

Para ello, son necesarias políticas públicas concretas: la prohibición explícita de la identificación policial por perfil étnico-racial, acompañada de la recogida sistemática y pública de datos desagregados por origen, fenotipo y nacionalidad [18][19]; medidas efectivas para garantizar la igualdad de trato en el acceso al empleo y a la vivienda (incluyendo mecanismos de reclamación accesibles) [15][17]; y, especialmente, una apuesta decidida por la educación antirracista, que forme al alumnado y al profesorado para identificar, cuestionar y desmontar los estereotipos raciales [12][13].

Asimismo, resulta fundamental que la esfera política y mediática asuma su responsabilidad. No es inocuo preguntar insistentemente por los «orígenes» de una persona nacida en España, ni lo es asociar juventud racializada y delincuencia. El lenguaje construye realidades y, en este caso, contribuye a perpetuar la exclusión.

8. Conclusión: una España que incluya a todas sus juventudes

La segunda generación migrante no pide «privilegios». Pide, sencillamente, lo más elemental: el derecho a no tener que justificarse constantemente por existir tal y como es. Pide que su españolidad no sea puesta en duda cada vez que alguien percibe que sus rasgos no encajan con la idea imaginada de lo que «debería» ser un español.

Mientras se siga exigiendo a estas personas que elijan entre sus raíces familiares y su pertenencia a España, mientras se les siga respondiendo con una pregunta cuando afirman «soy español», el discurso igualitario quedará en una promesa incumplida. La igualdad formal no basta cuando la igualdad simbólica y la igualdad material son sistemáticamente negadas.

Ser español no puede seguir midiendo el tono de piel, la forma del apellido o el lugar de nacimiento de los padres. Una democracia que se pretenda plural, inclusiva y verdaderamente igualitaria, no puede permitir que quien ha crecido entre sus calles, ha sido educado en sus aulas y ha construido su proyecto vital aquí, siga siendo tratado como un eterno extraño. No se trata de «integrarlos», porque nunca estuvieron fuera. Se trata, simplemente, de reconocerlos como lo que ya son: españoles también, en todos los sentidos de la palabra.

Referencias bibliográficas

[1] Martínez-Cousinou, G. (s. f.). Españoles por ley, extranjeros por piel. El Salto Diario. Disponible en: https://www.elsaltodiario.com/analisis/espanoles-ley-extranjeros-piel

[2] Constitución Española. (1978). Boletín Oficial del Estado. Disponible en: https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1978-31229

[3] Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática. Boletín Oficial del Estado, núm. 252. Disponible en: https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2022-17099

[4] Aparicio, R. (Coord.). (2007). Hijas e hijos de la inmigración. Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Disponible en: https://www.inclusion.gob.es/oberaxe/ficheros/documentos/documentos_aparicio_hijas_hijos_inmigracion.pdf

[5] Wieviorka, M. (1998). El espacio del racismo. Barcelona: Paidós.

[6] Fanon, F. (2009 [1952]). Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal.

[7] Hall, S. (1997). The Spectacle of the ‘Other’. En S. Hall (Ed.), Representation: Cultural Representations and Signifying Practices (pp. 223-290). Londres: Sage.

[8] Bonilla-Silva, E. (2010 [2003]). Racism without Racists: Color-Blind Racism and the Persistence of Racial Inequality in the United States. Lanham: Rowman & Littlefield.

[9] Balibar, É. (1991). Is There a ‘Neo-Racism’? En É. Balibar & I. Wallerstein, Race, Nation, Class: Ambiguous Identities (pp. 17-28). Londres: Verso.

[10] Gargallo, L., Martín, D. & Mateo, M. Á. (Coords.). (2019). Racismo, diversidad y educación. Barcelona: Bellaterra.

[11] Baumann, G. (1999). The Multicultural Riddle: Rethinking National, Ethnic, and Religious Identities. Nueva York: Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203169949

[12] UNICEF España. (2021). Los derechos de la infancia y adolescencia en España. Informe 2021. Disponible en: https://www.unicef.es/publicacion/informe-sobre-los-derechos-de-la-infancia-y-la-adolescencia-en-espana-2021

[13] Save the Children España. (2022). Racismo y acoso escolar: una realidad invisibilizada. Disponible en: https://www.savethechildren.es/publicaciones/racismo-y-acoso-escolar-una-realidad-invisibilizada

[14] Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA). (2022). EU-MIDIS III: European Union minorities and discrimination survey. Main results. Luxemburgo: Oficina de Publicaciones de la Unión Europea. Disponible en: https://fra.europa.eu/es/publication/2022/eu-midis-iii-resultados-principales

[15] Colectivo IOÉ. (2020). Discriminación laboral por origen étnico y racial en España. Disponible en: https://www.colectivoioe.org/publicacion/discriminacion-laboral-por-origen-etnico-y-racial-en-espana

[16] Red Acoge. (2023). Informe anual sobre discriminación y racismo 2022. Disponible en: https://www.redacoge.org/informe-anual/

[17] Red Acoge. (2024). Informe anual sobre discriminación, racismo y xenofobia 2023. Disponible en: https://www.redacoge.org/informe-anual/

[18] SOS Racisme Catalunya. (2022). Informes sobre identificaciones policiales por perfil étnico-racial. Disponible en: https://www.sosracisme.org/publicacions/

[19] Centre Delàs d’Estudis per la Pau. (2021). La perfilación étnico-racial en España: balance y propuestas. Disponible en: https://centredelas.org/publicacion/la-perfilacion-etnico-racial-en-espana-balance-y-propuestas/

[20] Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD). (2019). Observaciones finales sobre los informes periódicos 21º a 23º combinados de España. Naciones Unidas. Disponible en: https://tbinternet.ohchr.org/_layouts/15/treatybodyexternal/Download.aspx?symbolno=CERD%2FC%2FESP%2FCO%2F21-23&Lang=es

[21] Bravo, A. & Santos, F. (Coords.). (2017). Menores migrantes no acompañados en España. Marco normativo, protección y estigmatización. Madrid: Dykinson.

[22] Movimiento contra la Intolerancia. (2023). Informe anual sobre racismo, xenofobia, antisemitismo, islamofobia y otras formas de intolerancia 2022. Disponible en: https://www.movimientocontralaintolerancia.com/informes-anuales/

[23] Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI). (2018). Informe de la ECRI sobre España (6º ciclo de seguimiento). Consejo de Europa. Disponible en: https://rm.coe.int/sixth-report-on-spain-spanish-translation-/16808b5c75

[24] Martín Corrales, E. (2007). La imagen del magrebí en España: una perspectiva histórica, siglos XVI-XXI. Barcelona: Bellaterra.

[25] Aróstegui, J. (Dir.) & García Sebastián, M. (Coord.). (2012). Colonialismo e independencia. La Guinea española. Barcelona: Crítica.

[26] Barreau, J. (2016). El Sáhara Occidental en el espejo. Una historia de España. Madrid: Los Libros de la Catarata.

[27] Grosfoguel, R. (2016). What is Racism? Journal of World-Systems Research, 22(1), 9-15. https://doi.org/10.5195/jwsr.2016.609

Generado por Poppy


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He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.