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Mientras Palma atraviesa una de las crisis de vivienda más agudas de su historia reciente, con precios disparados y miles de familias sin acceso a un techo digno, el Ayuntamiento acaba de culminar una operación que arrancó hace casi veinte años: la cesión de suelo público al Obispado de Mallorca para construir un nuevo templo. El resultado, inaugurado la semana pasada, es un flamante complejo parroquial de 500 metros cuadrados que algunos vecinos ya han bautizado, no sin ironía, como el nuevo «mausoleo eclesiástico» de la ciudad.
Luz, vistas a la Seu y 300 asientos
Al acceder a la nueva iglesia de Sant Pau, lo primero que llama la atención es la luz. El templo se abre hacia el parque y permite incluso divisar la Catedral de Mallorca. El espacio, ubicado en la barriada palmesana de Son Dameto, ocupa unos 500 metros cuadrados y tiene capacidad para unas 300 personas. Hay cinco aulas para actividades sociales, zonas para la comunidad parroquial, 24 plazas de aparcamiento y placas fotovoltaicas. La semana pasada, el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, consagró y bendijo el nuevo templo, el primer edificio católico de nueva construcción que se inaugura en Palma en el siglo XXI.
El edificio, obra del arquitecto Josep Maria Oliver, se presenta con todos los adjetivos que hoy se asocian al urbanismo sostenible: autosuficiencia energética, materiales singulares y una terraza abierta al barrio. Pero detrás de esa fachada amable late una historia de favores políticos, cesiones de suelo público y una permuta urbanística con una constructora privada que merece ser contada con detalle.
Una barriada que creció mientras la Iglesia esperaba su solar
La transformación urbana de la barriada se aceleró a partir de los años sesenta, cuando comenzaron a sustituirse las antiguas fincas por equipamientos y bloques residenciales que, en la actualidad, conviven con una creciente valorización inmobiliaria y una fuerte presión sobre el acceso a la vivienda. En ese contexto de especulación y escasez, el Ayuntamiento decidió hace dos décadas regalar suelo municipal a la Iglesia católica en lugar de destinarlo a vivienda pública o a otros equipamientos sociales.
La historia del nuevo templo, que durante años atravesó cambios de diseño, una crisis económica y una operación de permuta con una constructora privada, comienza en la primera década del siglo XXI. En mayo de 2006, el Consistorio, con Javier Rodrigo de Santos como responsable de Urbanismo, formalizó la cesión de varios solares municipales al Obispado de Mallorca para la construcción de nuevas Iglesias. Eran, como recuerda el propio reportaje, los años de la burbuja inmobiliaria, con Catalina Cirer gobernando Palma con mayoría absoluta del PP y el ya multicondenado Jaume Matas al frente del Govern balear: el mismo cóctel político que dejaría tras de sí el escándalo del Palacio de Congresos o el caso Son Espases, donde el solar adquirido por el Ayuntamiento llegó a costar cinco veces más que los terrenos del entorno.
Un regalo de más de 11.000 metros cuadrados
La cesión de 2006 no fue un gesto menor ni aislado. El conjunto superaba los 11.000 metros cuadrados y tenía un valor catastral aproximado de cuatro millones de euros. Entre los terrenos figuraba el de Son Dameto, de unos 2.160 metros cuadrados. El Ayuntamiento, además, no se limitó a entregar el suelo: el acuerdo no se limitaba a poner suelo municipal a disposición del Obispado. El Ayuntamiento se comprometió también con el entonces obispo de Mallorca, Jesús Murgui, a impulsar las modificaciones necesarias del planeamiento urbanístico municipal para hacer posible la construcción de los nuevos equipamientos religiosos.
¿Cómo se justificó entonces regalar suelo público valorado en millones de euros a una confesión religiosa concreta? Con el socorrido argumento de la «labor social» de la institución eclesiástica, una fórmula que permitía camuflar la cesión bajo el paraguas de los usos sociales municipales, equiparando de facto la construcción de templos con la de centros cívicos o guarderías.
De la permuta con el Obispado a la permuta con una constructora
El proceso, sin embargo, no fue en absoluto lineal. En 2007 se convocó un concurso de ideas y se convocó un concurso de ideas para construir una iglesia y un centro parroquial en Son Dameto. El primer premio correspondió al proyecto de la arquitecta Cati Mestre, realizado en colaboración con Oliveras Boix Arquitectes. Pero distintas circunstancias y la crisis económica retrasaron durante años la ejecución del proyecto. El solar, cedido gratuitamente, quedó años sin edificar mientras el barrio crecía y la parroquia seguía despachando misa en los bajos de un bloque de pisos construido en 1973.
La solución definitiva no llegó por la vía institucional, sino a través de una nueva maniobra inmobiliaria: una permuta con una constructora privada. Según explica el arquitecto responsable, Josep María Oliver, a cambio de levantar el nuevo edificio se ofrecieron los locales y un solar cercano y debido a esto el contratista en vez de pagar en dinero construyó el edificio. Queda por desarrollar una zona que podrá ser utilizada por los vecinos como aparcamiento, con un total de 21 plazas. Es decir, la empresa constructora obtuvo pisos, locales comerciales y otro solar edificable como contraprestación por levantar el templo, en una operación de permuta urbanística con un presupuesto cercano a los dos millones de euros.
Décadas de favores entre alcaldesas
La asociación de vecinos de Son Dameto explica que el proyecto llevaba décadas gestándose y que el solar había sido cedido al Obispado durante los mandatos de las alcaldesas Catalina Cirer y Aina Calvo. Dos legislaturas, dos colores políticos distintos —PP y PSOE—, pero una misma lógica de fondo: ceder suelo municipal a la Iglesia sin que ello generara apenas debate público ni contrapartidas claras para la ciudadanía.
El resultado final, casi veinte años después, es una iglesia moderna, luminosa y energéticamente eficiente, con vistas privilegiadas a la Seu. Pero también es el símbolo de una operación urbanística en la que suelo público, pensado en teoría para el conjunto de los vecinos, terminó convertido en un activo que una constructora privada rentabilizó con viviendas y locales, mientras la Iglesia católica recibía, a coste cero, un solar valorado en cientos de miles de euros en una de las ciudades donde más cuesta hoy encontrar un piso asequible.
Generado por Claude Sonet 5 search
