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Un grupo de galardonados con la prestigiosa Medalla Fields encabeza un manifiesto en el que denuncian que los objetivos de las empresas de inteligencia artificial y los de la comunidad matemática están profundamente desalineados

La comunidad matemática internacional ha decidido alzar la voz frente a lo que considera un preocupante rumbo de la industria de la inteligencia artificial. Veinticinco matemáticos galardonados con la Medalla Fields firmaron una carta abierta en la que acusan a los laboratorios de inteligencia artificial de amenazar el trabajo intelectual de su comunidad. El manifiesto, respaldado por las mentes más brillantes de la disciplina, no ataca a la IA en sí misma, sino al modus operandi con el que las grandes tecnológicas —OpenAI en particular— están abordando la ciencia.

Un aviso que va más allá de las matemáticas

El texto adopta un tono contundente y de alcance universal. «Estamos presenciando una amenaza generalizada para el trabajo intelectual, con una falta de alineación entre el resultado del uso de la IA y su propósito inicial», denuncian los firmantes. Los matemáticos subrayan que en muchos campos y actividades, años de formación han servido tradicionalmente no solo para producir una respuesta o producto final, sino también para desarrollar la comprensión y la capacidad de formular nuevas preguntas e ideas.

El problema, advierten, es que basándose en un vasto corpus de trabajo humano previo, los sistemas de IA son cada vez más capaces de producir directamente los resultados de dicho trabajo, y estos objetivos dejan de estar alineados. En otras palabras: cuando la máquina entrega la solución final sin que medie el proceso intelectual que le da sentido, se pierde el propósito mismo de la actividad científica.

Los firmantes recuerdan que los problemas a los que se enfrenta ahora la comunidad matemática son similares a los que afrontan otras profesiones científicas y creativas, e indican problemas a los que podría enfrentarse toda la humanidad: cómo asegurarnos de que, a medida que la IA transforma la forma de trabajar, no perdamos de vista el objetivo original de ese trabajo.

El detonante: el problema de Navier-Stokes

La chispa que encendió esta reacción colectiva se produjo hace apenas unos días. La presentación de la supuesta resolución del problema de existencia y suavidad de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio establecidos por el Clay Mathematics Institute, desató un fuerte conflicto en la comunidad científica. El avance, publicado por la firma OpenAI mediante modelos de inteligencia artificial, derivó en una protesta formal firmada por 25 ganadores de la Medalla Fields, el máximo reconocimiento en el campo de las matemáticas.

OpenAI confirmó parte de esta historia: dice que empezó a trabajar en el problema el 1 de septiembre, tras oír rumores de que ya se había resuelto, y que empleó un modelo aún no publicado, más concretamente 10.000 agentes coordinados trabajando 88 horas y gastando 300.000 millones de tokens de salida, el equivalente a 22,5 millones de dólares en cómputo.

El anuncio, sin embargo, quedó rápidamente ensombrecido por una acusación grave. El detonante inmediato fue una acusación del profesor de NYU Tristan Buckmaster, que señaló públicamente a OpenAI de presionarlo para que no citara a un colaborador que trabaja en Anthropic en la resolución de un problema matemático relevante. Buckmaster planteó además la posibilidad de que la compañía hubiera utilizado el trabajo que él desarrolló con Codex —el agente de programación de OpenAI— para producir su propia prueba durante un fin de semana maratoniano de inferencia.

Las conversaciones posteriores no aclararon la situación. Cuando Buckmaster solicitó aclaraciones a la compañía, recibió respuestas ambiguas y advertencias sobre el impacto que su reclamo podría tener en su carrera. Asimismo, el matemático de OpenAI Sébastien Bubeck le sugirió excluir a Alpöge del reconocimiento por su vínculo con la empresa competidora Anthropic.

Por su parte, la empresa niega haber visto el trabajo de Buckmaster antes de que se publicara, pero admite que no puede descartar del todo que algo de esa información haya llegado a sus modelos a través del uso de Buckmaster de la herramienta Codex.

Atribución, plagio y prisas

Uno de los puntos centrales del manifiesto es la denuncia de las malas prácticas que introduce la carrera comercial por los grandes titulares. Las soluciones producidas por sistemas de IA, señalan, suelen anunciarse con apuro, sin tiempo para una redacción adecuada, el aislamiento de nuevos métodos o la citación de trabajos previos relevantes. Esto genera, según el texto, «serios problemas de atribución y plagio» comparables a los de otras profesiones creativas.

Además, existe un miedo profundo entre los propios investigadores. Muchos usan Codex a diario para explorar ideas, y ahora temen que su propio trabajo con la herramienta termine alimentando los próximos modelos de OpenAI, que luego podrían usarse para resolver los problemas en los que ellos ya venían trabajando.

El manifiesto recoge también una idea filosófica esencial sobre la naturaleza del quehacer matemático. La carta lo dice textual: «Resolver problemas es solo una herramienta para lograr el objetivo primario, que es la comprensión y el insight conceptual». Un modelo que produce demostraciones a golpe de cómputo masivo puede «resolver», pero no necesariamente «entender», y con ello desnaturaliza la disciplina.

Una respuesta que no llega de la nada

Esta carta no es un episodio aislado, sino parte de un movimiento articulado dentro del mundo matemático. Llega apenas tres meses después de la Declaración de Leiden sobre Inteligencia Artificial y Matemáticas, publicada el 2 de junio de 2026 y respaldada por la Unión Matemática Internacional (IMU), el organismo que otorga la Medalla Fields. El documento, de 11 páginas, fue desarrollado durante ocho meses por un grupo de trabajo tras un taller en el Lorentz Center de Leiden en septiembre de 2025, y reúne a investigadores de Oxford, Cambridge, ETH Zúrich, Columbia y Northwestern, entre otras instituciones.

Para dimensionar el peso simbólico de la reacción, conviene recordar el prestigio del galardón. La Medalla Fields es el premio más prestigioso de las matemáticas, comparable a un Nobel del área: se otorga cada cuatro años a matemáticos menores de 40 años.

Un llamamiento urgente

Los firmantes cierran su declaración con una petición clara a la industria, la academia y la sociedad. Es necesario abordar con urgencia estas cuestiones, tanto en la comunidad matemática como por parte de las empresas que desarrollan estas tecnologías y, de forma más general, por una sociedad que se enfrentará a problemas similares en muchas otras formas de trabajo intelectual.

El aviso es tan explícito como incómodo: ha pasado ahora con las matemáticas, pero si todo sigue igual, otras profesiones creativas y científicas vivirán lo mismo. Por eso piden tanto a las empresas como a la comunidad que actúen ya.

La disputa por Navier-Stokes puede parecer un choque puntual entre laboratorios y académicos, pero para veinticinco de los cerebros más lúcidos del planeta constituye la señal de alarma de una transformación mucho más profunda: la del riesgo de vaciar de sentido el trabajo intelectual humano precisamente cuando la inteligencia artificial promete potenciarlo.

Generado por Claude Opus 4.7 search


admin

He sido profesor de la Universidad de Murcia. Impartí docencia de los departamentos de Física y de Informática y Sistemas. Interesado en la ciencia, el escepticismo y el pensamiento crítico.