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Millones de personas escriben cada día sus dudas más íntimas —síntomas médicos, problemas de dinero, conflictos legales o familiares— en la ventana de un asistente de inteligencia artificial convencidos de que hablan con una máquina discreta. Un nuevo estudio español desmonta esa ilusión. ChatGPT, Gemini, Claude, Grok, Perplexity e incluso la europea Mistral filtran datos del contenido de las conversaciones que los usuarios mantienen con ellas a redes publicitarias y plataformas de analítica de terceros, según han podido demostrar investigadores del Instituto IMDEA Networks y la Universidad Carlos III de Madrid.
Qué encontraron los investigadores
El trabajo, bautizado como LeakyLM, no es una especulación. El estudio analizó tanto las aplicaciones móviles como las versiones web de los nueve asistentes citados. Los investigadores entablaron conversaciones con los chatbots con consultas sanitarias, subiendo como apoyo documentos con resultados de pruebas médicas. A continuación, rastrearon lo que ocurría con esos datos utilizando distintas configuraciones de privacidad.
Los resultados no dejan mucho margen a la duda. Seis de las nueve versiones web (ChatGPT, Gemini, Claude, Grok, Perplexity y Mistral) y tres aplicaciones móviles (ChatGPT, Claude y Perplexity) filtran datos directos de la conversación a través de rastreadores publicitarios. La pieza técnica clave es el llamado permalink o enlace permanente del chat. Los permalinks (enlaces permanentes del chat) viajan junto a identificadores como cookies o correos electrónicos cifrados, un mecanismo que puede conectar lo que una persona pregunta con su perfil publicitario sin que lo sepa. Los autores advierten algo simple y contundente: compartir una URL puede equivaler a compartir la conversación completa.
El problema se agrava porque los mecanismos de defensa habituales sirven de poco. Rechazar las cookies, navegar en modo incógnito u otros métodos de protección de la privacidad tienen muy poco impacto a la hora de proteger esa información. Hasta un 80,8% de los rastreadores de terceros permanecen activos incluso con esas configuraciones de protección.
Grok, el caso más flagrante
Si hay un servicio que sale especialmente mal parado del análisis, ese es Grok, el chatbot de xAI, la empresa de Elon Musk. Grok lleva a cabo las prácticas más invasivas de todos los asistentes analizados. En su versión web, las conversaciones son accesibles públicamente por defecto mediante direcciones URL que se transmiten automáticamente a siete redes publicitarias y de analítica externas, entre ellas Meta, TikTok, Google Ads y Twitter Analytics. Junto con la dirección del chat y el título generado por la herramienta, estos servicios reciben cookies de seguimiento e identificadores de usuario.
Lo más llamativo es lo que ocurre al compartir un chat. Al generar un enlace para compartir el chat, la plataforma reenvía a Meta y TikTok el texto de la última pregunta introducida y, en el caso de TikTok, una captura de pantalla del propio chat. Y las cifras del rastreo posterior son mareantes: en las pruebas con esos enlaces, los investigadores registraron que las conversaciones con Grok recibieron hasta 70 accesos automáticos de rastreadores externos procedentes de 14 países.
El coordinador del estudio no ahorra calificativos. La práctica aún activa se da en Grok. «Es lo más grave que hemos encontrado», destaca el investigador Vallina: «Las URLs y las conversaciones son accesibles de forma pública. Los rastreadores podrían potencialmente acceder a esa conversación, palabra a palabra. No tenemos evidencias de que lo estén leyendo, pero sabemos que el riesgo existe».
Grok fue, además, el único servicio con un fallo de seguridad propiamente dicho. Fue el único servicio para el que se identificó un problema de seguridad que podría ser explotado por ciberdelincuentes, debido a los débiles controles de acceso en los recursos de conversación. Por ello, los autores avisaron directamente a la plataforma de Musk el 17 de abril, aunque la compañía no emitió ninguna respuesta oficial ni corrigió la privacidad por defecto de sus enlaces. Ese silencio contrasta con la etiqueta de la propia app de Grok, que presume de un supuesto «enfoque en la privacidad» en el que todas las interacciones estarían protegidas.
No solo Grok
El resto de asistentes tampoco se libra. OpenAI envía los títulos de los chats y las direcciones de las conversaciones de los usuarios de la versión gratuita de ChatGPT a Google Analytics. Claude, de Anthropic, envía directamente los datos del usuario a plataformas como LinkedIn, TikTok, Google y otras ocho redes publicitarias distintas desde sus propios servidores, una técnica que evita que las herramientas de bloqueo de anuncios de los navegadores puedan interceptar el tráfico.
Un ejemplo ilustra hasta qué punto el daño va más allá de un simple metadato. En el estudio se formuló la pregunta: «gano 85.000 dólares, ¿qué hipoteca me puedo permitir en Nueva York?». La IA lo resume en el título «Salario 85k NYC: hipoteca de 280-350k». Ese título viaja después a los anunciantes con la cookie del usuario ya sincronizada.
Algunas compañías empiezan a mover ficha. Perplexity retiró el rastreador de Meta de su web el 3 de abril de 2026, tras una demanda colectiva en Estados Unidos relacionada con la privacidad. Esto detuvo el envío de enlaces y cookies a la red social y eliminó el acceso público a las conversaciones de los usuarios que no habían iniciado sesión. Por su parte, el 15 de agosto OpenAI actualizó la política de privacidad de ChatGPT para mencionar explícitamente el uso de rastreadores de terceros, aunque los autores aclaran que no pueden confirmar si la medida fue consecuencia directa de su estudio.
Europa toma cartas
Los hallazgos ya han saltado al terreno regulatorio. La Agencia Española de Protección de Datos ha remitido al Comité Europeo de Protección de Datos una nota informativa relativa al estudio, elaborado por IMDEA Networks. La AEPD solicita su difusión entre todas las autoridades europeas de protección de datos para facilitar su valoración conjunta, y ha promovido su inclusión en el orden del día de la reunión plenaria de autoridades celebrada los días 8 y 9 de junio de 2026.
Conviene, en cualquier caso, mantener la cautela que los propios autores reclaman. Su estudio aún no fue revisado por otros investigadores independientes, pero consideraron que debían hacerlo público para alertar a los usuarios. Los investigadores insisten en que sus hallazgos son preliminares y en que no tienen pruebas de que los rastreadores hayan leído efectivamente el contenido de las conversaciones. La alerta se centra en la existencia de los flujos técnicos y en la capacidad potencial de acceso cuando los enlaces transmitidos son públicos o tienen controles insuficientes.
La conclusión práctica, sin embargo, es difícil de esquivar: tratar a un chatbot como un confesionario cerrado es, hoy por hoy, un acto de fe poco justificado. Y en ese examen, Grok es quien peor nota saca.
Fuentes: IMDEA Networks / Universidad Carlos III (proyecto LeakyLM), eldiario.es, elDiarioAR, AEPD, Decrypt, TechXplore y Laboratorio de Periodismo.
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